3 hechos alarmantes que revelan una desconexión total en la atención sanitaria

La falta de acceso a la atención sanitaria es el mayor desafío que enfrentan los pacientes desfavorecidos.
La falta de acceso a la atención sanitaria es el mayor desafío que enfrentan los pacientes desfavorecidos.Image: REUTERS/Jayanta Dey
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Es lamentable que, pese a décadas de desarrollo de la infraestructura sanitaria, Salud para todos siga siendo solo un eslogan. En todo el mundo hay programas públicos de salud, creados con un enorme coste, destinados a todas las personas y disponibles para todas. Hay ONG, organismos internacionales y gobiernos centrados en la salud. El Banco Mundial, el Fondo Mundial y los organismos de ayuda internacional han invertido miles de millones de dólares en programas de salud.

El personal sanitario de todo el mundo ha logrado llegar a zonas de guerra y conflicto, atendiendo sin descanso a las personas pobres, a menudo con gran riesgo para sus propias vidas. A pesar de ello, los indicadores de salud son pésimos en todo el mundo, y aún peores en las comunidades marginadas, como muestran los tres hechos siguientes:

1. 20 millones de bebés en todo el mundo siguen sin recibir vacunas básicas. Esto ocurre pese a la amplia disponibilidad de programas universales de inmunización, mediante los cuales se ofrecen vacunas gratuitas a todas las personas. Lamentablemente, solo en la India, el 40% de los niños no está inmunizado, aunque hay vacunas gratuitas en 700.000 centros repartidos por todo el país, en pueblos, barrios marginales, montañas y desiertos.

2. 1.000 millones de mujeres y niños padecen anemia y otras carencias nutricionales. Mientras tanto, 800 millones de personas en el mundo se acuestan con hambre cada noche. Esto resulta realmente sorprendente, dado que las redes internacionales de bancos de alimentos afirman que en el planeta hay más comida de la que necesitamos.

3. 10 millones de personas contraen tuberculosis (TB) cada año. Pero lo cierto es que la TB es curable. Es simplemente una enfermedad infecciosa, y los medicamentos, las pruebas diagnósticas y los servicios de médicos especialistas están disponibles gratuitamente a través de programas gubernamentales. Con tantos casos nuevos cada año, una enfermedad curable se ha convertido en una pandemia mundial.

La historia se repite en todo el mundo. La falta de acceso a la atención sanitaria es el mayor desafío que enfrentan los pacientes desfavorecidos. Por un lado, contamos con excelentes programas de salud bienintencionados, todos gratuitos; por otro, hay pacientes marginados por la sociedad, que viven lejos de la infraestructura sanitaria existente y a menudo conviven con la vergüenza y el miedo. Hay una desconexión total.

La enorme brecha entre los programas gubernamentales y las comunidades desfavorecidas es la razón por la que no pudimos alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio de salud para todos y erradicación de la pobreza. Y esta es, una vez más, la razón por la que alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible podría convertirse en un sueño lejano.

Imagen: Operation ASHA

La brecha en el tratamiento de la TB

Permítanme explicarlo en detalle con el ejemplo de la TB. Los pacientes deben acudir todos los días durante seis meses a un centro designado y tomar su medicamento a diario en presencia de un profesional sanitario capacitado. No se entregan medicamentos para tomarlos en casa. Si los centros de tratamiento están a kilómetros de distancia y abren en horarios poco convenientes, recibir tratamiento se convierte en un desafío insuperable. Como es natural, los pacientes prefieren trabajar y ganar un salario para alimentar a sus familias, en lugar de perder tiempo y dinero para recibir tratamiento contra la TB, por lo que siguen sufriendo e infectando a otras personas. Y cuando no hay trabajo, ¿de dónde sale el dinero para el autobús?

Este es un ejemplo de una brecha física. Pero hay otras brechas —psicológicas, emocionales y económicas— que deben abordarse. El miedo, la vergüenza y la vacilación son, con diferencia, las mayores barreras psicológicas. En 2005 fundé mi ONG, Operation ASHA, precisamente por esta razón: para llevar atención sanitaria a domicilio a quienes se encuentran en la base de la pirámide. Lo que ha hecho Operation ASHA es construir el esquivo último tramo de la red, llegando hasta el corazón de zonas desfavorecidas, lugares remotos y geografías difíciles. Incluso atendemos a las personas más pobres entre las pobres: las comunidades tribales. En estas comunidades se producen muertes por inanición, y la incidencia de enfermedades es varias veces mayor que en el resto del país.

Llegar hasta el último tramo

Contratamos y capacitamos a personas desfavorecidas de las comunidades locales y las empoderamos con tecnología. Colaboramos con los gobiernos, que nos proporcionan medicamentos, pruebas diagnósticas y servicios médicos gratuitos. Utilizamos la infraestructura gubernamental existente, lo que ofrece al donante un apalancamiento del 100%. Resolvemos el problema del último tramo al establecer centros de tratamiento en barrios marginales y asentamientos precarios, abiertos desde temprano por la mañana hasta entrada la noche, para que nadie tenga que faltar al trabajo ni dejar de ganar un salario para recibir sus medicamentos. Cuando los pacientes están dispersos, nuestro personal sanitario llega hasta sus puertas en bicicleta, motocicleta e incluso en barco. El personal sanitario utiliza eCompliance, el dispositivo biométrico de huellas dactilares creado por Microsoft Research, que garantiza que se tome cada dosis y evita que el tratamiento quede incompleto.

Atendemos a cerca de 18 millones de personas en la India y Camboya. Estamos presentes en Afganistán, devastado por la guerra, donde realizamos el 8% del trabajo del país contra la TB en colaboración con el programa nacional de TB y una ONG local. En Camboya comenzamos a trabajar hace seis años y tratamos al 18% de todos los pacientes. Terceros han replicado este modelo en Uganda, Kenia, Perú, República Dominicana e incluso Tanzania.

El mundo ha vencido enfermedades que acabaron con poblaciones enteras, como la viruela y la peste. Ahora debemos comprometernos. Debemos identificar los mejores modelos y ampliarlos. Modelos eficaces, de bajo coste y gran impacto, escalables y replicables, que midan los resultados y el impacto. Utilicémoslos para garantizar soluciones a domicilio que mejoren el acceso a la salud y proporcionen agua potable, alimentos suficientes e inmunización. Nuestros últimos tramos deben llegar más lejos, ser más sólidos, amplios, eficaces, eficientes y omnipresentes. Solo entonces cumpliremos nuestra misión: salud para todos. Este es el único camino a seguir.

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