Cómo los jóvenes de Sri Lanka se mantienen alerta ante otro tsunami

Cómo los jóvenes de Sri Lanka se mantienen alerta ante otro tsunami
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Cuando el tsunami del océano Índico llegó a la costa el 26 de diciembre de 2004, Supunsara Methmani tenía apenas ocho años. Pero los recuerdos siguen frescos en su memoria.

«Fue como un gran muro blanco, maligno, que se abalanzó sobre nosotros», dijo Methmani, ahora de 18 años. Recuerda que corrió a un templo de su pueblo, Peraliya, y esperó con temor hasta que las aguas retrocedieron.

Luego volvió caminando a la playa y encontró todo destruido, además del horror de un tren de ocho vagones derribado por la enorme ola, con más de 1.000 cuerpos atrapados en su interior.

«La gente no sabía; nadie sabía qué era ni cómo ponerse a salvo», dijo Amini Ashanki, una mujer de 20 años del mismo pueblo, situado a unos 90 km al sur de la capital, Colombo.

Sin embargo, escapar de las olas mortíferas no habría sido difícil si la gente hubiera recibido una advertencia adecuada. El tsunami, generado por un potente terremoto submarino al noroeste de Indonesia, tardó más de dos horas y media en llegar a las costas del sur de Sri Lanka.

Menos de un mes después de la tragedia, unos 20 jóvenes de Peraliya formaron un grupo comunitario para alertar a sus vecinos sobre peligros como los tsunamis y ayudar en las labores de limpieza.

Con el apoyo de donantes particulares —entre ellos, una australiana llamada Alison Johnson y Noel Wijesekera, un médico de Sri Lanka que vivía en la zona en aquel momento—, el grupo creó el Centro Comunitario de Alerta Temprana de Peraliya.

«Nuestro objetivo era mantener a la gente informada sobre posibles peligros», dijo Roshan Waduthantri, gerente del centro.

Johnson y Wijesekera vigilaban sistemas mundiales de información sobre desastres, como el Centro de Alerta de Tsunamis del Pacífico, con sede en EE. UU., e informaban a la red local de voluntarios sobre cualquier peligro para Sri Lanka.

«Al principio, todo consistía en difundir el mensaje de boca en boca», dijo Waduthantri.

Servicio las 24 horas, los 7 días de la semana

En la última década, el centro ha crecido desde sus humildes comienzos. Funciona con un presupuesto de unos 700 dólares al mes, financiado por Johnson, y ahora cuenta con un equipo fijo de ocho personas y una pequeña oficina cerca de la costa, con acceso a internet y atendida las 24 horas.

Y, lo que es más importante, ha instalado nueve sistemas de megafonía en el pueblo, con altavoces montados en postes de hierro, y ha creado una red de cientos de jóvenes voluntarios.

Un nuevo plan mundial para reducir el riesgo de desastres, cuya aprobación está prevista en Japón este mes, establecerá que se debe dar a los niños y jóvenes el espacio y los medios para contribuir a mantener seguras sus comunidades. cuya aprobación está prevista en Japón este mes, establecerá que se debe dar a los niños y jóvenes el espacio y los medios para contribuir a mantener seguras sus comunidades.

En Peraliya, los jóvenes difunden las alertas de tsunamis y tormentas cuando la oficina las recibe, ya sea mediante el sistema de megafonía para avisos generales o por teléfono móvil para enviar mensajes más específicos, por ejemplo, a los pescadores.

«La red juvenil es lo más importante para nosotros por su alcance y su influencia», dijo Waduthantri.

Hace unos seis meses, el centro puso en marcha un Grupo de Jóvenes Voluntarios para la Resiliencia, que cuenta hasta ahora con 574 miembros y organiza reuniones comunitarias para concienciar sobre las condiciones meteorológicas extremas y los patrones climáticos cambiantes.

Una nueva conciencia meteorológica

Desde que el tsunami trajo la catástrofe a la comunidad, ha aumentado el interés por otros tipos de peligros naturales, como las tormentas. Ashanki dijo que cada vez más personas de su pueblo prestaban atención a los riesgos meteorológicos.

«Cuando éramos pequeños, aprendíamos sobre el tiempo en la escuela y solo nos acordábamos si aparecía como pregunta en un examen», dijo. «El tsunami lo cambió todo: ahora solo un necio diría que el tiempo no afecta nuestra vida cotidiana».

El tsunami fue una llamada de atención que obligó a la gente a comprender lo peligrosa que puede ser la naturaleza, explicó. Desde entonces, la zona ha sufrido tormentas frecuentes e inundaciones repentinas, que han hecho difícil ignorar los fenómenos meteorológicos extremos.

Como Peraliya es un pueblo pesquero, los pescadores de la zona contactan regularmente con el centro y sus voluntarios para pedir información meteorológica. Esta se ha vuelto invaluable a medida que los cambios climáticos hacen que la temporada del monzón sea cada vez más imprevisible.

En noviembre de 2011, 29 personas murieron en la Provincia Meridional de Sri Lanka cuando vientos huracanados sorprendieron a la costa sin previo aviso.

En julio de 2013, más de 70 personas murieron a causa de los fuertes vientos en la misma región, cuando el inicio del monzón anual del suroeste llegó antes de lo previsto.

Una comunidad que actúa con rapidez

Según los jóvenes voluntarios, desastres locales como estos refuerzan el valor de las redes comunitarias capaces de actuar con rapidez.

«En 2004, si hubiéramos contado con los conocimientos y la sencilla red que tenemos ahora, ¿quién sabe cuántas vidas podríamos haber salvado?», dijo Methmani, mientras familiares de las víctimas del tsunami depositaban flores en una fosa común, 10 años después de la tragedia.

El sistema de Peraliya destaca por ser una iniciativa local, según los expertos.

«En Sri Lanka, los grupos “comunitarios” casi siempre se crean por intervención externa, normalmente del Gobierno o de la Cruz Roja», dijo Sarath Lal Kumara, subdirector del Centro de Gestión de Desastres (DMC, por sus siglas en inglés), la principal agencia gubernamental encargada de supervisar las labores de prevención y respuesta ante desastres.

El DMC ha creado grupos a nivel de aldea en lugares de alto riesgo, y la Cruz Roja también cuenta con redes de voluntarios a nivel de distrito que ayudan con las evacuaciones y otras medidas de protección.

«La participación de la comunidad resulta realmente eficaz porque puede iniciar acciones mucho más rápido que cuando las organizamos nosotros desde Colombo», dijo Kumara. «Pero para que eso ocurra, necesitamos fomentar una mayor concienciación en toda la comunidad».

Este artículo se publica en colaboración con Thomson Reuters Foundation. La publicación no implica el respaldo del Foro Económico Mundial a las opiniones expresadas.

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Autor: Amantha Perera es colaborador independiente de Thomson Reuters Foundation.

Imagen: Un monje novicio cerca de la playa tras participar en actos conmemorativos del tsunami el 26 de diciembre de 2014 en Peraliya, al sur de Sri Lanka. TRF/Amantha Perera

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