Científicos del Instituto de Medio Ambiente Terrestre de China han construido lo que, según afirman, es el mayor purificador de aire del mundo, en la ciudad septentrional de Xi’an.
La torre experimental que absorbe el esmog mide más de 100 metros de altura y está diseñada para mejorar la calidad del aire de la ciudad, donde los niveles suelen quedar por debajo de los estándares establecidos por la Organización Mundial de la Salud.
La torre ya ha mejorado notablemente la calidad del aire en una superficie de 10 kilómetros cuadrados, según un informe del South China Morning Post.
El investigador principal, Cao Junji, afirma que la torre puede producir más de 10 millones de metros cúbicos de aire limpio al día y añade que, en los días de contaminación grave, el esmog se reduce a «niveles moderados».
Para vigilar el impacto de la torre, el equipo de Junji instaló estaciones de monitoreo de la contaminación en los alrededores y descubrió que los niveles de PM2,5 —las partículas finas del esmog consideradas más perjudiciales— disminuyeron un 15% en periodos de alta contaminación, en comparación con el promedio.
Cómo funciona
El sistema consta de una serie de invernaderos especialmente adaptados, situados en la base de la torre, que absorben el aire contaminado y lo calientan con energía solar.
A continuación, el aire asciende por capas de filtros de limpieza antes de liberarse a la atmósfera. Se espera que la evaluación completa del rendimiento de la torre esté lista a finales de este año; después, los investigadores esperan construir una torre plenamente operativa unas cinco veces más grande.
El experimento de la torre de Xi’an es similar al Smog Free Project, creado por el artista neerlandés Daan Roosegaarde en 2016 para purificar el aire de Pekín.
Ese proyecto consta de dos partes. Primero, una torre de siete metros de altura absorbe el aire contaminado y lo limpia a escala nanométrica. Segundo, el carbono de las partículas del esmog se convierte en diamantes.
Se están fabricando más torres contra el esmog para parques y zonas de juegos en ciudades de China. Roosegaarde afirma que el aire de estas zonas será entre un 70% y un 75% más limpio que el del resto de la ciudad.
Un futuro más limpio
Esto es una noticia especialmente buena para un país que registra niveles de contaminación del aire notoriamente elevados.
La proporción de China en las emisiones globales pasó del 5,7% en 1973 al 28,1% en 2016. Esto se debe en gran medida a su insaciable demanda de carbón, sin parangón en el mundo.
Según el último informe de estadísticas clave de la energía mundial de la Agencia Internacional de la Energía, en 2016 China era el mayor productor e importador de carbón del mundo.
Y aunque China no estuvo entre los 20 países que acordaron eliminar gradualmente el carbón para 2030 en las conversaciones sobre el clima de la COP23 del año pasado, está intentando reducir su huella de carbono.
Por ejemplo, China anunció recientemente que cancelaría sus planes de construir 85 centrales eléctricas de carbón.
Además, el año pasado el país introdujo medidas contra la contaminación en 28 ciudades. El plan, que incluye limitar la producción de las industrias pesadas, busca reducir las concentraciones de PM2,5 al menos un 15% interanual.
China también ha aumentado su inversión en energía limpia: de 7.500 millones de dólares en 2005 a más de 101.000 millones una década después. A esto se suman 44.000 millones de dólares invertidos el año pasado en proyectos de energía limpia en el extranjero, según el Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero.
En comparación, la Unión Europea invirtió 39.900 millones de dólares en energía limpia en 2015.





