Los medicamentos veterinarios falsificados amenazan al ganado africano y los medios de vida
Para millones de propietarios de ganado en toda África, una enfermedad en el rebaño puede significar dificultades o incluso la ruina. Por eso, el acceso a tratamientos veterinarios eficaces es esencial para los medios de vida de muchas personas.
Muchos factores pueden dificultar el acceso a un buen tratamiento, como la escasez de veterinarios y el alto costo de la atención. Para empeorar las cosas, los medicamentos falsificados o de calidad inferior han penetrado en muchos mercados y, a menudo, son difíciles de distinguir de los auténticos. Mientras las autoridades reguladoras se apresuran a ponerse al día con este problema, los propietarios de ganado deben encontrar sus propias maneras de afrontarlo.
La calidad de los medicamentos para seres humanos ha sido durante mucho tiempo un importante problema de salud pública, sobre todo en los países en desarrollo. A veces se venden productos con poco o ningún principio activo, o sin un etiquetado correcto; en ocasiones, imitan el empaque de empresas conocidas. Estos engaños pueden ser tan simples como que un tendero diluya medicamentos embotellados, o implicar sofisticadas redes delictivas internacionales.
Es difícil determinar la verdadera magnitud del problema, aunque algunas investigaciones indican que los medicamentos falsificados y de calidad inferior representan una proporción considerable de todos los que se venden en el mundo y constituyen una industria de miles de millones de dólares.
Un problema de 400 millones de dólares
En la última década, ha habido esfuerzos impresionantes para abordar el problema de la calidad de los medicamentos para seres humanos. Sin embargo, la cuestión de la seguridad de los medicamentos veterinarios sigue estando en gran medida fuera del radar.
La Federación Internacional para la Salud Animal estima que el comercio de medicamentos de calidad inferior y no registrados en África asciende a 400 millones de dólares estadounidenses al año, el mismo tamaño que el mercado oficial. Los fabricantes, vendedores y clientes con quienes he hablado creen que el problema existe desde hace décadas, pero ha empeorado mucho en los últimos cinco a diez años.
Algunas investigaciones han intentado estimar la calidad de los medicamentos que tratan la tripanosomiasis y otras enfermedades animales. Pero sigue siendo frustrantemente difícil obtener una visión clara del problema. Esto se debe en parte a que es difícil analizar la calidad de los medicamentos: incluso donde hay instalaciones, analizar una sola muestra puede costar varios cientos de dólares estadounidenses.
¿Los propietarios rurales de ganado, una consideración secundaria?
Dado el considerable progreso logrado en la limpieza del mercado de medicamentos para seres humanos, ¿por qué se ha quedado atrás el problema de los medicamentos veterinarios en África? Una razón es que, desde la década de 1980, los servicios veterinarios públicos de muchos países africanos se han reducido considerablemente. Este declive ha tenido consecuencias de gran alcance, entre ellas la pérdida de una red de veterinarios bien situada para identificar y denunciar productos sospechosos.
En términos más generales, la retirada de los servicios veterinarios públicos significa que muchos propietarios de ganado se ven obligados a improvisar para cuidar de sus animales. Las enfermedades deben abordarse con una combinación de veterinarios privados, «paraveterinarios» y trabajadores pecuarios (con niveles de formación variables), además de los conocimientos locales.
En este salvaje territorio sin reglas, muchas cosas pueden salir mal: las enfermedades con síntomas similares pueden diagnosticarse erróneamente con facilidad, se pueden cometer errores al calcular correctamente las dosis, tarea complicada, e incluso los medicamentos de buena calidad pueden quedar inutilizados si se almacenan de forma incorrecta o se usan después de su fecha de vencimiento. Por ello, los medicamentos falsificados o de calidad inferior son solo una de las muchas causas posibles del fracaso del tratamiento, lo que dificulta demostrar de manera concluyente que un lote concreto de medicamentos es de calidad inferior.
Hacerlo por cuenta propia
Mi propia investigación con pastores fulani en la zona central de Nigeria demuestra que los propietarios de ganado son plenamente conscientes de la presencia de productos sospechosos. Los clientes no siempre pueden identificarlos de manera fiable: una pastilla falsa no se desarma por las costuras como un par de Levi’s falso. En cambio, experimentan sistemáticamente con pequeñas cantidades de varios medicamentos para identificar los eficaces y los usan en combinaciones cuidadosas para evitar el riesgo de que falle un solo producto.
Las élites urbanas nigerianas suelen hablar de los propietarios de ganado fulani con cierto tono condescendiente. Pero los fulani están lejos de ser víctimas pasivas: aprovechar sus conocimientos especializados y sus esfuerzos por obtener tratamientos de buena calidad sería un buen punto de partida para las autoridades reguladoras y veterinarias.
Soluciones: medidas flexibles y estrictas
Para abordar el problema de la calidad de los medicamentos para seres humanos en Nigeria, la Agencia Nacional de Administración y Control de Alimentos y Medicamentos (NAFDAC, por sus siglas en inglés) ha seguido una estrategia intransigente de enjuiciamientos y decomisos e incineraciones de medicamentos ampliamente publicitados. Aunque estos esfuerzos han sido merecidamente elogiados, mejorar la seguridad de los medicamentos veterinarios quizá requiera un enfoque distinto. En Nigeria, muchas personas recetan y venden medicamentos veterinarios sin las licencias necesarias, pero serviría de poco enjuiciar duramente a esos vendedores cuando el apoyo y la regulación gubernamentales han sido ineficaces durante tanto tiempo.
Un enfoque mejor podría dar prioridad a la formación tanto de los vendedores como de los clientes de medicamentos, junto con licencias e investigaciones más rigurosas. En 2013, la NAFDAC puso en marcha una nueva dirección de productos veterinarios y animales para abordar estas cuestiones, lo que, junto con la buena reputación de la agencia, es motivo de optimismo.
Urge realizar más investigaciones en todo el continente, encontrar formas más económicas de analizar los medicamentos y, sobre todo, aprovechar mejor los conocimientos y las habilidades de los propios propietarios de ganado.
Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Pete Kingsley es investigador asociado en el Centro de Estudios Africanos de la Universidad de Edimburgo.
Imagen: Ganado descansa a las afueras del matadero de la ciudad de Kampala, en Uganda, donde los residuos del sacrificio se están transformando en biogás. THOMSON REUTERS FOUNDATION/Sophie Mbugua

