Los 15 países de la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental han acordado adoptar, a partir del próximo año, una nueva moneda común, el «ECO». Sin embargo, como ha demostrado la experiencia de la eurozona, las uniones monetarias pueden resultar difíciles de manejar. Crear una unión exitosa exigirá que los países de la CEDEAO superen graves desafíos.
El trabajo del economista Robert Mundell sugiere que un «área monetaria óptima» debe cumplir cuatro condiciones principales. La primera es un mercado laboral amplio e integrado que permita a los trabajadores desplazarse con facilidad por toda la unión monetaria para cubrir las brechas de empleo. La flexibilidad de precios y salarios, junto con la movilidad de capitales, también es necesaria para eliminar los desequilibrios comerciales regionales. Estas dos condiciones implican la necesidad de una tercera: un mecanismo centralizado de transferencias fiscales a los países que sufren como consecuencia de la movilidad laboral y de capitales. Por último, los países participantes deberían tener ciclos económicos similares, para evitar que un choque afecte a una zona concreta.
Los Estados miembros de la CEDEAO son muy conscientes de estas condiciones, que guiaron los seis criterios de convergencia del ECO. Dichos criterios incluyen un déficit presupuestario inferior al 3 % del PIB; una deuda pública no superior al 70 % del PIB; una inflación del 5 % o inferior; y un tipo de cambio estable. Además, las reservas brutas en divisas deben ser lo suficientemente amplias para cubrir al menos tres meses de importaciones, y el déficit de financiación del banco central no debe superar el 10 % de los ingresos fiscales del año anterior.
Hasta ahora, los países de la CEDEAO tienen dificultades para cumplir estos criterios. Por ejemplo, solo cinco países —Cabo Verde, Costa de Marfil, Guinea, Senegal y Togo— cumplen los requisitos en materia de inflación y déficit presupuestario. Esta decepcionante realidad llevó a Mahamadou Issoufou, presidente de la CEDEAO y de Níger, a confirmar que, si bien «los países que estén preparados lanzarán la moneda única» en 2020, «los países que no lo estén se unirán al programa a medida que cumplan los seis criterios de convergencia».
Sin embargo, garantizar que todos los miembros cumplan los criterios de convergencia es solo el primer paso hacia la creación de una unión monetaria exitosa en África Occidental. Los países de la CEDEAO se ven asolados por la inseguridad y la corrupción, y actualmente tienen numerosas barreras arancelarias y no arancelarias arbitrarias. Además, la infraestructura de cadenas de suministro de la región sigue siendo insuficiente. Y, si Nigeria se uniera, la unión podría verse expuesta a un desequilibrio estructural significativo: con la economía más grande de África, Nigeria representa el 67 % del PIB total del bloque.
Complica aún más la situación el grado en que las fuerzas externas, en especial Francia, influirán en la trayectoria de la unión monetaria. La CEDEAO incluye ocho países francófonos —Benín, Burkina Faso, Costa de Marfil, Guinea-Bisáu, Malí, Níger, Senegal y Togo—, que cuentan con una moneda única, el franco CFA de África Occidental, desde la época del dominio colonial francés.
De hecho, inicialmente se propuso que los siete países restantes de la CEDEAO —Cabo Verde, Gambia, Ghana, Guinea, Liberia, Nigeria y Sierra Leona— formaran primero una unión monetaria por su cuenta. Una vez que esta nueva unión monetaria hubiera demostrado ser funcional y valiosa para sus miembros, sería mucho más fácil convencer a quienes utilizan el franco CFA de que se unan a sus socios de África Occidental.
Después de todo, la moneda respaldada por Francia, actualmente vinculada al euro, ofrece ventajas significativas, como la estabilidad del tipo de cambio y tipos de interés más bajos. Los miembros de la unión monetaria del franco CFA de África Occidental podrían no querer arriesgar estas ventajas uniéndose a una unión monetaria no probada con países que tienen un historial de tipos de interés e inflación elevados. Y Francia tiene interés en que los países del franco CFA rechacen el ECO, ya que depositan la mitad de sus reservas exteriores en el Tesoro francés.
A pesar de estos formidables desafíos, hay razones para ser optimistas respecto al ECO, empezando por su potencial para acelerar la integración regional. Una unión monetaria exitosa de la CEDEAO probablemente impulsaría los avances en las propuestas zonas monetarias de África Oriental y Austral. Esto contribuiría en gran medida a avanzar en la ambiciosa Zona de Libre Comercio Continental Africana.
La experiencia de la eurozona demostró lo indisciplinadas que pueden llegar a ser las uniones monetarias y lo importante que es seguir experimentando y adaptándose. Una unión de la CEDEAO no será diferente. Pero si los países miembros se comprometen a hacerla funcionar, el ECO podría ser un impulso para el crecimiento y el desarrollo regionales y también continentales.


