El personal sanitario tiene dificultades para prestar servicios en aldeas remotas.
Las personas de comunidades mineras que padecen problemas médicos relacionados con la contaminación están especialmente expuestas.
Sin embargo, un nuevo programa estatal de scooters eléctricos está mejorando la movilidad de las enfermeras y su capacidad para llegar más rápido a los pacientes.
Cada mañana, durante su trayecto diario al trabajo, la trabajadora sanitaria Lalita Minj debe cruzar bosques y recorrer caminos llenos de baches para comprobar el estado de salud de algunas de las personas más marginadas de la India antes de que salgan a trabajar en los campos o las minas.
Hasta hace poco, Minj y cientos de compañeras se desplazaban en transporte público, conducían sus propios scooters o dependían de sus maridos para llegar a aldeas remotas y prestar atención sanitaria básica en el estado de Jharkhand, un centro de producción de carbón y minerales en el este del país.
En toda la India, el personal sanitario ha organizado repetidas protestas para exigir mejores salarios y ha denunciado que a veces incluso tiene que caminar muchos kilómetros para atender a pacientes en aldeas apartadas.
Pero, en el marco de una nueva iniciativa estatal para ampliar el acceso a los servicios de salud, especialmente en las comunidades afectadas por años de extracción de mineral de hierro en el distrito de West Singhbhum, Minj ha recibido un scooter eléctrico para realizar visitas puerta a puerta.
«Aunque vivo a menos de 8 km (5 millas) de las aldeas que tengo a mi cargo, llegar hasta allí nunca era fácil», contó Minj, de 40 años, a la Fundación Thomson Reuters por teléfono desde su casa en Chaibasa.
Antes compartía con su marido un scooter de gasolina, así que cuando él lo necesitaba ella no tenía cómo ir al trabajo.
«A veces, él me llevaba y gastábamos mucho en gasolina. El nuevo scooter eléctrico ha resuelto ambos problemas», dijo.
En Jharkhand, la población local lleva décadas sufriendo la contaminación causada por la minería y las actividades industriales relacionadas; investigadores y defensores de los derechos humanos señalan el aumento de los casos de hipertensión, enfermedades respiratorias, malaria y malnutrición.
«Los problemas no tienen fin: afectan no solo a las comunidades que viven en la periferia de las minas, sino también a quienes viven cerca de las centrales eléctricas (de carbón) y otras industrias vinculadas a la minería», dijo Savita Rath, miembro de Jan Chetna, una plataforma comunitaria que ayuda a las personas afectadas por la minería.
«La tierra, el agua y el aire están contaminados. La gente sufre, pero no tiene fácil acceso a la atención sanitaria. Falta personal en los centros de atención primaria, a menudo escasean los medicamentos y no hay ambulancias disponibles».
Fue durante la pandemia de COVID-19, cuando el personal sanitario afrontaba obstáculos para alcanzar los objetivos de vacunación, que la administración del distrito hizo balance y llevó a cabo una «evaluación regional de necesidades».
«Nos dimos cuenta de que nuestro personal sanitario necesitaba apoyo para desplazarse, y que esto sería clave para abordar todos los demás desafíos», dijo Ananya Mittal, comisionado adjunto de la administración de West Singbhum.
La zona que cubre cada trabajador sanitario es extensa, señaló, y algunas aldeas están separadas por 3-4 km. La administración gestiona 342 subcentros de salud y ha puesto a disposición del personal el mismo número de scooters eléctricos para que pueda llegar fácilmente a ellos, añadió.
En el pasado, algunos estados, como Telangana, en el sur, han ofrecido subvenciones al personal sanitario para comprar scooters. Sin embargo, en el marco del proyecto de West Singbhum, iniciado en abril, los vehículos eléctricos pertenecen a las autoridades, que los prestan a sus empleados.

