Para 2050, una cuarta parte de la población mundial será africana, lo que significa que una de cada ocho personas será una mujer africana. Sin embargo, dentro del continente, y mucho menos a nivel internacional, las mujeres de África carecen del peso económico que sugiere su número. Esta desconexión tiene graves consecuencias negativas para las perspectivas de África. De hecho, la única forma de aprovechar todo el potencial de África es mejorar notablemente la representación de las mujeres en el ámbito laboral, incluidos los puestos de alta dirección.
La contribución que las mujeres pueden aportar al futuro de África debería ser evidente. En todo el mundo, el gasto de los consumidores, que crecetres veces más rápido en los mercados emergentes que en las economías desarrolladas, y está en gran medida controlado por mujeres. Esto supone un poderoso incentivo para que las empresas incorporen a más mujeres a sus procesos de toma de decisiones.
Sin embargo, aunque aumenta el número de mujeres que forman parte de los consejos de administración de las empresas globales, el avance es lento, y las mujeres africanas han quedado en gran medida al margen, con excepciones notables como Ngozi Okonjo-Iweala, exministra de Finanzas de Nigeria y directora gerente del Banco Mundial, que fue nombrada miembro del consejo de Twitter el año pasado, sin duda debido a la creciente popularidad de la plataforma en África. Pero Okonjo-Iweala es una excepción: pocas mujeres africanas ocupan posiciones igualmente influyentes en grandes corporaciones globales.
Las mujeres africanas apenas están presentes incluso en los consejos de administración dentro de África, donde el 95 % de los directores ejecutivos son hombres. Según datos del Banco Africano de Desarrollo, las mujeres ocupan solo el 12,7 % de los puestos en los consejos de administración de las principales empresas que cotizan en bolsa de África.
Esto refleja una falta más amplia de igualdad de género en el sector privado africano, que impide que las economías del continente alcancen todo su potencial. Nuevas investigaciones del Fondo Monetario Internacional muestran que los países que ocupan el 50 % inferior en igualdad de género a nivel mundial, incluidos grandes economías africanas como Etiopía, Marruecos y Nigeria, podrían aumentar sus economías en un 35 % de media al incorporar a más mujeres al mercado laboral. Tener más mujeres en puestos de liderazgo senior es fundamental para impulsar un cambio, dado el poderoso papel que la diversidad en los niveles superiores desempeña en la configuración de las prioridades organizativas. Como África ya alberga seis de las diez economías de más rápido crecimiento, lograr el equilibrio de género en el ámbito laboral podría impulsar de forma significativa el crecimiento mundial.
Este «impulso» de crecimiento refleja más que una fuerza laboral ampliada: un amplio conjunto de investigaciones demuestra que las empresas se benefician sustancialmente cuando incorporan a más mujeres, con sus talentos, habilidades y perspectivas únicos. Por ejemplo, según la investigación del McKinsey Global Institute, revela que las empresas obtienen mayores rendimientos financieros cuando están dirigidas por consejos con mayor diversidad étnica y de género.
Asimismo, según MSCI, un proveedor líder de herramientas de apoyo a la toma de decisiones de inversión, las empresas con poca diversidad en sus consejos tienen una probabilidad superior a la media de sufrir controversias relacionadas con la gobernanza. Las empresas con una masa crítica de mujeres en puestos de liderazgo senior, por su parte, tienden a obtener mejores resultados en responsabilidad social corporativa.
La peor crisis bancaria de la historia de Ghana, que estalló en 2017, fue consecuencia de años de una gestión de riesgos deficiente y de un gobierno corporativo débil. Probablemente no sea casualidad que UT Bank y Capital Bank, las entidades que finalmente quebraron, carecieran de diversidad tanto en sus equipos directivos ejecutivos como no ejecutivos. Los distintos orígenes y estilos cognitivos son fundamentales para evitar el pensamiento de grupo homogéneo y gestionar el riesgo de forma eficaz.
Las empresas que obtienen malos resultados en igualdad de género suelen alegar que hay muy pocas candidatas cualificadas para ocupar puestos en consejos no ejecutivos. Pero hay mujeres cualificadas en todas partes y, gracias al aumento de la participación femenina en la educación superior, su número está creciendo. De hecho, las mujeres tienen más probabilidades que los hombres de completar sus estudios; pero, a medida que ascienden en la escala profesional, desaparecen de las filas. Por tanto, las estrategias corporativas de igualdad de género deben abordar las dinámicas que frenan el progreso profesional de las mujeres, desde las redes de apoyo hasta la baja parental y el cuidado de los hijos, así como las políticas contra el acoso en el lugar de trabajo.
Para encontrar las líderes que necesitan, las empresas también deben revisar sus puntos ciegos, incluidos los sesgos, conscientes e inconscientes, que puedan estar frenando el avance de sus empleadas. También se debe animar a las mujeres a unirse a redes y a colaborar con organizaciones que se centren en identificar y desarrollar un liderazgo femenino sólido, con el fin de aumentar su visibilidad para nuevas oportunidades e incrementar su influencia en los puestos actuales.
Los rápidos avances en la representación femenina en los gobiernos africanos demuestran la disponibilidad de mujeres altamente cualificadas y capaces. En Ruanda, las mujeres ocupan más del 60 % de los escaños parlamentarios, la proporción más alta del mundo. Senegal también figura entre los diez primeros países del mundo en este aspecto. Y en Etiopía, el gabinete del primer ministro Abiy Ahmed está formado en un 50 % por mujeres, y ha nombrado a Sahle-Work Zewde, antigua representante de las Naciones Unidas ante la Unión Africana, primera presidenta de Etiopía. Según el informe Mujeres, Empresa y el Derecho del Banco Mundial, en la última década, el África subsahariana ha aplicado más reformas destinadas a impulsar la inclusión económica de las mujeres que cualquier otra región del mundo, aunque estas cifras se deben en gran medida a un puñado de economías del continente. Es momento de que estos avances se reflejen en más países, así como en el sector privado de la región.
A medida que las mujeres africanas consiguen hacerse oír con más fuerza, los gobiernos y las empresas de la región y de todo el mundo deberían adoptar esta tendencia e incorporar a más de ellas a sus equipos directivos y a sus consejos de administración. Dado el creciente tamaño de la población africana y su creciente influencia internacional, los efectos de un cambio de este tipo serán profundamente positivos

