Muchos gobiernos han tenido que tomar decisiones difíciles para frenar la propagación de la COVID-19.
Las políticas de implementación de confinamientos fueron muy eficaces para salvar vidas, pero tuvieron un costo para los hogares en términos de impacto financiero en los medios de vida.
Tres expertos del Banco Mundial analizan la relación entre las medidas de confinamiento estrictas y la pérdida de ingresos en América Latina y el Caribe.
Cada día, en toda América Latina y el Caribe (ALC), los trabajadores se enfrentan a un dilema abrumador: ¿arriesgo mi salud saliendo a ganar algo de dinero o protejo mi salud con el riesgo de pasar hambre? Los gobiernos también enfrentan una disyuntiva indeseable pero inevitable: salvar vidas o proteger los medios de vida.
Ante este dilema, los responsables de las políticas deben aspirar a un objetivo esquivo que logre el justo punto medio. Esto implica equilibrar cuidadosamente medidas como los confinamientos o los toques de queda con el apoyo a quienes más sufren por la paralización de la actividad económica. Ese apoyo adopta la forma de programas de asistencia social, como las transferencias directas a los más vulnerables y necesitados.
Encontrar el equilibrio adecuado será esencial para promover una recuperación inclusiva y prevenir efectos negativos futuros en cadena para los hogares más vulnerables. Esto significa diseñar medidas para contener la pandemia en los momentos en que las tasas de infección se disparan, de modo que se minimicen las pérdidas económicas. Es importante que las medidas se complementen, cuando sea posible, con ayuda para las empresas, en especial las pequeñas y medianas. Además, algunos negocios podrían seguir operando con protocolos sanitarios de seguridad claros.
Una disyuntiva indeseable
Nuestra reciente nota, ¿Vidas o medios de vida? El costo de mantenerse sano, expone esta disyuntiva con claridad. Los datos de las primeras olas de la pandemia indican que las estrategias de contención estrictas sin duda ayudan a aplanar la curva. Como muestra la siguiente figura, cuanto más estrictas son las medidas, más se aplana la tasa de infección. Los confinamientos, las restricciones de viaje y el distanciamiento social salvaron claramente miles de vidas.
COVID-19 y rigurosidad de las medidas en América Latina y el Caribe: abril – septiembre de 2020
OMS, Panel de control del coronavirus (COVID-19); índice de rigurosidad de Oxford COVID-19 Government Response Tracker, Blavatnik School of Government, Universidad de Oxford
El estudio también ilustra el inmenso costo que estas medidas tienen para los medios de vida de la población. Los datos de la Encuesta telefónica de alta frecuencia de ALC muestran que alrededor del 17% de los trabajadores de la región perdieron su empleo tras la introducción de las primeras medidas de contención, en marzo de 2020. No es sorprendente que las restricciones más estrictas se asocien con mayores pérdidas de empleo, como muestra esta figura.
Pérdida de empleo frente a rigurosidad en América Latina y el Caribe (mayo de 2020)
Respuestas y repercusiones
Las restricciones costaron empleos en todos los países de la región, pero el impacto varió mucho. Los países con menores niveles de informalidad y mejor conectividad a los servicios de internet se adaptaron bien al teletrabajo. Por ejemplo, las pérdidas de empleo en Chile —de solo el 5%— fueron seis veces menores que el 30% registrado en Colombia y Perú, pese a políticas de confinamiento similares.
Las pérdidas de empleo tuvieron un impacto inmediato y devastador en los ingresos familiares en toda la región. Unos dos meses después del inicio de la pandemia, cuando los niveles de rigurosidad estaban en su punto más alto, entre el 60% y el 70% de los hogares registró una caída en el ingreso familiar total. Perú fue uno de los países más afectados, con ocho de cada diez hogares que informaron un ingreso total menor en comparación con el inicio de la pandemia.
Lo más preocupante es que la pérdida de empleo y la reducción de los ingresos familiares se tradujeron en un aumento de la inseguridad alimentaria. Honduras registró la mayor incidencia en mayo de 2020, con el 53% de los hogares que informaron haberse quedado sin alimentos por falta de dinero o recursos. Esto tiene graves consecuencias para la nutrición a largo plazo y la acumulación de capital humano, lo que podría afectar la productividad futura de la región.
Con razón, los gobiernos de la región aumentaron su gasto no sanitario en 2020 para compensar esta cadena de pérdidas de bienestar, con cierto grado de éxito. El gasto adicional ayudó a incrementar la seguridad alimentaria de los hogares, pero en la mayoría de los casos no pudo compensar por completo las considerables pérdidas de ingresos. No obstante, los resultados muestran que estas intervenciones gubernamentales focalizadas sí pueden amortiguar el impacto en los segmentos más afectados de la población.
Si bien el efecto de la pandemia y la respuesta han variado mucho en la región, está claro que cada país debe encontrar el equilibrio adecuado para este dilema. El futuro de América Latina y el Caribe dependerá de lograr este equilibrio.




