Ernest Bai Koroma, presidente de Sierra Leona, habla de lo que más necesita su país para combatir el ébola.
1. ¿Cuál es la situación actual del ébola en su país, Sierra Leona?
Desde que se registraron los primeros casos de la enfermedad en Sierra Leona en mayo, más de 4.400 personas de nuestro país se han infectado, de las cuales poco más de 870 han sobrevivido. La mayoría de las personas fallecidas son mujeres y más de dos tercios de las personas infectadas pertenecen al grupo de edad económicamente más activo, entre los 15 y los 50 años. Las enfermedades distintas del ébola están aumentando el número de muertes y el sufrimiento, ya que el sistema nacional de prestación de servicios de salud soporta una presión aún mayor y se está debilitando.
Septiembre y octubre fueron meses difíciles para el país, pues registramos el mayor aumento del número de personas infectadas por la enfermedad. Pero también fue un periodo de mayor apoyo internacional y de un incremento de nuestra capacidad para combatirla. La ONU celebró una sesión especial sobre el ébola y estableció en tiempo récord la Misión de las Naciones Unidas para la Respuesta de Emergencia al Ébola (UNMEER); el Banco Mundial y el FMI aprobaron recursos para combatir la enfermedad. Los británicos están enviando cerca de mil efectivos y construyendo varios centros de tratamiento con capacidad de laboratorio. En noviembre, los gobiernos del Reino Unido y Sierra Leona organizaron una conferencia en Londres para impulsar el apoyo internacional a la lucha en Sierra Leona. En la conferencia se asumieron numerosos compromisos. Los cubanos han proporcionado personal sanitario; los chinos han proporcionado equipo médico, un laboratorio y personal sanitario. Los estadounidenses están enviando más de 4.000 soldados. La mayoría estaría destinada en Liberia, pero su presencia ayudaría a reducir las tasas de infección en la región y aportaría el apoyo logístico y de capacitación necesario a los demás países más afectados por el brote.
Es positivo que países y organizaciones hayan asumido compromisos por cientos de millones de dólares, y cabe señalar que cada vez son más los países y organizaciones que han desembolsado fondos o cumplido sus compromisos y están contribuyendo a la lucha. Sin embargo, muchos de los compromisos asumidos no se han desembolsado; aún no se han materializado sobre el terreno, y solo cuando se materialicen podrán utilizarse en la lucha contra el ébola. Por tanto, es muy necesario que los países y las organizaciones aceleren sus esfuerzos para hacer efectivos esos compromisos sobre el terreno. Existe una brecha entre los compromisos asumidos, los recursos desembolsados y lo que llega al terreno.
Más del 80 % del personal que combate la enfermedad sobre el terreno en el país es de Sierra Leona. Los médicos y enfermeros sierraleoneses prestan la mayoría de los servicios de primera línea en los centros de tratamiento y de observación; los sierraleoneses se encargan del rastreo de contactos y de los equipos de entierro, y constituyen la mayor parte del personal de las organizaciones internacionales que apoyan la lucha contra la enfermedad. El mayor centro de tratamiento del país, con 120 camas y abierto en septiembre, está dirigido por jóvenes médicos sierraleoneses, que desde entonces han logrado que sobrevivan más de 200 personas infectadas por el virus. Pero la enfermedad es nueva para nosotros; la capacidad local para detener el virus claramente no basta y se necesita más apoyo internacional sobre el terreno para poder adelantarnos al virus.
2. ¿Cuáles son sus necesidades más apremiantes al responder a la situación?
Nuestro objetivo ahora es romper la cadena de transmisión de la enfermedad y detener su propagación. Para lograrlo, hay que garantizar el entierro seguro de quienes han muerto de ébola; sacar a las personas infectadas de sus comunidades e ingresarlas en centros de observación y tratamiento; y acelerar las pruebas del ébola. Hemos empezado a obtener buenos resultados en la garantía de entierros seguros; también estamos aumentando el número de centros de tratamiento y de laboratorios para realizar pruebas del ébola. Pero aún queda mucho por hacer.
Buscamos alianzas eficaces y duraderas en tres niveles de intervención directa: el hogar, la comunidad y el centro de tratamiento. Para adelantarnos al virus, necesitamos centros de tratamiento situados estratégicamente, cada uno con 50 o 100 camas. Con el apoyo de nuestros socios, entre ellos los británicos, los chinos, Médecins sans Frontières, la Cruz Roja y otros, actualmente contamos con cinco centros de tratamiento. La capacidad total de camas de todos estos centros es de 387. Es inferior a la capacidad mínima de 1.000 camas que necesita el país para adelantarse al virus. Hay dos centros de observación bastante grandes en Lakka y Port Loko, y varios centros de observación más pequeños en el país. Se están construyendo centros de tratamiento en Bombali, Port Loko, Moyamba y Freetown, pero su capacidad total de camas no alcanzaría la cifra estimada que necesitamos. Los patrones de infección están cambiando geográficamente. En los focos del brote inicial de la enfermedad se registran tasas de infección muy bajas, mientras que otras zonas han experimentado repuntes. Estas zonas necesitan centros de tratamiento y de observación; hacen falta centros de tratamiento en Bombali, Koinadugu y Freetown, y centros de observación grandes en Kambia y Pujehun.
Los centros de tratamiento necesitan personal, pues sin él no pueden funcionar. Para el tratamiento del ébola, la proporción de personal sanitario por cama es de 3,5 personas por cama. Así, un centro de tratamiento de 50 camas requeriría 175 personas para funcionar, con una proporción de 25 médicos, 100 enfermeros y 25 profesionales sanitarios de otras categorías para operarlo de forma eficaz y segura. Un centro de tratamiento de 100 camas requeriría 350 personas. El personal trabajaría por turnos para garantizar una atención segura y eficaz a los pacientes. Buscamos apoyo para que llegue más personal al país y para capacitar al personal sanitario nacional y a otros trabajadores de la salud en el país. Para poner fin al brote se necesitarán más médicos, enfermeros, especialistas en control de infecciones, higienistas, epidemiólogos, nutricionistas y consejeros. Nos alientan los compromisos de países africanos de enviar cientos de profesionales sanitarios y la coordinación de este esfuerzo por parte de la Unión Africana; también acogemos con satisfacción el compromiso de 30 millones de dólares de empresas africanas para facilitar el despliegue de estos profesionales sanitarios en el resto de la región. Pero la rapidez es esencial si queremos adelantarnos pronto al virus.
Con el apoyo de nuestros socios, entre ellos el Banco Mundial, la ONU, los británicos y otros, hemos aumentado la disponibilidad de logística y equipo esenciales, pero hace falta adquirir más. Esto incluye ambulancias, vehículos y motocicletas, equipos de protección personal, líquidos intravenosos, anticuerpos para infecciones sobreañadidas, vitaminas y alimentos. Se necesitan otras 40 ambulancias para atender la red nacional de centros de tratamiento y unidades comunitarias de atención del ébola; hacen falta más motocicletas para quienes rastrean contactos y entre 20 y 50 vehículos utilitarios 4WD para supervisores, agentes de vigilancia y equipos de entierro.
Los servicios de laboratorio son fundamentales para diagnosticar los casos sospechosos y confirmar las causas de muerte, a fin de garantizar prácticas de entierro seguras. Con la ayuda de los sudafricanos, los chinos y los británicos, la capacidad de laboratorio del país está aumentando, y la mayoría de los nuevos centros de tratamiento que se construyen con el apoyo del Reino Unido contará con laboratorios para realizar pruebas del ébola. Pero adelantarse al virus requiere más, especialmente laboratorios móviles que puedan trasladarse a los focos de nuevas infecciones para obtener resultados rápidos y llevar a las personas infectadas a centros de tratamiento. Los laboratorios son la puerta de entrada a los centros de tratamiento; si no funcionan correctamente, las personas infectadas podrían permanecer en la comunidad y seguir transmitiendo la enfermedad. Se necesitan estos laboratorios para reducir al mínimo el tiempo entre la toma de muestras y la entrega de resultados.
También se necesitan millones de dólares para pagar a los miles de profesionales sanitarios que serían desplegados; hacen falta millones de dólares para reforzar las existencias de medicamentos, alimentos y otros suministros básicos, así como la logística.
A nivel comunitario, se necesita un paquete de apoyo para sacar de los hogares a quienes presenten síntomas de la enfermedad y trasladarlos a centros comunitarios de atención y observación del ébola, a la espera de la confirmación de las pruebas y su traslado a centros de tratamiento. El país necesita una red de pequeños centros comunitarios de observación con capacidad para 20 camas en nuestras distintas jefaturas tradicionales. Dada la urgencia de la situación, por ahora estos centros comunitarios de atención del ébola podrían instalarse rápidamente en tiendas de campaña bien equipadas, mientras construimos estructuras físicas más sólidas a medio plazo.
El ébola es una enfermedad que afecta al hogar, lo que convierte a los familiares en los primeros en responder ante la enfermedad y los hace muy vulnerables a infectarse y propagar el contagio mediante prácticas domésticas habituales, como tocar a los enfermos y llorar a los fallecidos. Se necesita apoyo en el hogar para que las familias puedan afrontar de forma segura los casos de enfermedad, duelo y aislamiento temporal. El paquete de apoyo incluiría materiales de protección sencillos, apoyo logístico y personal que visite diariamente los hogares en cuarentena para ofrecer diversos servicios, como chequeos médicos, difusión de información y traslado de las personas enfermas fuera de sus comunidades.
3. ¿Qué mecanismos deben establecerse para garantizar una respuesta rápida y eficaz a las crisis internacionales en el futuro?
La comunidad internacional debería reconocer que las enfermedades víricas se están convirtiendo en enfermedades del mundo, no de una región en particular. Los virus no respetan fronteras en un mundo con una población humana en expansión, donde las personas de todas partes entran cada vez más en contacto con virus mutantes. La globalización, la creciente urbanización, el transporte más rápido y las redes más densas de personas que se desplazan entre zonas rurales y urbanas y cruzan fronteras favorecen la propagación más rápida de enfermedades víricas antes aisladas. Entre los ejemplos están el SARS, el HNI, la fiebre de Marburgo y otras transmisiones zoonóticas. Algunas regiones del mundo pueden sentirse inmunes a estos brotes y verse desprevenidas. En África Occidental, nuestra respuesta inicial fue lenta debido a la falta de este tipo de reconocimiento. Ninguno de nosotros reconoció que la convergencia de estas tendencias —urbanización, viajes más rápidos, expansión de la población humana y aumento de las transmisiones zoonóticas— pudiera manifestarse con tanta fuerza en África Occidental. Como la enfermedad era nueva para nosotros, no pudimos identificar a tiempo los casos índice para activar las capacidades de respuesta existentes. Al no detectar los casos índice, permitimos que el virus infectara a más personas y se propagara a más zonas. Nuestros socios internacionales tampoco estaban preparados para apoyar la identificación de los casos índice, y la enfermedad había infectado a muchas personas antes de que se identificara como ébola. Para entonces, muchas personas que tenían la enfermedad pero aún eran asintomáticas ya se habían desplazado y no podían ser localizadas. Otros países de la región, ahora más alerta porque la enfermedad está en la región, lograron identificar los casos índice, lo que les ha ayudado a detener la propagación de la enfermedad.
Pero debemos señalar que, en las etapas iniciales en nuestros países, los gobiernos y la comunidad internacional tardaron en reconocer la amenaza; cuando finalmente la reconocieron, cundió el miedo y se cerraron los viajes hacia y desde Sierra Leona y nuestra región.
Pero el pánico también fue resultado de que el mundo no reconociera las tendencias y posibilidades globales de los brotes víricos. Este reconocimiento empieza a surgir lentamente, pero debe conducir a una reestructuración de la infraestructura sanitaria mundial para prepararse mejor para estos brotes y combatirlos. Esta reestructuración va tomando forma, como demuestra la creación de UNMEER, la primera misión de la ONU creada en tiempo récord para combatir un brote. La misión reconoce que los mecanismos existentes de respuesta sanitaria mundial no son lo bastante exhaustivos ni sólidos para afrontar el nuevo desafío y que es necesario crear algo nuevo. Esperamos que UNMEER también dé lugar a la creación de un modelo institucionalizado más permanente para hacer frente a los brotes en cualquier lugar del mundo, como el que tenemos en la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas, que coordina y facilita capacidades de refuerzo para afrontar otros desastres humanitarios en el mundo.
Esperaríamos que ese organismo también abordara la relación entre los conocimientos disponibles, las empresas farmacéuticas y el desarrollo y despliegue de vacunas y terapias. Existe el conocimiento necesario para desarrollar vacunas y posibles terapias contra enfermedades víricas como el ébola, pero no se le prestó mucha atención hasta que se produjo este brote tan grande. Nos alientan las reuniones entre gobiernos, la Organización Mundial de la Salud, institutos de investigación y grandes empresas farmacéuticas en relación con las vacunas y los medicamentos que se están desarrollando contra el ébola. Quisiéramos que hubiera plataformas permanentes para estos intercambios sobre cómo optimizar los intereses de la salud mundial sin perjudicar los gastos en investigación, innovación y otros ámbitos. Pero creemos que las consideraciones de salud mundial deberían tener mucha más prioridad en el desarrollo de vacunas y medicamentos que hasta ahora. Por lo que sabemos, la investigación y el desarrollo de vacunas y medicamentos contra el ébola se vieron obstaculizados por la idea de que estas enfermedades víricas afectan a las regiones más pobres del mundo y no justifican el tiempo y el esfuerzo de las empresas, cuyo principal interés es el rendimiento de sus inversiones. Sin embargo, las plataformas permanentes introducirían otras prioridades en la investigación médica y las inversiones, en particular la salud mundial.
Además, esperamos recibir apoyo para reconstruir nuestra infraestructura sanitaria. En última instancia, las infraestructuras sanitarias nacionales son las primeras en responder ante un brote y deben poder resistir las amenazas víricas emergentes hasta que llegue la ayuda internacional. En Sierra Leona y en la región más amplia de África Occidental, esto supondría apoyo para establecer institutos nacionales de control de infecciones víricas o de salud pública con capacidad de refuerzo.
Sabemos que la respuesta actual al ébola es una respuesta de emergencia, pero la sostenibilidad debe integrarse en ella para permitirnos responder más rápidamente ante cualquier reaparición del ébola.
4. ¿Se pueden extraer del brote de ébola lecciones aplicables a crisis no médicas de alcance panregional y mundial?
Las crisis están ahora interconectadas, tanto entre regiones como entre sectores. Una crisis puede comenzar como una emergencia sanitaria, pero transformarse rápidamente en algo más y convertirse en una emergencia de seguridad, humanitaria, alimentaria y económica. Las crisis de seguridad y terrorismo en algunas zonas de Oriente Medio también son crisis sanitarias, humanitarias, alimentarias y económicas; el desastre natural que azotó Haití hace algunos años también fue una crisis de seguridad, salud, gobernanza y economía. Tampoco deberíamos considerar estas crisis exclusivamente regionales: sus efectos se extienden a otras regiones. Una región o un sector determinado puede desencadenar una crisis, pero cada vez más estas se extienden a otros sectores y regiones. Este enfoque debería orientar las respuestas internacionales a las crisis, incluidas las no médicas.
5. Está claro que la preocupación inmediata es detener la propagación de la tragedia humana, pero el ébola también dejará un legado económico en la región. ¿Cuál es su evaluación de las herramientas y la asistencia internacional necesarias para una recuperación económica sostenible?
Las perturbaciones económicas ya se están sintiendo. En Sierra Leona estábamos aplicando políticas que estaban convirtiendo al país en una de las economías de más rápido crecimiento del mundo cuando llegó el ébola. Antes del brote, la economía creció un 14 % en 2013 y se proyectaba un crecimiento del 11,3 % en 2014. Pero la perturbación de la agricultura, la minería, la manufactura, la construcción, el turismo y el transporte tras el brote de ébola ha dado lugar a una desaceleración prevista del crecimiento económico al 5 % en 2014. Esto supone una amenaza importante para los medios de vida, el desarrollo humano, la seguridad del Estado y la reducción de la pobreza. Con un déficit de ingresos estimado en 90 millones de dólares, las arcas del Gobierno se están agotando; y el déficit podría aumentar a 215 millones de dólares si la enfermedad no se contiene para principios del próximo año. Según nuestras proyecciones revisadas preliminares, el crecimiento económico se desacelerará al 5 % en 2014, frente al crecimiento del 11,3 % previsto.
Estamos elaborando un plan de recuperación posterior al ébola. El plan se basa en la necesidad de acelerar rápidamente la recuperación socioeconómica y reducir el sufrimiento causado por la enfermedad, así como de recuperar el camino hacia el desarrollo sostenible que nuestro país había trazado antes del brote de ébola.
Pero el Gobierno no puede garantizarlo sin un apoyo fiscal y de otro tipo sustancial por parte de la comunidad internacional. Se está abriendo una gran brecha fiscal y tenemos que cerrarla. Las empresas privadas, que están emergiendo como la columna vertebral de nuestra economía en términos de creación de empleo e ingresos públicos, se han visto muy afectadas y necesitan apoyo para recuperar plenamente su productividad. El Banco Mundial y otros grupos internacionales lo han reconocido y están proporcionando financiación para este fin. El 5 de noviembre, el Banco Mundial anunció un paquete de financiación comercial para permitir la recuperación del sector privado, el comercio, la inversión y la creación de empleo en los países más afectados por el brote de ébola. Esto es positivo, y se necesita más apoyo de este tipo, incluidas medidas para revertir las prohibiciones de vuelos internacionales que nos están perjudicando y para acabar con la estigmatización de nuestra región. El rápido desarrollo de una vacuna y una terapia es fundamental no solo para poner fin al sufrimiento actual, sino también para acabar con la estigmatización de nuestra región. Esto es necesario para garantizar el regreso de los inversores y del personal expatriado esencial, impulsar la creación de empleo y generar los ingresos necesarios para cerrar las brechas financieras y garantizar tasas de crecimiento sostenibles. Esto ayudaría a aumentar la inversión en atención sanitaria y otros servicios para mejorar los resultados del desarrollo humano y combatir futuros brotes de enfermedades víricas y de otro tipo.
Esta entrevista apareció originalmente en la edición de noviembre de Executive Note, un informe mensual de los Consejos de la Agenda Global del World Econonic Forum.
Autor: Ernest Bai Koroma es el presidente de Sierra Leona.
Imagen: Personal médico que trabaja con Médecins sans Frontières (MSF) se pone el equipo de protección antes de entrar en una zona de aislamiento del centro de tratamiento del ébola de MSF en Kailahun, el 20 de julio de 2014. REUTERS/Tommy Trenchard

