El optimismo de África Oriental ante la fibra óptica

El optimismo de África Oriental ante la fibra óptica
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La expectación por los efectos potencialmente transformadores de internet en los países de bajos ingresos no se hace más patente en ningún lugar que en África Oriental, la última gran región poblada del mundo en obtener una conexión cableada a internet.

Antes de 2009, no había ni un solo cable de fibra óptica que conectara la región con el resto del mundo. Tras cientos de millones de dólares de inversión, se tendieron cables para conectar la región a la red global. Los precios del acceso a internet bajaron, las velocidades aumentaron y el número de usuarios de internet en la región se disparó.

Steve Song, CC BY-NC-SA

Políticos, periodistas y académicos sostenían que una mejor conectividad daría lugar a un florecimiento de la actividad económica, social y política, y muchas personas influyentes de la región hicieron declaraciones grandilocuentes. Por ejemplo, el expresidente de Kenia Mwai Kibai declaró:

Me complace estar hoy con ustedes en un acontecimiento de proporciones verdaderamente históricas. La llegada a Mombasa de este proyecto de cable submarino de fibra óptica es uno de los proyectos emblemáticos de la historia del desarrollo nacional de Kenia. De hecho, algunos lo han comparado con la finalización del ferrocarril Kenia-Uganda hace más de un siglo. La comparación no es descabellada, porque mientras que las economías del siglo pasado estaban impulsadas por las conexiones ferroviarias, las de hoy están impulsadas en gran medida por internet.

El presidente de Ruanda, Paul Kagame, también habló de las posibilidades revolucionarias de estos cambios en la conectividad. Afirmó:

En África nos hemos perdido tanto la revolución agrícola como la industrial, y en Ruanda estamos decididos a aprovechar plenamente la revolución digital. Esta revolución se resume en el hecho de que ya no es de suma importancia dónde estás, sino qué puedes hacer; esto beneficia enormemente a las regiones tradicionalmente marginadas y a las poblaciones geográficamente aisladas.

Como muchos estudiosos de la política han señalado desde hace tiempo, declaraciones como estas pueden tener un impacto importante: enmarcan cómo pueden gastarse los escasos recursos y legitiman acciones en ciertos ámbitos, al tiempo que excusan la inacción en otros.

Dos momentos de cambio

Como se habla tan a menudo de internet en términos revolucionarios, mis colegas Casper Andersen y Laura Mann y yo decidimos comparar en un artículo las numerosas esperanzas, expectativas y temores expresados sobre internet con los de otro momento transformador de la historia de África Oriental: la construcción del ferrocarril de Uganda.

La apertura inicial de África Oriental se construyó con acero, no con fibra óptica. Nairobi Government Printers, proporcionado por el autor

El ferrocarril de Uganda se construyó entre 1896 y 1903, entre Mombasa y el lago Victoria, conectando entre sí partes de África Oriental y vinculando la región con el resto del mundo. En aquel momento había opiniones firmes sobre lo que esto podía traer. El periodista y explorador Henry Morten Stanley afirmó:

Me pareció ver en una visión lo que ocurriría en los años venideros. Vi barcos de vapor dejando una estela de humo oscuro sobre las aguas del lago; vi llegar y desembarcar a los pasajeros; vi a los habitantes del este sellar una hermandad de sangre con los del oeste. Y me pareció oír a gran distancia el tañido de las campanas de una iglesia.

El joven Winston Churchill se expresó con lirismo sobre el nuevo ferrocarril:

¡Qué camino es este! Todo está en perfecto orden. La vía está nivelada, desmalezada y balastada como si fuera la London and North-Western. Cada poste telegráfico tiene su número; cada milla, cada cien yardas, cada cambio de pendiente tiene su señal… Aquí y allá, a intervalos que se acortarán cada año, hay plantaciones de caucho, fibra y algodón: los comienzos de esos suministros inagotables que algún día satisfarán la demanda aún no cuantificada de Europa de esas mercancías indispensables… En suma, un delgado hilo de civilización científica, de orden, autoridad y organización, tendido a través del caos primigenio del mundo.

Aprender de las expectativas

Tras un análisis exhaustivo de los textos históricos y contemporáneos, podemos señalar dos aspectos clave.

Las esperanzas y los temores que las personas albergan ante los cambios en la forma de conectarse con otras personas y lugares son sorprendentemente similares entre generaciones. Pero hay diferencias notables entre estos dos momentos, separados por un siglo.

La llegada del ferrocarril giró en torno al uso de la tecnología para integrar un imperio y abrir nuevas tierras a las ambiciones imperiales. Al presentar la llegada del ferrocarril como una forma de que el centro extendiera su dominio sobre la periferia, lo que se dijo y escribió entonces sirvió para legitimar la expansión del colonialismo.

La llegada de los cables de fibra óptica, sin embargo, plantea una historia distinta. En lugar de un mundo donde se reducen las distancias entre el centro y la periferia, tiende a apoyarse más en la idea de una «aldea global». La necesidad de conectar a todos con la economía global prevalece sobre conceptos como la autosuficiencia, las economías locales o el comercio al margen del mercado global.

Estas visiones importan porque dejan poco margen para las alternativas. Así como los relatos dominantes sobre la llegada del ferrocarril presentaban una visión del mundo favorable al colonialismo, los relatos dominantes actuales ofrecen una justificación conveniente del capitalismo globalizado y el neoliberalismo.

Importa cómo las personas imaginan su conexión con el mundo. Esas ideas moldean cómo entendemos el mundo y, en última instancia, qué medidas tomamos para transformarlo. Por eso, al examinar los efectos de las formas cambiantes en que estamos conectados, deberíamos mirar al pasado y no solo al futuro.

Publicado en colaboración con The Conversation.

Autor: Mark Graham es profesor asociado del Oxford Internet Institute de la University of Oxford

Imagen: Un hombre somalí navega por internet en su teléfono móvil en una playa de la costa del océano Índico. REUTERS/Feisal Omar

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