En algunas especies animales, los esfuerzos de conservación están dando grandes resultados: los gorilas de montaña, las jirafas de Rothschild y las ballenas grises occidentales son tres especies en peligro de extinción cuyas poblaciones han aumentado desde la última evaluación, realizada hace una década.
Con el aumento de sus poblaciones, estas especies son ahora menos vulnerables a la amenaza de extinción, y los expertos esperan que esto ayude a la gente a comprender el gran impacto que tienen estos esfuerzos de conservación en los animales de nuestro planeta.
Tara Stoinski, presidenta de Dian Fossey Gorilla Fund International, declaró a Nature, «Podemos ver el impacto positivo que puede tener esta inversión a largo plazo en la conservación».
Cuando se evaluó por última vez a los gorilas de montaña en 2008, solo había 680 ejemplares, por lo que fueron clasificados como «en peligro crítico»; es decir, estaban peligrosamente cerca de la extinción. La población de estos animales disminuía continuamente en su hábitat nativo —las selvas tropicales de montaña que cubren Uganda, Ruanda y la República Democrática del Congo— debido tanto a la destrucción de su hábitat para ampliar la agricultura como a las enfermedades y los disturbios civiles, según Nature.
Sin embargo, los esfuerzos de conservación, que incluyen la vigilancia diaria y la protección armada de los animales, han permitido que la población de gorilas de montaña aumente hasta los 1.004 ejemplares. Aunque están en mejor situación que en la última evaluación, siguen amenazados por la posibilidad de extinción.

La jirafa de Rothschild —que se encuentra principalmente en Uganda y Kenia— también ha experimentado un aumento significativo de su población. Esta cayó a alrededor de 500 ejemplares entre 2006 y 2009 debido a la caza ilegal, la destrucción del hábitat y el aumento de la actividad agrícola humana.
Sin embargo, se han puesto en marcha varios programas —entre ellos, la protección legal y la reintroducción de jirafas en algunas zonas de Kenia— que han permitido que la población aumente hasta los 1.470 adultos. Como resultado, la especie se considera «casi amenazada», lo que significa que aún podría estar en riesgo de extinción si no se toman las medidas adecuadas.
Aunque la caza de ballenas ha recibido mucha atención, la población de ballenas grises occidentales también ha aumentado, si bien la especie sigue en peligro. En 2007 solo había 120 ballenas grises occidentales; hoy hay entre 170 y 180 ejemplares.
Randall Reeves, presidente del Grupo de Especialistas en Cetáceos de la Comisión de Supervivencia de Especies de la UICN, explicó que la solución para estos animales no es tan complicada.
Como dijo: «En realidad, todo se reduce a que, si no las matamos, sus poblaciones aumentan y se recuperan».

