City Press, de Sudáfrica, informa de que la empresa turca Karadeniz Energy Group se ha ofrecido a ayudar a resolver los problemas energéticos de Sudáfrica suministrándole sus Powerships.
Algunos países africanos, como Ghana, obtienen electricidad de los Powerships, centrales eléctricas flotantes que se conectan a la red y funcionan con petróleo o gas.
Si esto demuestra algo, es hasta qué punto la escasez de energía en África frustra y frena el desarrollo. Los cortes pueden ser tan constantes que casi se convierten en algo normal, y la gente reorganiza su vida en torno a la falta de electricidad. De hecho, un país como Nigeria logró (sorprendentemente) convertirse en la mayor economía de África produciendo solo el 1,5 % de la energía que necesita.
Pero analizar las cifras pone de relieve la desalentadora escasez y muestra también el inmenso potencial latente del continente.
Un solo estadio de fútbol americano en Dallas (Texas) consume durante un partido la misma cantidad de energía que todo el país de Liberia en un día.
En el África subsahariana, el 75 % de la población y el 30 % de los centros sanitarios, incluidos hospitales y laboratorios, no tienen electricidad. Menos del 2 % de la población rural de Chad, Etiopía, Malaui y Níger tiene acceso a la electricidad.
Ocho cinco por ciento de los africanos rurales deben quemar biomasa, como leña y carbón vegetal, para obtener combustible, lo que pone en riesgo su propia salud y la del medio ambiente. Según algunas estimaciones, las mujeres gastan el 40 % de su ingesta calórica diaria en buscar combustible y agua, y el efecto acumulado de tener que dedicar todo ese tiempo a recoger combustible frena la educación y el empoderamiento personal.
Estas cifras son desalentadoras, pero hay otras que dan esperanza, sobre todo en lo que respecta a las energías verdes. El potencial de África en energía eólica es enorme: solo el viento de Sudán podría suministrar la energía necesaria para cubrir el 90 % de las necesidades energéticas del país.
El Gran Valle del Rift, en África Oriental, podría generar 9000 MW de energía geotérmica. Muchas zonas del África subsahariana registran una radiación solar diaria de entre 4 kWh y 6 kWh por metro cuadrado; por encima de 3 kWh hay cielos despejados y sol intenso, lo que se considera un potencial alto para la generación solar fotovoltaica. Solo se explota el 5 % del potencial hidroeléctrico de África.
Esto sitúa a África en una posición única para estar a la vanguardia de la revolución de las energías verdes, desde la hidroelectricidad hasta la energía solar y la eólica.
Es probable que la demanda de electricidad se multiplique por seis de aquí a 2050, tanto por el crecimiento demográfico y la mayor urbanización como porque se libera la «demanda reprimida». África representa apenas el 4 % de la demanda mundial de electricidad, pero eso se debe en gran medida a que la gente ha aprendido a vivir sin ella, de modo que su demanda está suprimida. Pero cuanta más electricidad esté disponible, más la utilizará la gente.
África produce el 11 % del petróleo mundial, el 6 % del gas natural y el 4 % del carbón. Seis de los 30 principales productores de energía tienen su sede en África.
Pero gran parte de esta energía se exporta en lugar de utilizarse para alimentar a África: el 90 % del petróleo nigeriano se exporta a países no africanos, mientras que Nigeria importa cerca del 70 % de los productos petrolíferos refinados que necesita para cubrir sus necesidades internas.
El país dispone actualmente de cuatro refinerías de petróleo con una capacidad total de procesamiento de unos 445 000 barriles diarios, pero funcionan por debajo de su capacidad. El comercio regional de energía ahorraría a África 2000 millones de dólares al año y la haría más autosuficiente en materia energética.
Pero para cambiar la desalentadora historia de África se necesitará un liderazgo visionario, tanto en el ámbito gubernamental como en el empresarial. En Europa y América, los emprendedores asumieron riesgos e invirtieron su dinero en electricidad, ferrocarriles y fibra óptica y, con el respaldo del Gobierno, sentaron las bases de infraestructura que impulsaron sus economías hacia la prosperidad. Se necesitan en África las mismas formas de colaboración público-privada.
El déficit de financiación es enorme. África necesita más de 300 000 millones de dólares en capital de inversión para lograr el acceso universal a la electricidad para 2030. Aun así, con muy poco se llega muy lejos en África, según un informe del Banco Africano de Desarrollo, si el continente reinvirtiera cada año solo el 5 % de los ingresos por exportaciones de petróleo y carbón, ese dinero bastaría para construir la infraestructura que electrificaría todos los hogares del continente.
Este artículo se publica en colaboración con Mail & Guardian. La publicación no implica el respaldo de los puntos de vista del Foro Económico Mundial.
Para estar al día con la Agenda suscríbase a nuestro boletín semanal.
Autor: nacido en Zimbabue, Martin Ganda es inversor y asesor centrado en África, con sede en Nueva York.
Imagen: aerogeneradores vistos en la central de la Kenya Electricity Generating Company (KenGen) en las colinas de Ngong, a unos 22 km (14 millas) al suroeste de Nairobi, capital de Kenia, el 8 de septiembre de 2010. REUTERS/Thomas Mukoya

