Un futuro prometedor para Polonia

Un futuro prometedor para Polonia
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El mundo actual no es el lugar estable y poshistórico que algunos habían imaginado en 1989, cuando cayó el Telón de Acero y terminó el régimen comunista en Europa del Este. Pero, aunque los acontecimientos de 1989 no trajeron paz y prosperidad perpetuas, sí pusieron en marcha algunas historias de verdadero éxito.

Uno de los casos más impresionantes es el ascenso de Polonia hasta convertirse en una potencia política y económica en Europa. El triple aniversario de este año —25 años de democracia, 15 años de pertenencia a la OTAN y diez años de pertenencia a la Unión Europea— es motivo de orgullo para el pueblo polaco, y con razón.

Basta pensar en lo milagroso que es el éxito de Polonia. Este es un país que desapareció del mapa de Europa en el siglo XVIII y que fue dividido y gobernado por ocupantes imperiales durante 150 años. En el siglo XX, Polonia fue víctima de dos ideologías inhumanas: el fascismo y el estalinismo. Su época dorada se remonta a hace unos 500 años y, a comienzos de este siglo, muchos todavía la veían como un símbolo de atraso.

Pero el pueblo polaco luchó y se sacrificó para hacer renacer su nación y, en el proceso, inauguró una nueva era para Europa y el mundo. El Muro de Berlín no habría caído cuando cayó ni de la manera en que lo hizo sin el movimiento Solidarność de Polonia y su lucha por la libertad y los derechos humanos.

Sin embargo, Polonia, como los demás «nuevos» Estados miembros de la UE (una expresión que, después de diez años, ha quedado obsoleta), sigue siendo relativamente desconocida para muchos habitantes de los Estados miembros «antiguos». Descubrir Polonia es encontrar un país con un rico patrimonio cultural, una vibrante vida cívica y gente trabajadora y creativa que puede abrumar a sus huéspedes con su hospitalidad.

Como alemán, me alegra que las relaciones entre Alemania y Polonia nunca hayan sido mejores que desde la adhesión de Polonia a la UE. Se trata de un avance crucial que debe protegerse cuidadosamente, pues ofrece una poderosa garantía de paz y estabilidad en el centro de Europa.

El mes pasado, Donald Tusk, ex primer ministro de Polonia, fue nombrado presidente del Consejo Europeo y se convirtió así en uno de los tres principales líderes de Europa. Esta decisión no solo reflejó el exitoso liderazgo de Tusk en Polonia, donde garantizó la estabilidad política y supervisó un progreso económico impresionante; también fue una señal clara de que los líderes de la UE reconocen plenamente la importancia política y económica de Polonia. Asimismo, indicó a los demás nuevos Estados miembros que son verdaderos iguales en la toma de decisiones europea.

Una vez más, fue Polonia la que abrió el camino y recordó desde el comienzo del proceso de adhesión a los antiguos Estados miembros que no era una intrusa ni una pariente pobre necesitada de caridad, sino una fuente de inspiración para el proceso de integración europea, cuyo impacto solo se había retrasado por la Segunda Guerra Mundial y sus consecuencias. Ahora, después de diez años de pertenencia a la UE, un nuevo Siglo de Oro para Polonia podría estar en el horizonte.

Polonia tiene el potencial de volver a ser un líder europeo. Firmemente anclada en la comunidad de las democracias occidentales, su papel trasciende los aspectos técnicos del proceso de integración europea, pues tiene la responsabilidad de garantizar que ninguna nueva barrera excluya a nuestros vecinos del Este de participar en este proceso.

Era lógico que Polonia fuera la spiritus rector de la Asociación Oriental de la UE, que dio lugar a acuerdos de asociación de la UE con Ucrania, Georgia y Moldavia. Ningún otro país tiene un interés mayor en la transformación exitosa de los vecinos orientales de la UE, en particular Ucrania.

De hecho, durante la crisis actual, Polonia ha adoptado una postura firme: nadie tiene derecho a negar a un país europeo la decisión soberana sobre su relación con Europa. Los vínculos históricos entre ambos países han situado a Polonia en mejor posición que a otros para comprender la naturaleza de los problemas de Ucrania, por lo que sería prudente escuchar con atención los consejos de los funcionarios polacos.

El pueblo polaco merece un futuro prometedor. Su lección para el resto de Europa es que los sueños pueden hacerse realidad si nos comprometemos plenamente a hacerlos realidad. Y, así como Tusk prometió pulir su inglés al trasladarse al centro de la escena europea, quizá el resto de nosotros deberíamos empezar a mejorar nuestro polaco.

Publicado en colaboración con Project Syndicate

Autor: Günter Verheugen, comisario europeo de Ampliación de 1999 a 2004 y comisario europeo de Empresa e Industria de 2004 a 2010, es actualmente miembro del consejo asesor internacional de FleishmanHillard.

Imagen: Aficionados polacos celebran durante el partido de fútbol de la Eurocopa 2008 entre Austria y Polonia en la zona oficial para aficionados de Viena, el 12 de junio de 2008. REUTERS/Heinz-Peter Bader

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