5 hechos que debes conocer para entender el nuevo orden mundial

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Al menos tres versiones rivales del futuro orden mundial chocaron en la reunión del Foro Económico Mundial en Davos la semana pasada. Una era la promovida por un Donald Trump combativo, que pedía una retirada total de Estados Unidos del orden actual. Otra procedía de los líderes chinos, que proponían un nuevo sistema económico mundial articulado en torno a Pekín. Mientras tanto, Justin Trudeau, de Canadá y Emmanuel Macron, de Francia instaron a los líderes occidentales a redoblar sus esfuerzos para defender el actual orden liberal.

Sería un error descartar sus discursos como mera grandilocuencia vacía. Este debate es de suma gravedad. Es probable que sus resultados determinen el futuro de la estabilidad mundial, así como la seguridad y la prosperidad de todos. Si los líderes de los principales países y organizaciones internacionales no logran ponerse de acuerdo, nos espera un camino muy difícil. En vez de retirarnos, necesitamos más que nunca nuevas ideas, instituciones y planes para sortear la tormenta que se avecina.

Vivimos tiempos anormales. El orden liberal mundial está en una fase avanzada de desmoronamiento. Y, mientras el mundo pasa rápidamente de una realidad unipolar a otra multipolar, el propio sistema internacional se ve expuesto a una profunda inestabilidad. Si la situación no se gestiona con sumo cuidado, existe un riesgo real de colapso de grandes proporciones. La cuestión es si nuestros líderes mundiales son capaces de comprender plenamente lo que ocurre en tiempo real y de movilizarse colectivamente para establecer nuevas reglas de juego.

El antiguo orden liberal mundial ha sido el fundamento de la paz y la estabilidad desde 1945. Estados Unidos y sus aliados occidentales lo diseñaron deliberadamente para prevenir los conflictos armados y el nacionalismo económico que los había propiciado. Lo componen las Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio, la Organización del Tratado del Atlántico Norte, el G20 y una tupida red de tratados y acuerdos. Aunque ha tenido altibajos, estableció las reglas de un juego estable de suma positiva.

Aunque prácticamente todo el mundo coincide en que un sistema basado en reglas es esencial para gestionar la seguridad y el comercio, está en marcha una lucha por el poder para decidir quién las redacta y las hace cumplir. El espectacular ascenso de China en las últimas dos décadas y el declive relativo de Estados Unidos hacen inevitables las tensiones. Sin embargo, la mayoría de los occidentales apenas es consciente de lo que ocurre, pues el suelo se les ha movido rápidamente bajo los pies. Aumenta el riesgo de errores de cálculo catastróficos —incluidas las medidas comerciales de Estados Unidos contra China—, con posibles efectos en cadena devastadores para la economía mundial.

Para comprender los cambios sísmicos que están teniendo lugar, consideremos estos cinco hechos.

1) China está en vías de superar económicamente a Estados Unidos. Según una estimación, China aportará el 35 % del crecimiento mundial entre 2017 y 2019, Estados Unidos el 18 %, India el 9 % y Europa el 8 %. Para 2050, las cinco mayores economías del mundo probablemente serán China, India, Estados Unidos, Brasil e Indonesia. ¿Está Occidente ni siquiera remotamente preparado para un mundo así?

Image: Visual Capitalist

2) China lidera el mayor plan de urbanización y desarrollo de infraestructuras del planeta. Ya en su quinto año, el proyecto «Un cinturón, una ruta» (OBOR), de 900.000 millones de dólares, incluye nuevas carreteras, rutas marítimas y proyectos de construcción que se extienden a más de 65 países. La idea es literalmente reconectar el comercio mundial desde China a través de Asia, Oriente Medio, África y Europa. Aunque los detalles no están claros, OBOR se financia con bancos estatales chinos, con una modesta contribución estratégica de un nuevo Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras respaldado por China y en colaboración con otras instituciones.

3) China está a punto de convertirse en una potencia verde mundial. China manifestó su intención de tomar la iniciativa en la reducción del cambio climático tras firmar el Acuerdo de París sobre el clima de 2015. Para 2025, la mayoría de los coches nuevos en China serán totalmente eléctricos. China está reduciendo drásticamente el consumo de carbón. Ya se encuentra en China más del 60 % de la red ferroviaria de alta velocidad mundial (por ejemplo, su extensión es diez veces mayor que la de Japón). China también se comprometió recientemente a lograr cielos despejados en todas sus principales ciudades en un plazo de tres años. Los cambios ya se notan: el aire de Pekín está un 30 % más limpio este invierno que el invierno pasado.

4) China también está marcando el ritmo mundial en la economía digital, incluidos los pagos sin efectivo. En las grandes ciudades, hasta el 90 % de todas las transacciones comerciales y minoristas en tiendas de conveniencia y cafeterías se realizan mediante Alipay y WeChat. El servicio de entrega del comercio electrónico de Alibaba en las grandes ciudades chinas es actualmente el más rápido del mundo. Una empresa, Alibaba, acumuló ventas por valor de 25.000 millones de dólares en un solo día, superando ampliamente los ingresos de los llamados Black Friday y Cyber Monday en Estados Unidos.

5) Las universidades chinas también están ascendiendo a los primeros puestos de las clasificaciones internacionales. Dos centros, la Universidad de Pekín y la Universidad Tsinghua, pasaron de estar muy por debajo de los 200 primeros puestos a situarse entre los 30 primeros en cinco años. Hay otras 40 universidades que no se quedan atrás y que están a punto de incorporarse a la élite en los próximos años. Aunque los estudiantes chinos siguen buscando formación en las mejores universidades de Norteamérica y Europa occidental, pronto ya no tendrán que hacerlo.

Mientras tanto, Occidente parece dormido al volante. Nuestra situación actual encierra cierta ironía. Por un lado, el mundo disfruta de niveles de prosperidad e interconexión sin precedentes, en gran medida gracias al orden liberal mundial respaldado por Estados Unidos. Sin embargo, estos avances van acompañados de una complejidad y unos riesgos sistémicos cada vez mayores, que aumentan la vulnerabilidad del orden liberal ante un colapso. Las instituciones mundiales y nacionales son cada vez menos capaces de gestionar las tensiones del sistema. Resulta que las democracias carecen de sistemas de incentivos para abordar imperativos de mayor alcance y a más largo plazo.

Ante amenazas que van desde el cambio climático hasta el enorme avance tecnológico, el mundo necesita desesperadamente una gobernanza mundial estable y competente. Y, aun así, crece la oposición a la gobernanza liberal debido al aumento de las desigualdades y a la frustración ante los fracasos que se atribuyen al orden liberal. Francis Fukuyama y Jan-Werner Müller consideran que el populismo y el auge del nacionalismo económico provinciano figuran entre las amenazas más graves para la estabilidad futura. El riesgo de un colapso desordenado del sistema es más real que nunca.

Si queremos sobrevivir a la transición geopolítica mundial, primero debemos aceptar que la era de la hegemonía estadounidense ha terminado. En su lugar, el mundo avanza hacia un nuevo orden multipolar, con Estados Unidos y China en el centro. Tenemos que restablecer y reconstruir instituciones y reglas estables que reconozcan el contexto transformado. Deberán ser más inclusivas, representativas y legítimas. También habrá que realzar el papel de los mecanismos internacionales de cooperación (como el G20), las organizaciones regionales y los actores no estatales —sobre todo los financieros y filantrópicos—. Además, las ciudades reclaman su lugar; así lo demuestra Urban20, una colaboración entre las ciudades más grandes del mundo que se inaugurará oficialmente en octubre de 2018.

Todo esto será difícil de aceptar para los defensores acérrimos del orden liberal mundial. También habrá que explicárselo a un público acostumbrado al cambio lineal. Las transformaciones actuales son tanto no lineales como cada vez más exponenciales, procesos difíciles de comprender para las personas. Estamos obsesionados con la marcha de las democracias y los principios fundamentales en los que se basan, pero debemos aprender a transigir y dar cabida a múltiples sistemas de valores.

El próximo orden será más complejo y posiblemente más precario, pero ese es el nuevo mundo que nos espera.

Este artículo forma parte de la serie Phil Lind Initiative in US Studies sobre el futuro del orden liberal. La serie está dirigida por Robert Muggah y Taylor Owen, y cuenta con Edward Luce, Steven Pinker, Anne-Marie Slaughter, Francis Fukuyama, Susan Rice y Misha Glenny. La organiza la Facultad de Políticas Públicas y Asuntos Globales de la Universidad de Columbia Británica.

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