Creo que estamos a punto de dinamizar el sector agrícola en África, generando un crecimiento sostenible e inclusivo. Sin embargo, todavía no hemos llegado.
El año pasado, se realizaron cerca de 100 compromisos de inversión por parte de empresas del sector privado en el marco de las respectivas Grow Africa partnership y la New Alliance for Food Security and Nutrition. Estos se concibieron para respaldar estrategias nacionales específicas de cada país, lideradas por África, en favor de un crecimiento agrícola inclusivo. En menos de un año, todos los compromisos han registrado avances; el 40% de ellos ha pasado a una fase de inversión efectiva sobre el terreno. Esto representa un nuevo nivel de confianza en el sector privado, tanto en empresas locales como internacionales.
Aunque se han logrado buenos avances, debo reconocer que también me siento bastante impaciente. Desde la perspectiva del sector privado, nos enfrentamos a problemas de política y regulación sobre el terreno, que son obstáculos para una implementación rápida. Entre los ejemplos figuran los costes de importación y exportación, la burocracia que frena el desarrollo de los mercados regionales y la falta de claridad en cuestiones de tenencia de la tierra.
Quisiera destacar la importancia de los derechos sobre la tierra, ya que es un factor clave para mí en el empeño de convertir las pequeñas y medianas explotaciones agrícolas africanas en negocios viables. La base del desarrollo rural exitoso es invertir en una agricultura más productiva. Si el agricultor no puede tener la certeza de que se beneficiará de dichas inversiones, ¿por qué invertir? Unas estructuras de gobernanza adecuadas y una reforma jurídica que garantice la claridad en los derechos sobre la tierra son una piedra angular.
A escala mundial, encuentro pruebas claras de un liderazgo sólido y de espíritu emprendedor. Sin embargo, otro imperativo es trasladar esta actitud constructiva y orientada a la resolución de problemas a todas las organizaciones respectivas y vincularla con la innovación que se produce sobre el terreno. Solo con un enfoque integral, de arriba abajo y orientado a soluciones aseguraremos que tenga lugar la transformación necesaria.
Otra razón por la que me impacienta es la lenta difusión de la financiación innovadora. Vemos ejemplos de intervenciones exitosas en el corredor de Beira, en Mozambique, donde, gracias a una financiación catalizadora inicial y al apoyo técnico, agricultores y empresas empiezan a prosperar en incipientes conglomerados agroindustriales. Mientras tanto, en Tanzania, los socios llevan años dedicándose únicamente a establecer el proceso para crear un fondo catalizador.
Dada la importancia de la financiación innovadora, todos los socios implicados deberían aprender de estas dos experiencias. El caso de Beira debería replicarse y multiplicarse, mientras que los desafíos que han experimentado los socios en Tanzania deberían comprenderse y eliminarse para acelerar el impulso.
Insto a todos los implicados a ayudar a establecer una financiación innovadora que se adapte a las necesidades a nivel de explotación agrícola. Esto es urgentemente necesario para fomentar los conglomerados emergentes y las cooperativas de agricultores, donde los agricultores y las empresas emprendedores pueden aprovechar las oportunidades.
Autor: Jørgen Haslestad es presidente y consejero delegado de Yara International.
Imagen: Un agricultor cosecha alcachofas en Argel REUTERS/Louafi Larbi


