Mientras São Paulo acoge el Foro Económico Mundial sobre América Latina 2018, es momento de considerar la importante influencia de China en las economías y los negocios de la región desde la última reunión del Foro en Brasil, en 2011.
Con un comercio exterior valorado en 4 billones de dólares, China es el país con mayor peso comercial del mundo. Además de Estados Unidos, también es el socio comercial más importante de 100 países, entre ellos Argentina, Brasil, Chile, Perú y Uruguay.
Durante la década dorada de América del Sur, desde comienzos de los años 2000, la región acogió a China como un factor clave para impulsar el superciclo de las materias primas. Ahora, China ha trascendido el comercio para convertirse en un importante inversor, cuya presencia se percibe en sectores primarios como la minería, el petróleo, la construcción, la banca y los servicios públicos. Aunque todos admiramos el enorme progreso económico de China, estos cambios han generado una serie de cuestiones que conviene considerar:
Velocidad y profundidad
En apenas 10 años, China se ha convertido en un socio comercial e inversor clave en la región. Su presencia se ha hecho sentir más allá del comercio. China ha empezado a utilizar el renminbi en acuerdos de permuta por valor de 70.000 millones de dólares en Argentina, 27.000 millones en Brasil y, más recientemente, aproximadamente 3.000 millones en Chile.
Desde 2010, China ha sido una fuente de financiación para la región, según un estudio publicado por The Inter-American Dialogue en 2016. China prestó 65.000 millones de dólares a Venezuela a cambio de petróleo, 21.000 millones a Brasil y aproximadamente 15.000 millones tanto a Argentina como a Ecuador. Aunque algunas fuentes afirman que China favoreció a gobiernos de izquierda, mantuvo sus préstamos a Argentina y Brasil después de los respectivos cambios de gobierno. De hecho, está reconsiderando sus préstamos a Venezuela debido al caos político del país.
En el ámbito del capital de riesgo, China aumentó sus inversiones a más de 1.000 millones de dólares en 2017, frente a apenas 30 millones dos años antes, según la firma de investigación Preqin.
Inversiones unidireccionales
Aunque las inversiones chinas se hacen sentir en todas partes, las inversiones latinoamericanas en China se limitan a unas pocas empresas, como las brasileñas Embraer y Vale, y la mexicana Grupo Bimbo. Si bien Asia recibe la mayoría (66%) de las inversiones chinas, América Latina ocupa el segundo lugar, con un 12%, seguida de Europa (7%), Estados Unidos (5%) y África (3,5%). De las inversiones chinas en América Latina, Brasil recibió el 55%. En 2013 hubo 60 proyectos de inversión en Brasil, liderados por 44 empresas chinas (Sinopec y State Grid son las principales), con un valor total de 68.000 millones de dólares, según datos del Consejo Económico Brasil-China.
Lo estatal frente a lo privado
La primera ola de privatizaciones en América Latina comenzó en Chile en 1987, en el sector de las telecomunicaciones. Le siguieron las privatizaciones de la banca, la electricidad, las carreteras y los sistemas de pensiones. Hoy, mientras Brasil y, sobre todo, México inician una segunda ola de privatizaciones, resulta paradójico que empresas estatales chinas estén comprando empresas privatizadas. En la operación más reciente, China Mobile y China Telecom, ambas total o parcialmente estatales, han expresado interés en comprar la operadora brasileña de telecomunicaciones Oi, en bancarrota.
Las inversiones chinas han pasado de los recursos primarios a los servicios, en parte gracias a la empresa estatal china de servicios públicos State Grid, la segunda empresa más grande del mundo por ventas, después de Wal-Mart. State Grid suministra electricidad al 88% del territorio chino. Está innovando al reducir las pérdidas de energía durante la transmisión, una tecnología clave para países extensos como China y Brasil.
La empresa entró en Brasil en 2010 al adquirir siete empresas de la compañía española ACS por 989 millones de dólares. En 2014, State Grid encabezó el Consorcio IE Belo Monte, integrado por State Grid Brasil Holding S.A. (con una participación del 51%), y las empresas brasileñas Furnas Central Eléctrica S.A. (con una participación del 24,5%) y Eletronorte (con una participación del 24,5%).
Por primera vez, no había empresas occidentales en este consorcio, que ganó la licitación para construir 2.100 kilómetros de red eléctrica desde la central hidroeléctrica de Belo Monte, en el estado de Pará, hasta el sureste de Brasil, con un valor estimado de 1.500 millones de dólares.
En 2015, el sector eléctrico registró otra gran inversión. China Three Gorges Corp. (CTG) compró la central hidroeléctrica Jupiá e Ilha Solteira Brazil Energy por 3.600 millones de dólares. Otras inversiones importantes fueron realizadas por las petroleras chinas CNOOC, CNPC y Sinopec, en asociación con las empresas españolas Repsol y Petrogal. Juntas ganaron la licitación para explorar la zona presalina del yacimiento petrolífero de Libra. China también ha estado activa en el sector de la construcción de Brasil: CCCC está construyendo un puerto en Maranhão.
La penetración de China en las economías de Brasil y de la región en general ha sido rápida y sigue siéndolo. Gran parte de esta influencia china se ejerce mediante la creciente expansión global de las empresas chinas, incluidas las estatales. Esto supone una paradoja para América Latina, pues sus empresas privadas, antes estatales, se están convirtiendo en empresas estatales de otro país.
América Latina ahora necesita asociarse y competir con China, un país donde los sectores público y privado trabajan al unísono, los límites entre lo público y lo privado son difusos y las políticas industriales y la planificación a largo plazo tienen prioridad sobre el corto plazo.
Este cambio de paradigma afecta a una región acostumbrada a tratar con empresas estadounidenses y europeas relativamente conocidas que llevan mucho tiempo operando en América Latina. Encontrar una respuesta a estos desafíos será clave para que la nueva relación entre América Latina y China beneficie a ambas partes.

