Con la cabeza en las nubes: cómo entender mejor el tiempo

Con la cabeza en las nubes: cómo entender mejor el tiempo
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El tiempo no podría ser peor. Solo un mar gris. Ni rastro del glaciar Aletsch. En lugar de un magnífico panorama alpino, hoy el Jungfraujoch solo puede ofrecer a sus visitantes espesas nubes. Pero eso no ha disuadido a un puñado de turistas de aventurarse en la terraza de observación de la Esfinge. El viento les azota la cara y los copos de nieve se arremolinan en el aire. Hace un frío glacial. A duras penas, los visitantes de todo el mundo consiguen esbozar una sonrisa valiente para la cámara. Dos pisos más arriba —y en el interior, donde hace calor—, Ulrike Lohmann y Larissa Lacher miran las nubes por la ventana, encantadas. Pero no se trata de regodearse en la desgracia ajena, sino del entusiasmo propio de las científicas apasionadas por su tema de estudio.

Lohmann es física atmosférica y profesora del Instituto de Ciencia Atmosférica y Climática de ETH Zúrich. Está de visita con Lacher, su doctoranda, en la Estación de Investigación de Alta Montaña Jungfraujoch. Esta joven científica pasará aquí cuatro semanas, en el Observatorio de la Esfinge, a 3.571 metros sobre el nivel del mar, para realizar mediciones climáticas. Le interesan las partículas del aire que favorecen la formación de nubes. Y, a juzgar por el tiempo de hoy, no escasean precisamente en lo alto de la montaña.

La arena del desierto se encuentra con el hielo glaciar

La capa de nubes se abre brevemente y deja ver los campos nevados al otro lado de la ventana. No es mucho, pero basta para que Lacher pueda mostrarle a su jefa los depósitos rojizos en la nieve. Las dos mujeres corren de una ventana a otra antes de que las nubes vuelvan a cubrirlo todo. Lo que ha acelerado el pulso de las investigadoras parece simplemente nieve sucia a los visitantes de la ciudad. Pero en realidad es polvo del Sáhara. Procede del último episodio de polvo sahariano, que transportó arena hacia el norte desde África en mayo. A las dos científicas les interesa cómo afecta la arena del Sáhara a la formación de nubes en el Jungfraujoch. Las partículas finas presentes en el aire, como el polvo sahariano —conocidas como aerosoles—, actúan como núcleos de condensación sobre los que pueden acumularse agua o hielo, según la temperatura y la humedad relativa. Así se forman gotas de nube o cristales de hielo, que finalmente se combinan para formar nubes enteras. Estas «nubes cálidas» están compuestas principalmente por gotas de agua relativamente pequeñas y se reconocen por sus contornos nítidos. Las nubes de hielo, en cambio, están formadas por cristales de hielo que caen de la nube con mayor facilidad debido a su tamaño; por eso suelen tener contornos difusos.

Lacher hizo su tesis de máster en el laboratorio de Lohmann y ya entonces estudiaba los episodios de polvo sahariano y su efecto en la formación de nubes. Lo hizo en Tenerife, en las islas Canarias, situada a solo 250 kilómetros del desierto del Sáhara. «Medir el mismo episodio de polvo sahariano durante dos campañas de medición paralelas —primero en Tenerife y ahora aquí, en el Jungfraujoch— sería un gran éxito», afirma Lacher, con los ojos azules iluminados. Esto le permitiría estudiar el proceso de envejecimiento de las partículas de aerosol y su influencia en la formación de nubes.

Publicado en colaboración con ETH Zúrich

Autora: Corinne Hodel es bióloga del Instituto de Zoología de la Universidad de Zúrich.

Imagen: El ciclón tropical Ian aparece en esta imagen de archivo del satélite NOAA GOES, tomada a las 14:00 GMT del 12 de enero de 2014. REUTERS/NOAA/Handout vía Reuters.

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