En un artículo anterior, presenté el concepto de «big data lite», una forma de utilización masiva de datos muy por debajo del umbral del big data tradicional, pero que ha resultado difícil de incorporar en formatos fáciles de usar para un consumo público más amplio. Mencioné que una mejor manipulación y presentación de esos datos, aplicada al desarrollo internacional, puede alterar las narrativas dominantes.
En efecto, una organización de investigación con sede en Ghana a la que estoy afiliado lleva los últimos años aplicando esta noción más limitada del big data a una de las creencias más arraigadas de la economía del desarrollo internacional: la creencia de que África es enormemente rica en recursos minerales.
Esta noción se ha repetido tantas veces que se ha abierto paso en noticias, artículos de revistas importantes y discursos de pesos pesados, y ha terminado por afianzarse en la economía política del desarrollo internacional. Se formulan todo tipo de recetas para África sobre la base de esta ideología.
Sin embargo, existe una enorme cantidad de datos geológicos y mineralógicos que, en conjunto, contradice este lugar común. Aunque la expresión clave es «enorme cantidad de datos», estos siguen estando en el rango de magnitud de los gigabytes, lo que significa que se hallan en ese complicado punto intermedio entre una tesis larguísima y el verdadero umbral del big data, poco atractivos en ese sentido para los entusiastas de uno u otro extremo. En consecuencia, rara vez se extraen conclusiones de estos datos cuando importa.
No obstante, el veredicto de dichos datos de estudios geológicos es contundente: según el promedio mundial, África es en realidad pobre en recursos minerales. Es relativamente pobre tanto per cápita como por milla cuadrada.
De cien minerales importantes ampliamente comercializados y utilizados en la industria, África es un productor significativo de solo 10.
Con la excepción de la bauxita y el petróleo, estos 10 minerales ni siquiera se usan tanto en la industria como esos otros minerales que África no produce en cantidades suficientes, como el estaño, el cobre, el níquel, el zinc, el hierro, el carbón y el plomo.
De hecho, de los 5 principales minerales metálicos, que constituyen el 62 % del valor total de la producción mundial de minerales metálicos, África solo es un productor significativo de uno: el oro. Algunos minerales vitales, como el estaño y el níquel, están casi totalmente ausentes en África. Si se toma el valor total de la producción y de las reservas de los principales minerales de África y se compara el resultado con el valor de otros minerales, la balanza se inclina enormemente en contra de África. Resulta fascinante que el valor anual total de la producción mineral de África (incluido el petróleo) sea inferior al de Norteamérica, a pesar de que esta última tiene aproximadamente un tercio de la población de la primera.
Para restar importancia a esta cruda realidad, se podría argumentar que quizá la mayor parte de los recursos minerales de África aún no se ha estimado. Sin embargo, ese argumento solo será válido si la búsqueda de minerales en África ha sido menos intensa que en otros lugares. También aquí la solución está en los datos.
La única medida objetiva para esa opinión es el volumen de inversión destinado a la exploración. Los datos sugieren claramente que, por el contrario, África recibe una proporción del capital mundial total de exploración aproximadamente equivalente a su población y su superficie terrestre, es decir, más del 15 %. La búsqueda de minerales en África, desde la época colonial hasta hoy, ha sido claramente igual de intensa.
Ahí lo tienen. Se ha empleado el «Big Data Lite» para corregir un gran error de concepto. A mis colegas les llevó algunos años poder tener la certeza de que los datos realmente indican esto, pero al final la conclusión fue incontrovertible (véanse algunas referencias anteriores aquí: http://bit.ly/JI2YyN y http://bit.ly/JrXrPa). La ausencia de dicha perspectiva en los debates públicos mundiales sobre la riqueza mineral de África se debe claramente al formato actual en que se almacenan y presentan los datos geológicos y mineralógicos.
Imaginen qué otros mitos y conceptos erróneos arraigados están esperando a ser derribados.
Pues bien, pronto podrían hacer algo más que imaginar. Al menos uno de los Consejos de la Agenda Global del Foro Económico Mundial dedicará toda su atención a este tema en los próximos meses.

Bright B. Simons es presidente de MPedigree Network, Ghana, miembro del Consejo de la Agenda Global sobre Tecnologías de la Información y la Comunicación y Joven Líder Global 2012 del Foro Económico Mundial.



