¿Puede sobrevivir la fauna silvestre en una África moderna?

¿Puede sobrevivir la fauna silvestre en una África moderna?
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Esta semana, me he reunido con líderes regionales y mundiales de gobiernos, empresas y la sociedad civil en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, con motivo del 25.º Foro Económico Mundial sobre África. El tema de esta reunión —Antes y ahora: reimaginar el futuro de África — enmarca bien el momento decisivo en que se encuentra el continente, en transición desde un pasado de subdesarrollo y estancamiento económicos hacia un presente definido por una rápida modernización, un aumento de la inversión extranjera directa, mayores inversiones en agricultura e infraestructura y un impresionante crecimiento económico.

África puede mostrar muchos rostros, según la perspectiva desde la que se la mire. Para un gigante del petróleo y el gas, el continente es una vasta extensión, fascinante, de reservas conocidas y desconocidas de petróleo y gas. Para una empresa minera, África atrae con su 30 % de las reservas minerales mundiales. Y, dado que se prevé que el uso de teléfonos móviles en África se multiplique por 20 durante los próximos cinco años (ya hay 635 millones de abonados en el África subsahariana), las compañías de telefonía móvil ven a África como la nueva meca de los consumidores.

Desde mi perspectiva de conservacionista, veo un continente ecológicamente diverso —que comprende el 20 % de la superficie terrestre total de la Tierra— rebosante de fauna silvestre y paisajes extraordinarios. Veo un continente que alberga a los mamíferos terrestres más grandes, altos y rápidos del mundo. Veo un lugar donde aún se producen grandes migraciones de cientos de miles de animales porque su hábitat ha permanecido libre de obstáculos. Veo un lugar que alberga la segunda mayor extensión de bosque tropical del mundo, que contiene el 8 % del carbono forestal mundial. También veo un lugar donde la fauna silvestre y las personas interactúan a diario en una proximidad tal que sus respectivos futuros están inconfundiblemente entrelazados.

Sin embargo, mi perspectiva no excluye las otras visiones de África. Superpuesto al entramado de biodiversidad del continente hay un sinfín de otros planes: planes para proyectos de infraestructura que incluyen carreteras, ferrocarriles y represas; planes para concesiones madereras y mineras; planes para la exploración de petróleo y gas; y planes para asentamientos humanos.

Al participar hoy en el Foro Económico Mundial sobre África, planteo esta pregunta: ¿Cómo podemos coordinar todos los planes —y articular los diversos intereses que representan— de manera que se asegure un futuro para la fauna silvestre en la África moderna? Es una pregunta que grupos conservacionistas como el mío llevan tiempo planteándose, pero saben que la respuesta y el camino a seguir deben provenir de múltiples partes interesadas, como las representadas en el Foro de hoy: gobiernos, líderes de la industria, sector privado y sociedad civil, todos trabajando junto con grupos conservacionistas y medioambientales.

Es un falso dilema suponer que la fauna silvestre y los paisajes naturales de África deben o deberían sacrificarse para que el continente se modernice y mantenga el ritmo constante de su crecimiento económico. África es lo suficientemente vasta y aún está a las puertas de definir su trayectoria de desarrollo como para evitar decisiones innecesarias. A pesar de ello, algunos países ya están tomando esas decisiones… innecesariamente, cabe añadir. Los gobiernos no tienen por qué permitir —ni las empresas perseguir— concesiones para prospectar, extraer, explorar, perforar, talar o alterar de otro modo la integridad de las áreas protegidas y los sitios del Patrimonio Mundial. Los líderes africanos no tienen por qué aceptar que el precio de hacer negocios con países extranjeros sea la destrucción de su base de recursos naturales, incluidos los elefantes, los rinocerontes y otros animales silvestres. La responsabilidad de garantizar el desarrollo sostenible recae en los africanos y sus gobiernos. Si los países determinan que la fauna silvestre es importante para sus resultados ecológicos y económicos, pueden establecer sus propias condiciones para hacer negocios dentro de sus fronteras. Del mismo modo, las agendas nacionales deben coordinarse y formularse de manera que la fauna silvestre y su hábitat no queden en peligro por intereses internos divergentes.

En todos los niveles —nacional, regional y continental—, las poblaciones de elefantes, rinocerontes, leones, grandes simios y otras especies de África están sufriendo descensos drásticos. Esta misma semana, el gobierno de Tanzania publicó datos que muestran que el país perdió el 60 % de su población de elefantes a manos de cazadores furtivos en los últimos cinco años, con un estimado de 65.721 elefantes sacrificados entre 2009 y 2014. Las noticias de Mozambique de la semana anterior no fueron menos desalentadoras. Según un estudio respaldado por el gobierno, las manadas de elefantes de ese país del África austral han disminuido un 48 %. Más al sur, la caza furtiva de rinocerontes en Sudáfrica ha alcanzado niveles récord: en 2014 murieron 1.215 rinocerontes y la caza furtiva aumentó un 18 % durante los primeros cuatro meses de este año en comparación con el mismo período del año pasado. Los elefantes de bosque de África central también afrontan un futuro incierto. Entre 2002 y 2013, su población sufrió un descenso del 65 %.

Estas cifras solo reflejan las muertes de animales silvestres causadas por la caza furtiva. En otras partes del continente, también mueren leones, elefantes, jirafas, perros salvajes y otros animales debido a conflictos con las personas, la pérdida y fragmentación del hábitat y la transmisión de enfermedades. Al no reconocer ni abordar deliberadamente las causas fundamentales de estos descensos, muchos países corren el riesgo de quedarse sin fauna silvestre y con ecosistemas degradados. Esta asombrosa pérdida de biodiversidad demuestra por qué la protección de la fauna silvestre debería ser una prioridad para los gobiernos africanos, junto con el empleo, la educación, la paz y la seguridad regionales y el crecimiento económico. Los gobiernos deberían considerar las numerosas contribuciones de la fauna silvestre y los ecosistemas saludables, y las que seguirán aportando si se los cuida.

Como aporte más directo y evidente, la fauna silvestre contribuye al crecimiento económico y al empleo a través del turismo. En países como Etiopía, donde el turismo de fauna silvestre aún está en una etapa incipiente de desarrollo, esta contribución puede parecer lejana. Sin embargo, Etiopía solo tiene que mirar a la vecina Kenia para ver cómo la fauna silvestre contribuye a los ingresos y al empleo: el sector turístico de Kenia representa el 12 % del PIB. Otras contribuciones quizá sean menos evidentes y más difíciles de cuantificar, pero no por ello menos importantes. Los bosques saludables, por ejemplo, proporcionan servicios ecosistémicos que benefician a las personas y a las industrias que dependen de ellos. En 2011, el valor mundial de los servicios ecosistémicos se estimó en 125 billones de dólares anuales. Solo el Complejo Forestal de Mau, en Kenia, aporta al país servicios cuyo valor se estima en 1.300 millones de dólares y ayuda a proteger una de sus industrias clave: el té. Asimismo, la pesca en África sustenta al 30 % de la población.

Estas contribuciones indican que la labor de proteger la fauna silvestre y los ecosistemas no puede ni debe recaer exclusivamente en los grupos conservacionistas, ni ser responsabilidad exclusiva de los ministerios de medio ambiente. Los ministerios de Finanzas, Agricultura, Planificación, Silvicultura y Desarrollo Económico, entre otros, también deben desempeñar un papel en la protección de la fauna silvestre. Asimismo, la naturaleza de la fauna silvestre y los ecosistemas de África hace que a menudo trasciendan las fronteras nacionales. Son un recurso compartido, y su protección debería ser una responsabilidad compartida entre organismos regionales como la Comunidad de África Oriental, la Comunidad de Desarrollo de África Austral y la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental.

Desde una perspectiva continental, las naciones africanas han estado trabajando a través de la Comisión de la Unión Africana para elaborar la Agenda 2063, una visión y un plan de acción para el continente que convocará a todos los sectores de la sociedad “a trabajar juntos para construir una África próspera y unida, basada en valores compartidos y un destino común”. Esos valores compartidos y ese destino común deberían incluir la fauna silvestre. En respuesta a una invitación a contribuir a la Agenda 2063, varios de nuestros fideicomisarios, entre ellos S. E. el expresidente de Tanzania Benjamin Mkapa, S. E. el expresidente de Botsuana Festus Mogae y la doctora nigeriana Myma Belo-Osagi, escribieron a la Comisión para solicitar que la protección y la gestión responsable de la fauna silvestre y las tierras naturales se expusieran explícitamente en esta importante formulación de las prioridades de África.

Todo se reduce a establecer prioridades, desde el nivel local hasta los ministerios gubernamentales y los jefes de Estado. Proteger a los elefantes, los leones, los rinocerontes y otras especies, junto con los grandes espacios que necesitan para prosperar, debe ser una prioridad y no algo que se considere a posteriori si queremos asegurar un futuro para la fauna silvestre en una África moderna. Ese futuro solo se hará realidad cuando todas las partes interesadas, especialmente las representadas aquí en Ciudad del Cabo, trabajen juntas y emprendan acciones deliberadas con ese fin.

Autor: Patrick Bergin Fundación Africana para la Vida Silvestre (AWF) es su director ejecutivo.

Imagen: Elefantes bebés huérfanos juegan en el centro para huérfanos de Daphne Sheldrick Wildlife Trust, dentro del Parque Nacional de Nairobi, Kenia. REUTERS/Thomas Mukoya

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