Alemania, Francia, Suiza y Austria reactivan rutas de trenes nocturnos.
Viajar en tren emite mucho menos carbono por kilómetro que hacerlo en avión o en carretera.
Se prevé que 2021 sea designado Año Europeo del Ferrocarril.
Hay algo en los viajes largos en tren que conmueve el alma. Evoca el romanticismo de una época pasada, llena de oportunidades para la aventura, el misterio, e incluso el amor. Pero en Europa, despertarse cuando el tren entra en una capital extranjera no es una reliquia del pasado, sino una señal del futuro.
Los operadores ferroviarios nacionales de cuatro países –Alemania, Francia, Austria y Suiza– han anunciado planes para reactivar la red de trenes nocturnos del continente. Las rutas de Viena a Múnich y después a París, y de Zúrich a Ámsterdam vía Colonia se restablecerán en 2021. Se planean más rutas –que conectarán Berlín, Bruselas, Roma e incluso Barcelona– en los próximos años, para recuperar servicios que han ido disminuyendo en las últimas décadas.
El resurgimiento de los trenes nocturnos transcontinentales se debe a un cambio de postura de Deutsche Bahn, el operador ferroviario alemán, que había considerado que los servicios nocturnos no eran lo bastante populares y que costaban demasiado dinero. Ahora, la cooperación transfronteriza se considera la clave para que las rutas sean económicamente viables.
“Los principales ferrocarriles de Europa están uniendo sus fuerzas para el tren nocturno”, afirmó el director ejecutivo de Deutsche Bahn, Richard Lutz. “El tren nocturno es un negocio entre socios. Si cada ferrocarril ofreciera “un pequeño tren nocturno”, nadie sería de ayuda. La solución es una clara división del trabajo, integrada en un auténtico juego de equipo.”
Impulsar el transporte ferroviario se considera cada vez más esencial para reducir las emisiones de carbono del sector del transporte, como muestra el gráfico siguiente.
Los trenes de larga distancia tienen una huella de carbono menor que la mayoría de las demás formas de transporte y emiten cantidades mínimas de carbono por kilómetro en comparación con los viajes en avión.
El auge de las rutas aéreas de corta distancia, rápidas, baratas y cómodas fue la principal causa de la caída drástica del ferrocarril de larga distancia. Pero la creciente conciencia medioambiental ha cambiado la ecuación. Así surgió el fenómeno de la “vergüenza de volar”, que cobró atención mundial cuando la activista climática Greta Thunberg decidió viajar en tren al Encuentro Anual del Foro Económico Mundial en Davos en 2019, en lugar de volar.
Muchos ferrocarriles europeos han vivido un cierto renacimiento, con un aumento del número de pasajeros y con políticas favorables al ferrocarril adoptadas por la UE. Este año se ha designado el “Año Europeo del Ferrocarril” como parte de un impulso para promover los viajes en tren como alternativa respetuosa con el medio ambiente, no solo para quienes podrían viajar en avión, sino también para los transportistas que trasladan la mayor parte de su carga por carretera.
“El ferrocarril es la respuesta a muchas cuestiones críticas en el ámbito de la movilidad, como la neutralidad climática, la eficiencia energética, la resiliencia ante crisis y la seguridad”, afirma el ministro de Transporte de Alemania, Andreas Scheuer. “El Año del Ferrocarril pretende impulsar el sector y animar a más turistas, profesionales de negocios y fabricantes a elegir el tren.”
A medida que los viajes internacionales se recuperan de las devastadoras restricciones de la pandemia de COVID-19, los pasajeros exigirán cada vez más opciones. Para muchos, la industria aérea, muy golpeada, que trabaja para alcanzar sus propios objetivos ambiciosos para reducir su huella de carbono, seguirá ofreciendo la opción más rápida y cómoda. Pero, para deleite de quienes se emocionan al oír el silbato del tren en las vías, cada vez más trenes nocturnos entrarán en la estación.




