Una mañana de abril de 2013, Timothy Yeabah oyó un ruido que resonaba desde los bosques que rodeaban su aldea, en el centro de Liberia. Era el sonido de algo que se cortaba, acompañado de voces desconocidas. Yeabah, un padre de cuatro hijos de 27 años, junto con otros miembros del clan Jogbahn, que viven en una serie de aldeas en una zona remota de los bosques liberianos, se adentró sigilosamente en la espesura para buscar el origen del ruido.
Yeabah y sus compañeros de clan encontraron a unos desconocidos que, con machetes, destrozaban sus cultivos de yuca, caucho y arroz. Avanzaban pisoteando la espesura y destruyendo la única fuente de sustento de la gente de Yeabah, que vive en una pequeña aldea conectada por un camino de tierra con aldeas vecinas.
Más tarde esa noche, llegaron topadoras para despejar los cultivos restantes y partes del bosque circundante. A los aldeanos les dijeron que aquellas personas eran subcontratistas de Equatorial Palm Oil, una empresa que cotiza en bolsa en el Reino Unido y a la que el Gobierno de Liberia concedió dos arrendamientos de 50 años y un memorando de entendimiento para construir plantaciones de aceite de palma en más de 400.000 acres.
En los últimos años, Yeabah y las aldeas rurales de todo Liberia han estado resistiendo la expansión del sector del aceite de palma en el país, resultado de que el Gobierno liberiano concediera enormes concesiones a empresas extranjeras sin consultar a las personas que realmente viven en esas tierras. Se han destruido granjas, zonas sagradas e incluso tumbas. Algunas comunidades que han presentado denuncias afirman haber sufrido intimidación, acoso y detenciones cuando se opusieron a que las empresas de aceite de palma les quitaran sus tierras.
Esta apropiación de tierras fue uno de los mayores escándalos que sacudieron al país antes de que el ébola llegara en marzo y se descontrolara durante el verano, al extenderse a la capital, Monrovia, y empezar a causar la muerte de más de 3.100 liberianos. Ahora, la crisis del ébola ha frenado el avance del sector del aceite de palma en el país, y las grandes inversiones en plantaciones de palma aceitera se han retrasado desde el brote, según el Banco Mundial.
Pero, pese a estos retrasos, el impacto de los años recientes de acaparamiento de tierras ha dejado huella en las comunidades liberianas, lo que podría estar complicando la respuesta a la crisis del ébola. La destrucción de la aldea de Yeabah y de decenas de otras como ella en nombre del desarrollo del aceite de palma pudo haber contribuido a la rápida propagación del ébola por el país. Décadas de mala gestión y abusos han erosionado la confianza en el Gobierno liberiano e impedido que el país combata eficazmente el brote mortal.
El aceite de palma podría ser la clave del futuro económico de Liberia. El aceite de palma es originario de Liberia, pero lo que ha cambiado rápidamente en los últimos años es la escala de las inversiones en esa industria. Durante décadas, Malasia e Indonesia han sido las principales fuentes mundiales de aceite de palma. Pero allí, el futuro desarrollo de la industria está limitado por la escasez de tierras. Como resultado, uno de los cultivos autóctonos de África occidental se ha convertido en una nueva frontera para la producción masiva en Liberia. Al igual que el Sudeste Asiático, Liberia ofrece condiciones favorables para la especie de palma apreciada por las industrias que la refinan para fabricar cosméticos, jabones, dulces y, más recientemente, biocombustibles. El aceite de palma de Liberia está destinado a abastecer a empresas multinacionales como Unilever y Nestlé.
El Gobierno sostiene que atraer inversión extranjera directa al país traerá prosperidad económica a esta nación posconflicto. Las principales empresas de aceite de palma han previsto inversiones de varios miles de millones de USD en el país, una gran entrada de capital extranjero para una nación cuyo PIB fue de apenas 1.950 millones de dólares en 2013. En las últimas décadas, la producción mundial de aceite de palma ha aumentado para satisfacer la creciente demanda: pasó de 1,5 millones de toneladas en 1961 a más de 48 millones de toneladas en 2011. Aunque el Gobierno liberiano espera aprovechar estos mercados, algunos dudan de que los liberianos de las zonas rurales se beneficien de esta expansión en sus tierras.
Mientras el Gobierno ha considerado una bendición la expansión del aceite de palma, muchos liberianos de las zonas rurales la han visto como una maldición y se han movilizado para resistirla. En un caso, la organización internacional de defensa de derechos Global Witness acusó a Equatorial Palm Oil de cometer abusos contra los derechos humanos por su participación en la agresión y detención arbitraria de civiles desarmados.
Yeabah fue uno de los detenidos. La empresa negó las acusaciones de abusos contra los derechos humanos, pero admitió haber proporcionado apoyo logístico a la policía liberiana. Las cuestiones relacionadas con la tierra son particularmente delicadas en una nación posconflicto como Liberia. El Grupo de Expertos de las Naciones Unidas sobre Liberia concluyó en noviembre de 2013 que «sigue preocupado porque el desarrollo de plantaciones de aceite de palma a gran escala continúa planteando importantes desafíos para la paz y la seguridad en las zonas rurales». La llegada del ébola ha dejado al descubierto las cicatrices de las iniciativas depredadoras de aceite de palma en Liberia. Aunque la urgencia de la crisis del ébola ha relegado a un segundo plano las controversias relacionadas con el sector del aceite de palma en Liberia, años de incursiones de entidades extranjeras han dejado huella en la población rural.
«Esa desconfianza, acumulada durante años, abre la puerta a que la gente suponga lo peor o crea historias conspirativas sobre las verdaderas intenciones del Gobierno cuando pide dinero a los donantes», dijo Ashoka Mukpo, un estadounidense que sobrevivió al ébola y ex empleado del Sustainable Development Institute, una organización local que ha trabajado en los últimos años con comunidades afectadas por el desarrollo del aceite de palma. En un lugar como el condado de Grand Bassa, dijo, «esto es muy tangible: la gente viene aquí a llevarse nuestros recursos y cuenta con el apoyo del Gobierno».
Cuando comenzó el brote, Liberia tenía aproximadamente un médico por cada 100.000 personas, según la Organización Mundial de la Salud. En las zonas rurales, los problemas se agravan por los retrasos en hacer llegar recursos a la población, las dificultades para trasladar a los casos sospechosos desde zonas remotas y la capacidad insuficiente para realizar pruebas, dijo Andrew Hoskins, director nacional de Medical Teams International.
«Liberia se encuentra ahora en la etapa de “extinguir los incendios”. Y esto significa en todas partes, por remotas que sean», dijo Hoskins.
Aunque los casos de ébola han empezado a disminuir en Monrovia, ahora la atención se dirige a las zonas rurales, donde el virus ha llegado a lugares mal preparados para atender incluso los problemas de salud habituales del país, y mucho menos una crisis sanitaria internacional de esta magnitud.
«Esto es muy tangible: la gente viene aquí a llevarse nuestros recursos y cuenta con el apoyo del Gobierno».
Victor Doolakeh Taryor, administrador de un pequeño hospital rural de Liberia, dijo que su centro, «al igual que otras instituciones de salud de Liberia, estaba mal equipado para hacer frente a un brote de esta magnitud».
Es en estas zonas rurales donde, además de la falta de recursos, la desinformación y la desconfianza provocadas por años de concesiones para el aceite de palma y otras formas de mala gestión gubernamental han socavado los esfuerzos para contener la crisis del ébola. Al comienzo del brote, quienes respondían a la crisis informaron que los liberianos creían que el ébola era un engaño creado por el Gobierno para atraer ayuda extranjera, además de sostener otras creencias, como que el ébola no era un problema tan grave como afirmaba la comunidad internacional.
En algunos casos, esta desconfianza llevó a los liberianos a ignorar los mensajes de salud sobre cómo evitar la propagación del virus, por ejemplo, escondiendo a familiares en sus casas en vez de llevarlos a centros de salud para que recibieran ayuda. Esto contribuyó a que el ébola se propagara de una manera que no se había visto en los países vecinos.
Sabrina Monuza Karim, doctoranda en ciencias políticas en la Universidad Emory, realizó recientemente una encuesta en la zona rural del condado de Grand Bassa, donde vive Yeabah, para averiguar dónde creían los aldeanos que se había originado la crisis del ébola en el país. El 57 por ciento de los encuestados dijo creer que el ébola había llegado a Liberia con extranjeros, en lugar de elegir otras opciones de la encuesta, como que se contagiaba al tocar a otras personas con ébola o al comer carne de animales silvestres.
En su investigación, Karim ha observado un profundo resentimiento en las zonas rurales por la mala gestión de las concesiones, como las plantaciones de aceite de palma, y también porque llegan pocos beneficios a las comunidades locales pese a la presencia de ONG extranjeras y misiones de mantenimiento de la paz.
El futuro de Liberia es incierto. Aunque Médicos Sin Fronteras anunció recientemente que «la respuesta internacional por fin está empezando a despegar», los proveedores de atención sanitaria siguen preparándose para una larga batalla. La cooperación de muchos de los mismos liberianos de zonas rurales que en los últimos años han resistido los avances de las empresas de aceite de palma sobre sus tierras será decisiva, y los pondrá en una situación en la que deberán confiar en el Gobierno y en los socios internacionales que lleguen a sus aldeas para frenar la propagación del virus.
A mediados de noviembre, la Organización Mundial de la Salud informó que el mayor número de casos nuevos se registraba en Grand Bassa y Grand Cape Mount, dos condados donde se está expandiendo el sector del aceite de palma.
«Creo que todo eso de que “el ébola viene de fuera” tiene que ver con la falta de comprensión de las ciencias biológicas, pero también con la suposición de que el mundo explota y maltrata a los liberianos pobres», dijo Mukpo. «Si el brote vuelve a dispararse, será en lugares como [el condado de Grand Bassa]. Esta vez los habitantes de Monrovia lo entendieron: el ébola es real y da… miedo. Creo que eso aún no ha calado del todo en algunos lugares remotos, y esa desconfianza podría hacer que se descuide aún más a los enfermos y a los muertos».
Este artículo se publica en colaboración con Mic. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Sara Jerving es periodista independiente radicada en la ciudad de Nueva York.
Imagen: Una aldea rural en Liberia, África. REUTERS.


