¿Puede la transparencia en los recursos naturales beneficiar a África?

¿Puede la transparencia en los recursos naturales beneficiar a África?
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¿Cómo se pueden aprovechar las inversiones y la ayuda chinas en África para que más niños se vacunen, haya más mosquiteras antipalúdicas disponibles, se logre la seguridad alimentaria de las familias y más jóvenes africanos consigan empleo?

Hay dos sectores especialmente importantes que considerar al plantearse esta cuestión: las inversiones en la extracción de recursos naturales (es decir, hidrocarburos y minerales) y en la agricultura.

En cuanto a los recursos naturales, la tendencia mundial apunta a mejorar la transparencia y la rendición de cuentas del sector. El mes pasado los reguladores estadounidenses publicaron las normas definitivas que implicarán que las empresas de petróleo, gas y minería que cotizan en Estados Unidos deberán «publicar lo que pagan» a los gobiernos de todo el mundo por los derechos de extracción de recursos naturales. La Unión Europea prevé aplicar una ley similar en los próximos meses, y el siguiente obstáculo será una votación parlamentaria clave el 18 de septiembre. Se trata de un hecho histórico y potencialmente decisivo, ya que más del 70 % de las empresas extractivas cotizadas serán pronto mucho más transparentes en sus transacciones financieras con los gobiernos. Los mercados funcionarán mejor y los ciudadanos dejarán de estar a oscuras.

El siguiente interrogante es si China aceptará medidas similares. La opinión convencional sostiene que será difícil. Pero eso es una simplificación excesiva. La relación de China con África está evolucionando, y China se está dando cuenta rápidamente de los beneficios que se derivarán si sus inversiones se comunican mejor, especialmente a los ciudadanos africanos.

La apertura y la rendición de cuentas no deben temerse: son componentes esenciales de un sólido contrato social para operar. Además, las empresas chinas no necesitan la opacidad para ganar contratos. Pueden obtener licitaciones gracias a la solidez de su experiencia y conocimientos. De hecho, en el sector extractivo, como muchas empresas chinas cotizan en las bolsas de Nueva York o europeas, pronto divulgarán información sobre los pagos a los gobiernos. Hong Kong ya tiene un requisito similar para las empresas que salen a cotizar.

Mientras se nivela el terreno de juego a escala mundial, también habrá presión a nivel nacional para que los países africanos exijan que las empresas que no cotizan en Estados Unidos o la UE funcionen con un nivel de transparencia similar. Es esencial apoyar en esta labor a los socios de la sociedad civil de los países ricos en recursos pero en desarrollo, así como en su trabajo de utilización de los nuevos datos para exigir cuentas a sus gobiernos. Si se hace todo bien, los ingresos anuales procedentes de las industrias extractivas superan con frecuencia con creces la ayuda y podrían constituir una financiación excelente para la lucha de África contra la pobreza extrema.

En materia agrícola, todos hemos leído sobre la última sequía y las preocupaciones por los precios de los alimentos, parte de una escasez estructural de alimentos a largo plazo a la que se enfrenta el mundo, ya que las clases medias de las naciones emergentes exigen niveles de consumo occidentales. África puede ser proveedora de estos alimentos y, al mismo tiempo, alimentar con creces a su propia población, con la inversión adecuada. El continente tiene la mayor superficie de tierra arable sin cultivar del mundo.

China y otros países están invirtiendo en este potencial. Pero, al igual que las inversiones en industrias extractivas, deben realizarse de forma transparente para que los ciudadanos locales participen en la inversión y se beneficien de ella. China tiene una gran experiencia en el aumento de la productividad agrícola para combatir el hambre y la pobreza, y podría compartirla como parte de este programa responsable de ayuda e inversión.

Autor: Jamie Drummond es director ejecutivo y cofundador de ONE y miembro del Global Agenda Council on Africa del Foro Económico Mundial.

Imagen: REUTERS/Handout

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