Corea del Norte pudo haber sembrado el pánico en el mundo, pero la prueba de la «bomba H» cambia poco

North Korean leader Kim Jong Un visits the Command of the Strategic Force of the Korean People's Army (KPA) in an unknown location in North Korea in this undated photo released by North Korea's Korean Central News Agency (KCNA) on August 15, 2017. KCNA/via REUTERS ATTENTION EDITORS - THIS PICTURE WAS PROVIDED BY A THIRD PARTY. NO THIRD PARTY SALES. SOUTH KOREA OUT. NO COMMERCIAL OR EDITORIAL SALES IN SOUTH KOREA. PICTURE BLURRED AT SOURCE. - RC174A56D0D0
It has been an extremely tense few months of tough rhetoric, missile launches, military exercises and troop movements in North Korea.Image: REUTERS
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Corea del Norte ha realizado su sexta prueba de un artefacto nuclear y, por lo que sabemos hasta ahora, parece que ha sido, con diferencia, la mayor hasta la fecha. La agencia de noticias estatal de Pyongyang, KCNA, describió la prueba como un «éxito perfecto» y afirmó que el artefacto era una bomba de hidrógeno avanzada, lo bastante pequeña como para instalarla en la punta de un misil de largo alcance.

Aunque todavía es demasiado pronto para confirmar si eso es cierto, lo que haya probado Corea del Norte fue claramente mucho más potente que sus artefactos anteriores. Los registros sísmicos detectaron la explosión por medio de un terremoto de magnitud 6,3, y el observatorio sísmico noruegoNORSARsugirió que la potencia explosiva equivaldría a la enorme cifra de 120 kilotones.

Tras varios meses de extrema tensión, con retórica beligerante, lanzamientos de misiles, maniobras militares y movimientos de tropas, parece que Corea del Norte está muy cerca de lograr lo que siempre ha dicho que buscaba: un elemento de disuasión termonuclear viable transportado por misiles. ¿Ha llegado por fin el momento de correr a los refugios antiaéreos?

Antes de responder, conviene hacer un balance de lo que Corea del Norte ha estado haciendo últimamente y por qué.

Los planes mejor trazados

Al 4 de septiembre, Corea del Norte había probado más de 20 misiles en 2017. Algunos eran de corto alcance y otros de alcance medio; muchos tenían como objetivo caer en el mar de China Oriental. Algunos lanzamientos fracasaron, pero uno sobrevoló el norte de Japón. Ninguno de estos lanzamientos ocurrió en el vacío. Forman parte de una interacción delicada, casi coreografiada, entre los actores más importantes de Asia Oriental: una danza de movimientos militares, maniobras políticas internas y aspiraciones internacionales.

Los problemas de la península de Corea siempre se reducen a las cuestiones no resueltas de la división de Corea, elarmisticio posterior a la guerra de Corea, y los miles de soldados estadounidenses estacionados permanentemente en la región para contribuir a la reconstrucción y protección de Japón y Corea del Sur. La presencia militar estadounidense constituye una amenaza directa para la seguridad de la élite gobernante de Pyongyang y sirve de pretexto al Gobierno de Kim para afirmar que necesita unas fuerzas armadas enormes y un elemento de disuasión nuclear.

Durante el último año, Corea del Norte se ha preocupado especialmente por el despliegue estadounidense del sistema de Defensa Terminal de Área a Gran Altitud (THAAD), un interceptor de misiles balísticos fabricado por Lockheed Martin. El THAAD espolémico también en China y Corea del Sur, pero ya había llegado a la península en marzo. Para entonces, Corea del Norte ya había probado un nuevo misilPukguksong-2, al parecer había asesinado al hermanastro de Kim Jong Un,Kim Jong-nam, yhabía lanzado cuatro misiles balísticos de alcance intermedioal mar de China Oriental el 6 de marzo.

Con el THAAD parcialmente desplegado y operativo a principios de mayo, y con unnuevo presidente surcoreanoque asumía el cargo, Corea del Norte lanzó en las semanas siguientes varios misiles más de distintos alcances. Mientras tanto, Estados Unidos realizó sushabituales ejercicios conjuntos con misilescon Corea del Sur yenvió buques militaresa aguas próximas a la península de Corea.

Como es habitual, la comunidad internacional también condenó todos los lanzamientos con la consabida andanada de calificativos: inaceptables, deplorables, intolerables. Todo culminó el 5 de agosto con laResolución 2371 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que amplía las restricciones a las exportaciones e importaciones de Corea del Norte y a sus trabajadores en el extranjero.

Está claro que esa resolución no ha disuadido a Corea del Norte de seguir adelante con sus planes. Pero, aunque esta prueba parezca un gran paso desde el punto de vista tecnológico y político, solo es un pequeño avance.

¿Todo sigue igual?

Mientras la atención mundial se centraba sobre todo en el toma y daca diplomático —y, en particular, en qué haría Donald Trump cuando se viera obligado a tomar una decisión concreta sobre Corea del Norte—, varias fuentes, entre ellas el sitio 38 North,ya informabande que el conocido sitio de pruebas de Punggye-ri estaba en condiciones óptimas y listo para una nueva prueba nuclear, y que lo estaba desde abril. Eso no tenía nada de sorprendente: una bomba más grande y móvil es simplemente el siguiente paso del programa nuclear y siempre ha estado en la agenda.

Sin embargo, Pyongyang todavía no ha llegado hasta el final. Aunque quizá (y solo quizá) pueda instalar una bomba de hidrógeno en un misil, aún tiene que resolver otros problemas técnicos persistentes, en particular cómo diseñar misiles de largo alcance que puedan volver a entrar en la atmósfera sin quemarse.

Mientras tanto, si se descarta una acción militar imprudente y muy impredecible, parece que la comunidad internacional tiene pocas opciones además de las sanciones y la retórica beligerante. Hasta ahora, ambas han fracasado y podrían empezar a ser contraproducentes.

Cuando Donald Trump amenazó a Corea del Norte con «fuego y furia» en represalia por sus pruebas de misiles de largo alcance, yosugeríque era probable que su retórica incendiaria solo impulsara a Pyongyang a probar aún más misiles. Parece que así seguirá siendo. En cuanto se despertó con la noticia de la última prueba nuclear, Trump no solo insinuó, como era de esperar, que Corea del Norte era un Estado paria, sino también que era motivo de vergüenza para China.

Esto es un malentendido fundamental. Sí, el comercio con China es vital para la economía norcoreana, pero Pyongyang es responsable de su propio comportamiento. Esta crisis no se debe a la supuesta permisividad de China, sino a la forma en que Corea del Norte entiende su propia seguridad y protección; y, como se ha mencionado, esa visión del mundo se remonta al armisticio coreano y a los problemas que siguen sin resolverse.

En la situación actual, está claro que Corea del Norte ha desarrollado tecnología suficiente para reclamar el título de «potencia nuclear», y es irrelevante que otros países consideren que tiene derecho a ser reconocida como tal. Del mismo modo, cualquier incursión militar en territorio norcoreano muy probablemente recibiría una respuesta de un Estado que ahora cuenta con armas nucleares, lo que vuelve irrelevante, en la práctica, cualquier debate sobre una intervención militar convencional.

Todas las partes implicadas son plenamente conscientes de ello. Por tanto, la única vía para avanzar en esta crisis es algún tipo de diálogo sobre cómo controlar el arsenal nuclear norcoreano. Cuando está en juego la seguridad de millones de personas, hablar con un adversario no es señal de debilidad.

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