Es una ironía notable que India, que produce soluciones para muchos de los problemas de tecnología de la información más complejos a los que se enfrentan las mayores empresas del mundo, se haya beneficiado poco del progreso tecnológico. Afortunadamente para los ciudadanos de India, el primer ministro Narendra Modi pretende cambiarlo.
La brecha entre India y su homólogo asiático emergente, China, es considerable. Mientras que China ha creado el mayor bazar en línea del mundo y se ha convertido en líder mundial de las energías renovables, India apenas ha comenzado a explorar el potencial del comercio electrónico; la tecnología de la información sigue estando fuera del alcance de millones de pequeñas y medianas empresas, y la mayoría de los ciudadanos continúa al margen de la economía digital.
Para poner a India al día, el gobierno de Modi anunció en agosto una iniciativa digital nacional: una inversión de 1,13 billones de rupias (19.000 millones de dólares) para llevar comunicaciones de banda ancha a 250.000 aldeas, ofrecer acceso móvil universal, ampliar los servicios gubernamentales en línea y permitir la prestación en línea de todo tipo de servicios básicos. No hace falta decir que esto contribuirá enormemente a impulsar las ambiciones de India en materia de gobierno electrónico.
Las tendencias tecnológicas favorecen los objetivos de Modi. La rápida reducción de los costos y el aumento de las capacidades de rendimiento de una serie de tecnologías digitales —como Internet móvil, la computación en la nube y los sistemas expertos— hacen que su adopción a gran escala sea una posibilidad concreta en la próxima década, incluso en una India relativamente pobre.
Estas tecnologías digitales —junto con los avances en genómica (que impulsan la innovación agrícola y médica) y en energía no convencional (eólica, solar y petróleo y gas de esquisto)— permitirán la inclusión financiera de cientos de millones de indios y podrían redefinir la forma de prestar servicios como la educación, la distribución de alimentos y la atención de salud. Las investigaciones del McKinsey Global Institute indican que, para 2025, estos factores probablemente aportarán al menos 550.000 millones de dólares —y hasta 1 billón de dólares— a los ingresos anuales de India.
Los beneficios se distribuirían entre diversos sectores, incluso algunos que actualmente registran bajos niveles de adopción tecnológica. Las aplicaciones existentes en agricultura, atención de salud, educación e infraestructura podrían aportar en conjunto entre 160.000 y 280.000 millones de dólares al PIB anual y, lo que es más importante, empoderar a los indios de a pie.
De hecho, las innovaciones educativas —como el aprendizaje adaptativo y la enseñanza a distancia— podrían permitir que unos 24 millones de trabajadores recibieran más años de educación y encontraran empleos mejor remunerados. Los servicios financieros móviles darán a 300 millones de indios acceso al sistema financiero y les permitirán crear un historial crediticio. Y la agricultura de precisión —que utiliza sistemas de información geográfica y datos para orientar la siembra, el riego y otras actividades— puede ayudar a 90 millones de agricultores a aumentar su producción y reducir las pérdidas posteriores a la cosecha; el acceso oportuno a datos de mercado reforzaría sus ingresos.
Además, unos 400 millones de indios de zonas rurales pobres podrían acceder a una mejor atención de salud en clínicas sobre el terreno, donde los trabajadores sanitarios pueden diagnosticar y tratar algunas dolencias con herramientas de diagnóstico de bajo costo, software experto y conexiones en línea con médicos. Por último, al digitalizar servicios gubernamentales, como los programas de distribución de alimentos para las personas pobres, India podría eliminar las pérdidas que, según nuestras estimaciones, desvían la mitad de los alimentos de sus destinatarios previstos.
Para aprovechar plenamente el potencial de estas tecnologías, India tendrá que eliminar las barreras a su adopción. El Índice de Barreras de Internet de McKinsey, que abarca 25 países, clasifica a India dentro de un grupo —junto con Egipto, Indonesia, Tailandia y Filipinas— caracterizado por barreras de nivel medio a alto en cuatro áreas clave: infraestructura, asequibilidad, incentivos y capacidades.
Aunque los precios de los dispositivos y los planes de datos son bajos en comparación con los del resto del mundo, el acceso a Internet en India sigue estando fuera del alcance de cerca de mil millones de personas. Además, la cobertura de la red y la infraestructura conexa siguen siendo inadecuadas, sobre todo en las zonas rurales. Y, aunque el 48% de los indios urbanos sabe utilizar computadoras, solo el 14% de los indios rurales puede hacerlo con eficiencia.
Los responsables de formular políticas en India deberían colaborar con la industria tecnológica del país y otros actores del sector privado para aplicar medidas que permitan la adopción de tecnología. Entre ellas figuran garantizar la inversión continua en redes troncales de banda ancha, establecer estándares de interoperabilidad y crear un entorno propicio para los dispositivos de bajo costo.
Para impulsar el crecimiento de la prestación de servicios en línea, las autoridades también deben abordar desafíos más amplios al emprendimiento, como los engorrosos trámites de India para crear nuevas empresas. Además, como demuestra claramente la experiencia del sector de telefonía móvil de India, ampliar la escala para lograr un impacto masivo exige algo más que innovación de empresas emergentes: también requiere un entorno regulatorio caracterizado por un enfoque liberal en materia de precios, fabricación y distribución.
Mantener los beneficios de la adopción tecnológica y la innovación exigirá inversión continua y ajustes para compensar sus efectos disruptivos. Por ejemplo, la automatización del trabajo del conocimiento —el software y los sistemas cada vez más capaces de realizar tareas humanas que requieren juicio— podría afectar entre 19 y 29 millones de empleos para 2025. La tecnología puede ayudar a crear empleos nuevos —y quizá mejores— para sustituir los que se pierdan, pero solo si los sistemas de educación y formación de India preparan adecuadamente a los trabajadores.
Con una planificación cuidadosa, una colaboración productiva entre instituciones públicas y privadas y una ejecución competente, el gobierno de India puede despejar el camino para el progreso tecnológico. No se pueden exagerar los beneficios sociales y económicos de una estrategia exitosa.
Este artículo se publica en colaboración con Project Syndicate. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autores: Anu Madgavkar es investigadora sénior del McKinsey Global Institute. Raghunath A. Mashelkar es presidente de Global Research Alliance y presidente de la National Innovation Foundation de India.
Imagen: Vehículos circulan por Connaught Place, en Nueva Delhi, durante las horas de la tarde del 28 de octubre de 2014. REUTERS.


