En las últimas tres décadas, China ha logrado sacar de la pobreza a más de 500 millones de personas. Durante muchos años, la estrategia gubernamental de alivio de la pobreza se centró en garantizar que todas las personas tuvieran acceso a alimentos suficientes. Impulsada por el rápido desarrollo económico y la urbanización, China es hoy uno de los mayores productores y consumidores de productos agrícolas del mundo.
Ahora, el Gobierno chino ha centrado su atención en hacer más seguro el suministro de alimentos del país. La cuestión ha adquirido tal importancia que, en palabras del presidente Xi Jinping: «Que podamos ofrecer a la población una solución satisfactoria en materia de inocuidad alimentaria es una prueba importante de nuestra capacidad de gobernanza».
Según una encuesta publicada en marzo de 2015, más del 77 por ciento de los encuestados situó la inocuidad alimentaria como el aspecto más importante de la calidad de vida. La contaminación ambiental, que los expertos consideran una de las causas de los problemas de inocuidad alimentaria de China, fue otro de los principales motivos de preocupación de la población.
Los chinos conceden gran importancia a los alimentos, más allá de sus características nutricionales, debido a los recuerdos históricos de la hambruna. La comida también es símbolo de orgullo y distinción regional, así como una muestra de respeto hacia los invitados.
Tradicionalmente, los chinos creen que cada tipo de alimento tiene propiedades medicinales específicas. El jengibre cura el resfriado, el ajo detiene la diarrea, las espinacas son buenas para la sangre, las nueces son buenas para el cerebro, la pera alivia la tos, etc. Cuando se está en China, es imposible evitar las historias sobre cómo añadir un alimento específico a la dieta de alguien ayudó a curar una enfermedad. Por ello, es comprensible que los chinos concedan tanta importancia a la inocuidad alimentaria. Los alimentos contaminados o no inocuos amenazan la salud pública y también pueden socavar la estabilidad social y la identidad cultural.
Las causas profundas de los problemas de inocuidad alimentaria de China radican en el rápido desarrollo del país. China ha experimentado un crecimiento sin precedentes en las últimas décadas y ahora es la segunda economía más grande del mundo. Una expansión tan rápida ha generado efectos positivos y negativos. El auge industrial, junto con la expansión urbana y el desarrollo de infraestructuras, ejerció una presión considerable sobre los recursos terrestres e hídricos. A largo plazo, esa presión podría limitar la capacidad de producir más alimentos.
El crecimiento industrial aumentó la contaminación del suelo y del agua causada por las emisiones y los residuos. Un estudio concluyó que alrededor del 20 por ciento de los suelos productivos de China presenta niveles excesivos de metales pesados. La contaminación del suelo y del agua es potencialmente la principal causa de los problemas de inocuidad alimentaria en China, pues afecta directamente a la producción de alimentos.
Mientras tanto, el aumento de los ingresos y la rápida urbanización generan una mayor demanda de alimentos. Business Monitor International predice que el consumo de alimentos crecerá a una tasa anual compuesta del 9,1 por ciento durante los próximos cinco años, muy por encima de la tasa de crecimiento prevista para la economía en general. La compleja estructura de la agricultura china, dominada por casi 300 millones de pequeños agricultores, dificulta especialmente el control de la inocuidad en la cadena de suministro alimentario.
Tras varios episodios de gran repercusión relacionados con la inocuidad alimentaria, el Gobierno emprendió una ambiciosa reforma institucional para consolidar la autoridad en materia de inocuidad alimentaria y reforzar la supervisión de la cadena de valor alimentaria. La nueva Administración de Alimentos y Medicamentos de China (CFDA) se ha convertido tanto en un campo de prueba para nuevas ideas como en la entidad encargada de aplicar una supervisión estricta. Está adoptando enfoques modernos para controlar la inocuidad alimentaria e invirtiendo en infraestructura y capacitación del personal.Por su parte, los «cibernautas» de China se han convertido en denunciantes de los problemas de inocuidad alimentaria. La mayor difusión de estos problemas y la disposición del Gobierno a abordarlos han creado un entorno propicio para las reformas.
La Alianza Global para la Inocuidad Alimentaria y el Grupo Banco Mundial colaboran con la CFDA desde su creación en 2013 para aprovechar los mejores conocimientos especializados internacionales en las reformas de inocuidad alimentaria en China. Nuestro trabajo se ha centrado en apoyar a los organismos reguladores chinos para que identifiquen los desafíos institucionales y de capacidad que deben abordarse a fin de mejorar el sistema de control de la inocuidad alimentaria. En un futuro próximo, centraremos nuestros esfuerzos en dos cuestiones clave identificadas mediante encuestas realizadas en tres provincias: 1) la necesidad de pasar gradualmente a realizar pruebas e inspecciones sobre cómo se producen los alimentos a lo largo de toda la cadena de valor, en lugar de examinar únicamente el producto final; y 2) la necesidad de centrarse en las fuentes de contaminación en el origen de la cadena alimentaria, como el agua, el suelo y el aire, en vez de hacerlo al final.
Este artículo se publicó originalmente en el blog Voces del Banco Mundial. Su publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
Para mantenerse al día con la Agenda, suscríbase a nuestro boletín semanal.
Autor: Artavazd Hakobyan es especialista en inocuidad alimentaria en la Práctica Global de Agricultura y en la Alianza Global para la Inocuidad Alimentaria.
Imagen: Clientes eligen productos en un supermercado de Lianyungang, provincia de Jiangsu, el 9 de febrero de 2015. REUTERS/Stringer.


