Hasta ahora en 2015, al menos 800.000 personas han solicitado asilo en Europa, y cientos de miles más han llegado al margen de los procedimientos formales. Crece la preocupación de que Europa no pueda hacer frente a la situación: el desempleo ya es elevado, las listas de espera para los servicios sociales ya son largas, nuestras carreteras ya están saturadas y las viviendas ya están llenas. Se considera ampliamente que Europa se encuentra actualmente en plena crisis de refugiados.
¿Crisis? ¿Qué crisis?
Sin duda, no debe subestimarse el número de personas que llegan a Europa este año: a finales de 2015, el número de solicitantes de asilo por sí solo podría duplicar al de quienes llegaron en 2014. Pero se requiere perspectiva. Europa recibió alrededor de un millón de solicitantes de asilo y refugiados procedentes de los Balcanes a mediados de la década de 1990, y en general se integraron con éxito. Fuera de Europa hay muchos más refugiados: unos 20 millones en todo el mundo; y entre ellos, Jordania, Líbano y Turquía acogen actualmente a casi 4 millones de refugiados sirios. En comparación con el tamaño de la población europea (más de 500 millones), un millón de recién llegados no tiene por qué representar una crisis.
¿De dónde vienen?
Mientras la atención se centra principalmente en los refugiados que huyen de Siria —y son el mayor número de refugiados que llegan actualmente a Europa—, no son ni mucho menos los únicos. También llegan cantidades significativas procedentes de Afganistán, Eritrea, Irak, Kosovo, Nigeria y Somalia. Aquí reside parte de la crisis real: mientras que la mayoría de las personas que llegan desde Siria huyen de la persecución y el conflicto, muchas de las procedentes de otros países están abandonando la pobreza y buscando empleo. Los primeros son refugiados y los segundos no, y cada grupo tiene derecho a protecciones y derechos distintos. Su naturaleza mixta convierte la afluencia actual en un desafío político particular.
¿A dónde van?
Estos solicitantes de asilo y migrantes no se distribuyen de manera uniforme por Europa. Dos grupos de países podrían describir legítimamente la situación actual como una crisis: los que reciben cifras muy elevadas y los menos preparados para afrontarla. El mayor número de sirios ha llegado a Alemania, que, sin embargo, es también el Estado más poblado de Europa. Uno de cada siete se encuentra en Suecia, donde la población nacional representa solo uno de cada 50 ciudadanos de la Unión Europea. También han llegado cantidades significativas a Grecia, que ya se enfrenta al desempleo y a desafíos fiscales de proporciones de crisis, aunque la mayoría planea seguir viaje. Tampoco los países de Europa del Este, como la República Checa, Polonia y Eslovaquia, están actualmente preparados ni dispuestos a afrontar la afluencia.
¿Qué se está haciendo?
Los gobiernos europeos han respondido de manera diferente. Algunos, en especial Alemania, planean reasentar a millones de refugiados en los próximos años; otros, como el Reino Unido, planean reasentar unas pocas decenas de miles. Otros, como Suecia, no tienen planes significativos de reasentamiento, pero están cumpliendo sus compromisos de ofrecer asilo; otros, como Hungría, están levantando muros. Como región, la UE no ha logrado hasta ahora alcanzar un consenso, y un obstáculo particular ha sido una fórmula para repartir a los solicitantes de asilo entre sus miembros. Los ciudadanos europeos han contribuido a llenar el vacío prestando asistencia personal a los solicitantes de asilo. El sector privado también participa cada vez más, por ejemplo mediante contribuciones directas a agencias humanitarias, la provisión de conectividad en redes sociales para los refugiados y sus partidarios y, en algunos casos, la oferta de formación, prácticas y empleo.
¿Hacia dónde vamos a partir de aquí?
Es poco probable que el número de personas que llegan disminuya pronto: ya hay previsiones de otros 3 millones de solicitantes de asilo y migrantes en Europa el próximo año. A menos que se encuentre la forma de repartir estas llegadas de manera más equitativa, la hospitalidad, incluso en países como Alemania y Suecia, probablemente se agotará. Del mismo modo, la buena disposición general de los ciudadanos hacia los refugiados podría disminuir a medida que se presenten los verdaderos retos de la integración; y es poco probable que el compromiso del sector privado se mantenga.
Se necesita una acción inmediata en tres ámbitos. En primer lugar, debemos mirar hacia las causas de origen y tratar de abordar las condiciones que obligan a las personas a abandonar sus hogares, además de ofrecer mejor protección y asistencia en los países a los que llegan inicialmente. En segundo lugar, debemos mirar hacia lo que ocurre después de la llegada y centrarnos en integrar a quienes ya han llegado, con especial atención a la educación. En tercer lugar, debemos ir más allá de la crisis humanitaria inmediata y aprovechar la oportunidad de cubrir las carencias del mercado laboral europeo y empezar a compensar sus déficits demográficos.
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Autor: Khalid Koser es director ejecutivo del Global Community Engagement and Resilience Fund y miembro del Global Agenda Council on Migration.
Imagen: Un refugiado sirio espera detrás de las vallas fronterizas para cruzar a Turquía en la provincia de Sanliurfa, el 15 de junio de 2015. REUTERS/Umit Bektas



