China es ahora el mayor importador y consumidor de productos de madera del mundo. Su próspero mercado interno es el principal motor del crecimiento de las importaciones, aunque el país también se ha convertido en el centro de transformación de madera más importante del mundo. En 2013, las importaciones chinas de productos del sector maderero ascendieron a 94 millones de metros cúbicos, más del triple que en 2000, mientras que las exportaciones fueron de 53 millones de metros cúbicos, casi cinco veces lo que eran 13 años antes.
Este cambio en la demanda mundial se ha reflejado inevitablemente en una transformación de los patrones de oferta. Las exportaciones de madera de nueve países productores clave incluidos en un nuevo informe de Chatham House casi se triplicaron entre 2000 y 2013, hasta 32 millones de metros cúbicos. Las exportaciones a China representan ahora el 23 % del total combinado de estos nueve países, frente al 10 % en 2000.
Estos cambios no solo son significativos para China y sus proveedores. Tienen efectos colaterales en todo el mercado mundial. Quizás lo más importante es que la creciente importancia de China significa que los denominados mercados sensibles, como la UE y EE. UU., son menos relevantes para los productores, y sus políticas progresistas tienen menos influencia.
Por ejemplo, entre 2000 y 2013, la proporción de las exportaciones de Ghana a la UE y a EE. UU. descendió del 75 % al 35 %, mientras que los envíos a China pasaron del 1 % al 20 %. En el mismo periodo, la proporción de las exportaciones de Camerún a la UE disminuyó del 70 % al 40 %, mientras que las exportaciones a China aumentaron del 5 % al 40 %.
China aplica controles a las importaciones menos estrictos que la mayoría de los países occidentales y dispone de incentivos limitados para fomentar el abastecimiento sostenible. Como resultado, el progreso mundial en la lucha contra la tala ilegal se ha ralentizado considerablemente. De hecho, el volumen total de importaciones ilegales de madera en 10 países clave de transformación y consumo aumentó en realidad en 10 millones de metros cúbicos entre 2000 y 2013, hasta 60 millones de metros cúbicos, lo que supone un aumento de casi 8.000 millones de dólares en términos de valor.
Casi todo este incremento se debió al aumento de las importaciones ilegales a China, que prácticamente se duplicaron en volumen durante este periodo. India y Vietnam también registraron un crecimiento significativo de las importaciones ilegales de madera, mientras que en todos los demás países estudiados el volumen de importaciones descendió o se mantuvo más o menos en el mismo nivel. No obstante, cabe destacar que, en el mismo periodo, el comercio ilegal como proporción del total disminuyó en casi todos los países, incluida China, donde la proporción de importaciones ilegales pasó del 26 % al 17 %.
La creciente importancia de China como centro de transformación también afecta a los niveles de importaciones ilegales en otros países consumidores. Según las investigaciones de Chatham House, el volumen total de productos chinos ilegales importados en siete países consumidores clave se multiplicó por más de dos entre 2000 y 2013. Esto fue especialmente notable en el Reino Unido y EE. UU., donde China representa ahora más del 60 % del volumen de importaciones ilegales.
También se ha producido un cambio en la importancia relativa de los tipos de productos comercializados. China importa ahora grandes cantidades de madera sin procesar y exporta productos transformados, como paneles, carpintería y muebles. Esto es uno de los diversos cambios que dificultan cada vez más el rastreo y la certificación de la legalidad de la madera.
Las tendencias señaladas anteriormente demuestran la necesidad de que China haga más para abordar el problema de las importaciones ilegales, y de que otros países partidarios de la reforma se impliquen con China en reconocimiento de su creciente papel.
Para ser justos, China ya ha dado algunos pasos hacia la reforma, como la mejora de la cooperación internacional y la promoción de la certificación de sostenibilidad entre sus empresas. Sin embargo, la mayoría de los esfuerzos siguen siendo voluntarios y China va por detrás de otros grandes países importadores de madera en la lucha contra el problema. Y lo que es más grave, no existe legislación que prohíba la importación de productos de madera ilegales ni un plan de acción nacional.
Nuevas restricciones necesarias
Para cerrar la brecha, el gobierno debería finalizar y aplicar el proyecto de sistema nacional de verificación de la legalidad de la madera que ya existe. También debería reforzar su propia política de contratación pública y ampliar la formación de las empresas sobre cómo evitar la importación de madera ilegal. Las iniciativas de reforma de la UE y de EE. UU., en particular, han logrado éxitos clave de los que China podría aprender.
También deberían continuar los trabajos para promover el comercio y la inversión en productos forestales sostenibles, y las iniciativas de sensibilización deberían extenderse al público general para aumentar la demanda de productos legales verificados.
Cooperando con socios internacionales, alentando a foros regionales como la ASEAN a abordar la cuestión y situando el tema en la agenda del G20, China podría colocarse a la vanguardia de los esfuerzos para combatir la tala ilegal. En un momento crítico para las cumbres internacionales, esto también ayudaría a impulsar el progreso en materia de cambio climático y de desarrollo sostenible en general, en beneficio de todos.
Este artículo se publica en colaboración con Chatham House. La publicación no implica el respaldo de las opiniones por parte del Foro Económico Mundial.
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Autoría: Alison Hoare es investigadora sénior de Chatham House, con experiencia en gobernanza forestal, uso de recursos naturales y silvicultura comunitaria.
Imagen: Un trabajador sube sobre pilas de troncos en un almacén de madera en Shenyang, provincia de Liaoning. REUTERS/Sheng Li

