En resumen
Un científico de 87 años llamado Yuan Longping ha desarrollado con éxito un arroz que puede cultivarse con agua salada. Aunque su arroz podría evitar la escasez de alimentos a medida que el cambio climático global inunda el mundo, falta mucho para que esta nueva variedad pueda adoptarse ampliamente.
China: un país antiguo con nuevas ideas
Más de la mitad de la población mundial depende del arroz para sobrevivir, pero satisfacer esa demanda es difícil debido a la creciente escasez de agua dulce, necesaria para cultivar arroz. Para resolver el problema, el científico chino de 87 años Yuan Longping está desarrollando una nueva variedad de arroz de alto rendimiento que crece en agua salada.
Los pantanos, las ciénagas y las aguas costeras arcillosas o saladas representan aproximadamente un tercio de las tierras cultivables totales de China. Cultivar arroz en esos lugares es casi imposible porque la sal dificulta el proceso por el que las plantas absorben agua. En concreto, el agua salada dificulta la fotosíntesis y la respiración de los tallos y ralentiza su crecimiento hasta causarles la muerte.
La sal procedente de las inundaciones costeras y las mareas ha dejado solo una fracción de las tierras de China aptas para el cultivo de arroz con agua dulce y, en Dongying, una región de la costa oriental china, la concentración de sal supera el 0,5 % en el 40 % de las tierras, según el Banco Mundial. Los expertos esperan que el aumento del nivel del agua debido al cambio climático global agrave este problema.
Para su investigación, Longping plantó 200 variedades distintas de arroz tolerantes al agua salada en el Centro de Investigación y Desarrollo de Arroz Tolerante a la Salinidad y los Álcalis de Qindao, junto al mar Amarillo. Según la agencia china de noticias Xinhua, sus esfuerzos dieron como resultado 8.030 libras de arroz por acre. A modo de comparación, la mayoría de los productores comerciales de Estados Unidos cosechan entre 7.200 y 7.600 libras por acre al año.
Aunque prometedor, el experimento de Longping no reprodujo las condiciones reales de China, sino que utilizó agua con una concentración de sal mucho menor que la que se encuentra en la naturaleza.
«Aún tiene quizá solo el 10 % de la concentración de sal del agua de mar», dijo Ren Wang, subdirector general de Agricultura de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO de la ONU), a Business Insider, por lo que al arroz «a prueba de sal» todavía le queda mucho camino por recorrer antes de poder ayudar a los agricultores comunes.
El futuro de la alimentación
China ya produce más arroz que cualquier otro país del mundo, pero si los agricultores chinos tuvieran acceso a arroz que crece en agua salada, podrían plantarlo en las vastas tierras salinas del país y aumentar considerablemente el suministro de alimentos de la nación, dijo Wang a Business Insider.
El arroz de Longping también podría liberar tierras de agua dulce que ahora se reservan para cultivar arroz y destinarlas a otros alimentos. Los ciudadanos chinos más acomodados demandan más carney menos alimentos a base de cereales, pero satisfacer esa demanda se ha vuelto cada vez más difícil, dada la cantidad de tierras de agua dulce reservadas para el cultivo de arroz.
El temprano éxito de Longping con el arroz que crece en agua salada llega también en un momento en que los productores de arroz informan de condiciones especialmente desfavorables.
Según el pronóstico de la FAO de la ONU para 2017 sobre la producción mundial de arroz, Sri Lanka y Corea del Sur sufren una «sequía anormal», y Bangladés sufrió recientemente las peores inundaciones que han azotado el sur de Asia en una década. Nepal y la India también sufrieron inundaciones y sequías este año y, en consecuencia, sus habitantes verán subir los precios.
A medida que plataformas de hielo del tamaño de Delaware se desprenden de la Antártida con una frecuencia cada vez mayor, el enfoque de Longping hacia la innovación agrícola podría determinar cómo afrontarán las generaciones futuras la escasez de alimentos que podría derivarse de la pérdida de tierras de agua dulce por las inundaciones de agua salada.

