América Latina podría convertirse en líder mundial en ciencia abierta sin fines comerciales

A woman dressed in a lab coat tends to a scientific experiment.
Science needs to be open to everyone.Image: REUTERS/Ralph Orlowski
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  • Para afrontar los desafíos del próximo siglo, desde las pandemias hasta el cambio climático, desde la automatización hasta el big data, la ciencia debe estar abierta a todos.

  • En Europa, la The European Organization for International Research Information (EuroCRIS) se fundó en 2002.

  • Ayuda a orientar las prácticas compartidas, la infraestructura y los modelos de financiación, en beneficio del progreso científico.

  • Fernanda Beigel, de la Universidad Nacional de Cuyo, sostiene que América Latina también reúne hoy las condiciones óptimas para crear infraestructura de ciencia abierta.

Para afrontar los desafíos del próximo siglo –desde las pandemias hasta el cambio climático, la automatización y el big data–, la ciencia debe estar abierta a todos. Los ciudadanos deben disponer del mismo acceso a la información que los investigadores, y los científicos necesitan acceso a repositorios de conocimiento interconectados y de alta calidad para profundizar en su comprensión del mundo que nos rodea.

Estos son algunos de los principios rectores del movimiento de ciencia abierta. La sostenibilidad y la inclusión son fundamentales para la ciencia abierta, y pueden impulsarse mediante prácticas compartidas, infraestructura y modelos de financiación que garanticen la participación equitativa de científicos de instituciones y países menos favorecidos en la búsqueda y el avance del conocimiento.

Debemos garantizar que los beneficios de la ciencia se compartan entre los científicos y el público en general, sin restricciones. Pero ¿cómo lograrlo? Parte de la respuesta radica en construir sistemas científicos nacionales capaces de compartir y enriquecer una diversidad de conocimientos.

El nacimiento de los CRIS

Uno de los principales obstáculos para la ciencia abierta es la falta de integración entre las bases de datos existentes –desde bibliotecas públicas hasta conjuntos de datos gubernamentales y archivos universitarios– que se construyeron en distintos momentos con sistemas diversos y que no están vinculadas entre sí.

Por ejemplo, los repositorios institucionales, que crecieron gracias al esfuerzo de los bibliotecarios a lo largo de generaciones, suelen estar desconectados de las bases de datos curriculares. No cuentan con identificadores ni enlaces permanentes a los metadatos, un elemento indispensable para compartir información. En los últimos años, se ha vuelto cada vez más necesario crear sistemas de información nacionales capaces de reunir información sobre investigadores, instituciones, repositorios, conjuntos de datos abiertos, proyectos de investigación y científicos ciudadanos.

Para satisfacer esta necesidad, en la década de 1990 surgieron en Europa las bases de datos conocidas como Sistemas de Información sobre Investigación en Curso (CRIS, por sus siglas en inglés), que se expandieron principalmente a nivel institucional, dentro de las universidades. El European Organization for International Research Information (EuroCRIS) se fundó en 2002 y, a partir de entonces, sistemas similares comenzaron a extenderse a otras partes del mundo.

El caso de América Latina

América Latina tiene una larga tradición en el uso de catálogos y bibliotecas al servicio del desarrollo. Desde la década de 1960 surgieron índices bibliográficos, repositorios y bibliotecas regionales, gestionados por grandes universidades públicas e instituciones regionales.

En la década de 1990 nacieron nuevos repositorios y bases de datos que se convertirían en pilares de una sólida infraestructura para la comunicación científica de acceso abierto. Con el lanzamiento de las bases de datos de revistas de acceso abierto Latindex, SciELO y Redalyc, se impulsó la digitalización de las revistas científicas y se otorgó un sello de calidad a la investigación publicada. Con una fuerte impronta pública, estos repositorios actuaron como trampolín para el desarrollo de un entorno de acceso abierto no comercial que hoy caracteriza a la región.

América Latina reúne hoy las condiciones óptimas para crear una infraestructura de ciencia abierta que aproveche estos esfuerzos previos. Y dos ejemplos destacan.

El BrCris de Brasil fue desarrollado por el Instituto Brasileiro de Informação em Ciência e Tecnologia junto con las principales agencias públicas nacionales. Brasil es un país inmenso, con un sistema científico y tecnológico profesionalizado que ha producido numerosas bases de datos a escala nacional, lo que convierte la integración en un enorme desafío. Entre los ejemplos se encuentran el Portal de Datos Abiertos, el sistema de currículos Plataforma Lattes y el directorio de grupos de investigación conocido como CNPQ.

La arquitectura de BrCris prevé no solo integrar estas grandes bases de datos existentes, sino también garantizar una infraestructura de ciencia abierta compatible con la Federated Network of Institutional Repositories of Scientific Publications, que recopila repositorios de diez países de la región. BrCRis también pretende repatriar datos brasileños de todo el mundo.

El segundo caso es el de la plataforma PerúCRIS. Se concibió por primera vez cuando Perú aprobó su Ley de Acceso Abierto en 2013. Surgió entonces la necesidad de integrar tres plataformas de información científica: el directorio de investigadores, el directorio nacional de instituciones y la red nacional de repositorios. La nueva plataforma también incluye todas las tesis de grado y posgrado.

Hoy, PerúCRIS incluye cinco directorios –de talento humano, producción científica, proyectos, instituciones e infraestructura– y está diseñada no solo para la comunidad científica, sino para la sociedad en su conjunto. Permite al público descubrir nuevas tecnologías, participar en la ciencia ciudadana o encontrar ideas creativas que generen oportunidades de inversión.

El hecho de que los proyectos piloto de CRIS en América Latina sean nacionales y no institucionales, como en Europa, se debe a la forma en que se financian. La mayoría de las universidades que contribuyen a la investigación científica y tecnológica en la región son públicas y participan en sistemas de información nacionales. Dada su dependencia de fondos públicos, estas instituciones no disponen de recursos para financiar un sistema CRIS institucional, y menos aún para adquirirlo como paquete a grandes empresas que ofrecen estos servicios.

Esto no es una debilidad. El software de código abierto, como dSPACE, utilizado como base de la plataforma de Perú, garantiza que la información científica permanezca firmemente en el dominio público y, por tanto, cumple la promesa de la ciencia abierta.

Nuevas formas de colaboración

Los casos de Brasil y Perú demuestran que un CRIS de ámbito nacional puede promover la verdadera integración de todas las plataformas y organizaciones científicas existentes en un país o incluso en una región. Estas bases de datos pueden utilizarse después para la evaluación de la investigación, porque cuentan con un registro completo de personas, instituciones, producciones y proyectos del país.

Las bases de datos CRIS de América Latina darán visibilidad a diferentes estilos de publicación y a perfiles diversos de investigadores, al tiempo que potenciarán nuevas formas de colaboración científica, especialmente aquellas desvaloradas por las tendencias dominantes en la evaluación académica.

Este enfoque abre el camino a una ciencia cada vez más inclusiva y socialmente relevante, a la vez que participa activamente en el debate sobre la ciencia abierta con el resto del mundo.

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