Europa puede resolver su crisis de refugiados, si tiene voluntad

Europa puede resolver su crisis de refugiados, si tiene voluntad
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Un montón de chalecos salvavidas abandonados en una isla griega. El cuerpo sin vida de un niño pequeño en una playa turca. Un campamento improvisado para refugiados bajo una estación de ferrocarril húngara. Personas que buscan seguridad se enfrentan a alambradas de púas y gas lacrimógeno. Actos de bondad de voluntarios europeos.

La crisis de refugiados será un momento decisivo en la historia de Europa. Pero ¿cómo juzgará la historia la respuesta de Europa? Las señales son poco alentadoras.

En teoría, los gobiernos de la UE reconocen que la crisis exige una respuesta común. Con el impulso de la Comisión Europea, los líderes europeos han acordado una serie de medidas para aliviar la crisis.

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Entre ellas figuran el reparto de responsabilidades entre los Estados miembros de la UE mediante la reubicación de 160.000 solicitantes de asilo, la mayoría de los cuales entraron en la UE por Grecia e Italia, y una mejor coordinación a lo largo de la ruta de los Balcanes Occidentales para aliviar el sufrimiento de los solicitantes de asilo atrapados en las fronteras y expuestos a la intemperie. La UE cuenta con un sistema común de asilo diseñado para garantizar que todos los Estados de la UE tramiten con equidad y acojan con humanidad a los solicitantes de asilo.

La práctica ha sido bastante distinta.

Durante los últimos meses, los investigadores de Human Rights Watch han documentado las consecuencias humanas del fracaso de los gobiernos de la UE para articular una respuesta coordinada y eficaz: personas atrapadas en las fronteras en el frío helador y el barro de los Balcanes Occidentales, castigadas simplemente por cruzar una frontera, temblando en las playas de Grecia, y ahogándose en el mar Egeo.

La política de empobrecer al vecino iniciada por Hungría, que combinó vallas y sanciones penales para disuadir a las personas de entrar en su territorio, se ha extendido a otros gobiernos de la UE y de los Balcanes Occidentales, con cierres fronterizos en cascada y la última medida: un trato discriminatorio por parte de la policía fronteriza, que restringe la entrada en función de la nacionalidad a todos excepto a sirios, iraquíes, afganos y, según el país, uno o dos más.

Hay dos excepciones notables. Alemania, el destino preferido de muchos de quienes han llegado a Europa este año, ha demostrado un gran liderazgo al acoger a refugiados. Suecia también ha aceptado a un gran número de solicitantes de asilo. Pero las esperanzas de que sus ejemplos animaran a otros miembros de la UE no situados en primera línea a compartir responsabilidades no se han cumplido.

Solo 160 personas han sido reubicadas en el marco del plan de la UE. El nuevo gobierno de Polonia se está alejando de los compromisos de reubicación asumidos por su predecesor. Y Hungría y Eslovaquia, ambas derrotadas en votación en el Consejo de la UE sobre este asunto, intentan anular el plan mediante una impugnación judicial.

Mientras tanto, el reflejo de la Unión Europea de trasladar la responsabilidad jurídica y práctica de los solicitantes de asilo a los países vecinos ha vuelto. Tras el fracaso de un intento, en una cumbre de noviembre, de persuadir a las naciones africanas para que asumieran más responsabilidad en la contención de los flujos migratorios, la UE fijó decididamente su mirada en Turquía como solución. A finales de noviembre, Bruselas y Ankara acordaron un plan de acción en materia migratoria que pretende impedir los flujos migratorios hacia Europa. A cambio, Europa proporcionaría 3.000 millones de euros destinados a mejorar las condiciones de los sirios en Turquía y la promesa de permitir viajar sin visado por gran parte de la UE a los ciudadanos turcos, así como de dar un nuevo impulso a la candidatura de Turquía a la adhesión a la UE.

Pero el acuerdo plantea serios riesgos para los refugiados y los solicitantes de asilo. Alienta a Turquía a bloquear su camino hacia Europa, lo que abre nuevas posibilidades de abusos. Esto incluye la posible detención y expulsión de solicitantes de asilo desde Turquía, país que ya acoge a más de dos millones de refugiados pero carece de procedimientos de asilo eficaces y de protección frente a la deportación a situaciones de abuso en otros países. Peor aún, el acuerdo supone una luz verde de la UE para que Turquía impida que los solicitantes de asilo incluso crucen sus fronteras para huir de Siria, Irak u otros lugares.

¿Y qué hay de los atentados de París? No cabe duda de que la atrocidad más mortífera en Europa en más de una década ha aumentado la preocupación por el caos en las fronteras de la UE, sobre todo porque varios de los atacantes, ciudadanos europeos, pueden haber viajado por las mismas rutas hacia Siria y desde ella haciéndose pasar por refugiados. Pero lo cierto es que todos los atacantes identificados eran ciudadanos europeos, no refugiados; al menos algunos de los refugiados huyen de los abusos del Estado Islámico (EI) en Siria e Irak.

Una mejor distribución de responsabilidades y una mayor cooperación permitirían un procesamiento más ordenado en las fronteras de Europa, incluido el control de seguridad. Ello debería ir acompañado de mayores oportunidades para que los solicitantes de asilo puedan solicitar visados humanitarios en las embajadas europeas y de un aumento de la capacidad de reasentamiento de refugiados, lo que permitiría realizar los controles antes incluso de que las personas lleguen a Europa. La UE también debería emprender esfuerzos a largo plazo para crear una verdadera distribución de responsabilidades y normas comunes en todos los Estados miembros.

Las respuestas de los gobiernos europeos que cierran la puerta a los solicitantes de asilo o discriminan a los musulmanes no impedirán los ataques de origen local. Solo servirían a los intereses del EI, que quiere eliminar lo que denomina la «zona gris» de convivencia entre musulmanes y no musulmanes en Europa.

La crisis de refugiados es quizá el mayor desafío político al que se ha enfrentado jamás la Unión Europea, y su respuesta durante 2015 plantea serias dudas sobre su capacidad para responder de forma coherente con sus valores fundacionales.

Todavía no es demasiado tarde. Las líneas generales de una respuesta eficaz están claras. Solo se necesita voluntad política y el deseo de estar del lado correcto de la historia.

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Autor: Benjamin Ward es director adjunto de la división de Europa y Asia Central de Human Rights Watch

Imagen: Un niño migrante espera para entrar en un campamento improvisado en la frontera austro-eslovena, cerca de la localidad de Sentilj, Eslovenia, el 26 de octubre de 2015. REUTERS/Leonhard Foeger

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