Se ha advertido al mundo de que la epidemia actual de ébola podría no terminar sin el uso de una vacuna – y todavía no existe ninguna vacuna autorizada. Eso podría cambiar pronto, porque los científicos están avanzando rápidamente.
Esta semana, se están enviando desde Canadá a África Occidental 800 viales de una vacuna experimental. La esperanza es que, pese a ser una vacuna experimental y no autorizada, ayude a prevenir la propagación de la enfermedad, que ya ha infectado a 9.000 personas, matando al menos a la mitad de ellas.
Estimular la protección
Las vacunas han sido un elemento clave de la estrategia de salud pública contra las enfermedades infecciosas. Así se erradicó la viruela y así se ha logrado controlar la polio y el sarampión.
Las vacunas contienen una versión debilitada, o atenuada, del microbio, o alguna parte molecular de este. Estas partes, o «antígenos» como se les llama, son reconocidas por el sistema inmunitario, que puede entonces producir anticuerpos de larga duración y linfocitos T específicos del virus para combatir esa infección. La vacunación imita el proceso natural en el que la inmunidad se desarrolla mediante la adaptación, sin la arriesgada exposición a microbios patógenos. Esto previene la infección y la enfermedad posterior cuando se está expuesto de verdad, en las próximas semanas, meses y años.
Aunque pueda parecer sencillo, las vacunas eficaces son notoriamente difíciles de fabricar. Actualmente carecemos de vacunas autorizadas para muchas infecciones humanas comunes, como las causadas por el virus sincitial respiratorio (VSR) y el virus de la hepatitis C. En el brote actual de ébola, el éxito de las intervenciones de salud pública aplicadas, como el diagnóstico rápido, la cuarentena y una mejor atención, es limitado debido al enorme número de casos y a la falta de infraestructura en los países afectados.
La vacunación podría desempeñar un papel importante para contener un brote de ébola, al actuar como medida preventiva que impide que el virus se propague a otras poblaciones cercanas, facilitando así una respuesta focalizada.
Una década en desarrollo
La vacuna contra el ébola que se está enviando lleva más de una década en desarrollo por parte de investigadores de Canadá y Estados Unidos, y se conoce como VSV-EBOV (virus de la estomatitis vesicular – ebolavirus). Esta vacuna es un virus modificado genéticamente, basado en una cepa del virus animal, VSV, pariente del virus de la rabia, que ha sido alterado para también producir un antígeno importante del ébola. Estos antígenos ofrecen la oportunidad de que el organismo desarrolle su respuesta inmunitaria adaptativa, sin tener que estar expuesto al ebolavirus silvestre.
Crucialmente, la cepa VSV puede replicarse en el organismo —por lo que se denomina vacuna «viva»— pero carece de capacidad para causar enfermedad y transmitirse en humanos. El antígeno del ébola que se produce es su glicoproteína (GP), una proteína muy importante recubierta de azúcares que se encuentra en la superficie del virus y que le permite entrar en las células humanas, replicarse y, en última instancia, causar la enfermedad. Cuando el organismo desarrolla una respuesta inmunitaria contra la GP, mediante la vacunación con VSV-EBOV, los anticuerpos producidos pueden unirse fuertemente a ella, impidiendo la infección.
Veamos las pruebas
El desarrollo de vacunas contra el ébola se rige por la «regla de eficacia animal» de la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA), que establece que puede concederse una licencia sobre la base de datos sólidos de seguridad y eficacia en al menos dos modelos animales —en este caso: ratones, cobayas y primates no humanos— y si se demuestra que la intervención es segura en un número reducido de personas. Sin embargo, la vacuna sigue sin estar autorizada, porque los ensayos clínicos estándar en humanos son potencialmente inviables o poco éticos, dada la naturaleza letal de la enfermedad. Muchos abogan por flexibilizar los ensayos clínicos de los tratamientos contra el ébola durante el brote para ayudar a contener su propagación.
La VSV-EBOV ha sido sometida a amplias pruebas en modelos animales. Las vacunas contra el ébola basadas en VSVse cuentan entre las más seguras y eficaces en modelos de primates, que se consideran el «estándar de oro» en las pruebas animales preclínicas.
La vacunación fue 100 % eficaz en primates cuando se infectó con ebolavirus silvestre cuatro semanas después de la inmunización. Se requiere una dosis relativamente pequeña y su perfil de seguridad es muy alto, incluso en primates con sistemas inmunitarios débiles.
La VSV-EBOV actúa con rapidez. Se ha demostrado que funciona cuando se administra menos de una hora después de la infección, aunque la protección fue menor que la exposición previa a la infección. La VSV-EBOV incluso se ha administrado de forma segura a una persona, tras un accidente de laboratorio en un laboratorio de alta contención. Por ello, la VSV-EBOV se está probando actualmente en ensayos clínicos en humanos con 20 voluntarios sanos en Estados Unidos y se espera conocer los resultados a finales de año.
Una herramienta más en el arsenal
La VSV-EBOV no es la única vacuna —ni el único tratamiento— contra el ébola que se está probando. Cabe destacar zMapp (un cóctel de anticuerpos monoclonales) y la vacuna de adenovirus de chimpancé que también está destinada a expresar la GP del ébola. Se está trabajando activamente en ambas, y ambas parecen prometedoras a partir de los resultados de ensayos preclínicos y de pruebas en unos pocos voluntarios humanos.
La vacuna de adenovirus es la más avanzada en comparación con la VSV-EBOV, pero se necesitan cantidades mayores de virus para generar la inmunidad necesaria, y el tiempo que transcurre entre la vacunación y el desarrollo de la inmunidad es mucho más largo que en el caso de la VSV-EBOV.
Aunque no se sabe con certeza cómo se repartirá el envío actual de VSV-EBOV entre las regiones afectadas —ni siquiera quién la recibirá primero—, los 800 viales claramente no bastan para contener esta epidemia. Quienes producen la vacuna incluso han sido “instados a transferir la producción” a una empresa de mayor capacidad.
Está por ver si estas vacunas y tratamientos experimentales serán de ayuda a corto plazo. No obstante, está claro que se necesita un enfoque rápido, eficaz y seguro. La traslación de nuestros conocimientos a la clínica debe ir al mismo ritmo que la ciencia que los sustenta, pero no a costa de la seguridad de los pacientes vulnerables.
Publicado en colaboración con The Conversation
Autor: Connor Bamford es investigador postdoctoral en el MRC University of Glasgow Centre for Virus Research, en el Reino Unido, donde trabaja en la biología celular del virus de la hepatitis C, un importante patógeno humano.
Imagen: Un trabajador sanitario se refleja en un espejo mientras se prepara el equipo de protección cerca del Hospital Rokupa, Freetown, 6 de octubre de 2014. REUTERS/Christopher Black/WHO/Handout vía Reuters.



