¿Es posible estar realmente libre de transgénicos?

¿Es posible estar realmente libre de transgénicos?
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Está muy bien optar por no comer alimentos modificados genéticamente (MG), o incluso prohibirlos por completo, pero ¿qué ocurre si luego crías a tus vacas con soja MG? ¿Puedes mantener realmente una objeción moral coherente?

Este es el dilema al que se enfrentan ahora muchos países europeos, tras la propuesta de la UE de adoptar medidas que desarmonizarían aún más las normas sobre organismos modificados genéticamente (OMG). La última propuesta permitiría a los Estados miembros «excluirse» del uso de alimentos y piensos MG para animales, reflejando así la legislación aprobada a principios de este año, que permitió a los miembros excluirse del cultivo de OMG.

El objetivo oficial es permitir que los Estados miembros impongan restricciones a los alimentos y piensos MG «en aras de la elección democrática y de la coherencia». Sin embargo, los países que esperen poder elegir entre distintos OMG, ya sean cultivos, alimentos o piensos, verán su libertad muy limitada.

Las restricciones a los OMG deben seguir cumpliendo la legislación de la UE. En primer lugar, esto exige que toda medida sea necesaria para proteger un «objetivo legítimo pertinente». Las preocupaciones por el medio ambiente o la salud pública no cuentan: en teoría, estas se abordan durante el proceso inicial de autorización. Quedan objetivos como la moral pública, la protección de los consumidores o la política agrícola (evitar la contaminación entre cultivos MG y no MG, o tener que adaptar las explotaciones para cultivar variedades MG). Aun así, no debe haber discriminación arbitraria ni proteccionismo encubierto.

Un quebradero de cabeza italo-irlandés

Pensemos en Irlanda e Italia: dos países verdes y agrícolas que pronto podrían afrontar serios quebraderos de cabeza. Ambos tienen sentimientos encontrados respecto a los OMG y tienen interés en prohibir ciertos productos, pero —y esto es crucial— no todos.

En particular, una proporción considerable de los piensos para animales utilizados tanto en Italia como en Irlanda es de origen MG. Un informe de 2010 señaló que más del 90 % de los piensos proteicos para el ganado en Irlanda contenían variedades MG autorizadas por la UE, sobre todo soja, maíz, algodón y colza.

Como los piensos importados son esenciales para alimentar bien a las vacas y ovejas de Irlanda, y es difícil garantizar una contaminación nula por fuentes MG, el país respaldó una enmienda a la legislación de la UE que permitía tolerancias temporales de hasta el 0,1 % para piensos MG no autorizados. Aunque en circunstancias neutrales evitarían los piensos MG, el mercado ha creado una gran dependencia de estos entre los productores nacionales.

Llega el dilema

Esto se suma a un dilema relacionado con productos específicos elaborados en el país y sus equivalentes MG producidos fuera de la UE.

La colza es un cultivo importante en Irlanda, por ejemplo, igual que en el Reino Unido. Aunque actualmente no se autoriza el cultivo de colza MG en la UE, sí está autorizado el uso de alimentos y piensos para animales derivados de colza MG cultivada en otros lugares, principalmente en Canadá.

Italia es el principal productor de soja de Europa. Al igual que con la colza, no se puede cultivar soja MG en la UE, pero se autorizan los productos de soja MG importados, cuyos principales proveedores están en Estados Unidos, Brasil y Argentina. Por tanto, los productores europeos (todos ellos no MG) compiten con productores de fuera de la UE, tanto MG como no MG.

Aunque Irlanda e Italia dependen demasiado de la importación de piensos MG de colza y soja como para imponer restricciones, ambos países podrían sentirse tentados a ayudar a sus productores nacionales intentando prohibir los alimentos MG de colza y soja. Sin embargo, si cualquiera de ellos prohibiera estos alimentos MG y no otros, con independencia del objetivo legítimo que alegara, eso constituiría «discriminación arbitraria», ya fuera directa o indirecta.

Confusión moral

¿Y qué hay de una prohibición general de los alimentos MG basada en la protección de los consumidores o en la moral pública? La protección de los consumidores no servirá. El etiquetado podría proteger suficientemente a los compradores y ya es obligatorio (aunque no se considere información plena y precisa).

La moral pública podría justificar esas restricciones, pero limitarse únicamente a los alimentos MG parecería hipócrita. Si la moral pública justifica prohibir los alimentos MG a escala nacional, ¿por qué no exigir también una prohibición de los piensos MG y de los cultivos MG? Sobre todo cuando esos piensos o cultivos MG acaban convirtiéndose en alimentos.

Así pues, solo queda la protección del medio ambiente y de la salud, que podría justificar restringir un alimento MG y no otro, o los alimentos MG en general, pero no los piensos ni los cultivos. Sin embargo, ambos motivos quedan expresamente excluidos en la legislación propuesta por la UE.

En consecuencia, Irlanda e Italia quizá puedan imponer restricciones unilaterales a los cultivos, alimentos o piensos MG por diversos objetivos legítimos. De hecho, podrían estar verdaderamente «libres de transgénicos». Sin embargo, si se alega que la moral pública justifica prohibir los cultivos o los alimentos MG, no se puede luego dar marcha atrás y seguir permitiendo los piensos MG.

Podrían permitirse restricciones al cultivo sin restricciones a otros productos MG, pero eso se debe a que también promueven objetivos distintos, como proteger la agricultura tradicional o la libertad de elección de los productores. Para que las medidas sean aceptables, deben ser coherentes.

Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. Lee el artículo original.

La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.

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Autora: Mary Dobbs es profesora de Derecho en Queen’s University Belfast.

Imagen: Se ve ganado descansando en una granja del sur de Alberta, cerca de Calgary. REUTERS/Andy Clark AC

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