Lecciones sobre la respuesta ante desastres, un año después del tifón Haiyan

Lecciones sobre la respuesta ante desastres, un año después del tifón Haiyan
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Especialistas en protección social, gestores del riesgo de desastres, profesionales de la financiación del riesgo y expertos en cambio climático del Grupo Banco Mundial se reunieron recientemente para debatir el papel de los sistemas de protección social a la hora de abordar el impacto humano de los riesgos de desastres y climáticos.

Junto con sus homólogos gubernamentales y socios donantes, extrajeron lecciones y llegaron a un mensaje contundente: los países pueden responder mejor a los desastres naturales y ayudar más rápido a las víctimas si cuentan con sistemas sólidos de protección social.

Un ejemplo de ello fue la historia de Filipinas.

Hace exactamente un año, el tifón Haiyan —la tormenta tropical más fuerte que jamás haya tocado tierra— devastó la parte oriental del país. Millones de sus habitantes se vieron afectados. Se perdieron muchas vidas y quedaron destruidos los medios de subsistencia. La furia de Haiyan no hizo distinciones y dejó tras de sí un rastro de destrucción hasta donde alcanzaba la vista.

Tras el paso de la tormenta, conocimos a Heidi Condisiangco, una joven ama de casa y madre de tres hijos de la provincia de Cebú. Su familia buscó refugio bajo la mesa del comedor cuando los fuertes vientos y lluvias azotaron su casa al tocar tierra el poderoso Haiyan. El viento arrancó el techo de su casa. Heidi y su familia tuvieron que reconstruir su vida entre los escombros.

Una de las pocas cosas que la ayudaron fue que Heidi formaba parte de las 3.9 familias beneficiarias del principal programa de transferencias monetarias condicionadas de Filipinas, llamado Pantawid. A través de este programa —implementado por el Departamento de Bienestar Social y Desarrollo—, recibía ayudas monetarias mensuales por enviar a sus hijos a la escuela, someterlos a controles de salud periódicos y asistir a sesiones de desarrollo familiar, que le habían enseñado, entre otras cosas, a prepararse para los tifones.

Tras la pérdida de sus medios de subsistencia a causa de la tormenta, se modificó el programa Pantawid para que los pagos se realizaran sin condiciones y ayudaran a familias como la de Heidi en momentos de necesidad. Las organizaciones humanitarias utilizaron el mismo mecanismo de distribución para hacer llegar alimentos y otras ayudas a las familias afectadas inscritas en el programa.

Hablamos con la secretaria de Bienestar Social y Desarrollo de Filipinas, Corazon “Dinky” Soliman, quien dijo: «En los primeros días críticos tras el desastre, pudimos movilizar la red de ejecutores de nuestro Programa de Transferencias Monetarias Condicionadas Pantawid y a los dirigentes municipales. La base de datos del Sistema Nacional de Focalización de Hogares para la Reducción de la Pobreza nos ayudó a identificar a las familias que podían incorporarse a diversos programas de rehabilitación, como los de dinero por trabajo y dinero por reconstrucción de activos».

Los países de Asia y el Pacífico se encuentran entre los más expuestos a los riesgos de desastres y climáticos, y estas calamidades naturales tienen un impacto devastador en las vidas y los medios de subsistencia, especialmente para las personas más pobres y vulnerables.

Esta semana, el Gobierno de Filipinas y el Grupo Banco Mundial organizaron el primer foro mundial dedicado a recoger esta lección: cómo los países pueden responder mejor a los desastres naturales mediante sistemas sólidos de protección social. El evento, respaldado por el Fondo Mundial para la Reducción de los Desastres y la Recuperación (GFDRR) y el Fondo Fiduciario de Respuesta Social Rápida (RSR), reunió a expertos y responsables de políticas de 17 países de África, América Latina, Asia y el Pacífico. Los sistemas de protección social tienen un papel importante que desempeñar para abordar el impacto humano de los riesgos de desastres y climáticos. Contar con ellos antes de que ocurra un desastre es fundamental para hacer frente a las pérdidas de medios de subsistencia causadas por los desastres.

En el caso de Filipinas, los programas de protección social ya establecidos pueden servir de plataforma para brindar rápidamente asistencia a las personas afectadas y vulnerables. Además, las buenas prácticas han demostrado que los programas diseñados para ampliarse rápidamente después de un desastre, como en Etiopía, ofrecen grandes posibilidades. También hay margen para diseñar sistemas adaptativos de protección social que no solo respondan al inicio de los desastres, sino que también ayuden a las comunidades a adaptarse al inicio del cambio climático. Asimismo, los nuevos enfoques de financiación del riesgo de desastres pueden desempeñar un papel clave en la ampliación de esos programas de protección social después de los desastres.

La vida de Heidi dista mucho de ser perfecta, pero el hecho de que tuviera acceso inmediato a la asistencia marcó una diferencia para ella y su familia. Para nosotros, esta iniciativa es un testimonio de cómo debería funcionar el nuevo Grupo Banco Mundial: mediante el poder de la colaboración. Derribar los compartimentos estancos y aprovechar el conocimiento colectivo de las distintas áreas de práctica del Grupo Banco Mundial es algo extraordinario.

Esta publicación apareció primero en The World Bank Blog

Autor: Mohamad Al-Arief es el oficial sénior de comunicaciones de la Red de Desarrollo Humano del Banco Mundial

Imagen. Un sobreviviente del tifón toma café mientras descansa de reconstruir el techo de su casa, dañada por el tifón, en la ciudad de Tacloban. REUTERS/Erik De Castro

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