China intenta ganarse a los críticos de la nueva Ruta de la Seda

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Desde 2013, China ha invertido miles de millones de dólares en la construcción de autopistas, puertos y ferrocarriles en más de 60 países, como parte de su Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés). Sin embargo, en muchos países la BRI se enfrenta a una fuerte reacción adversa. Los proyectos financiados por China se han reducido, suspendido o sometido a un escrutinio más estricto en Sri Lanka, Myanmar, Nepal, Pakistán y Malasia, por una supuesta trampa de la deuda y prácticas poco escrupulosas.

En 2017, el puerto de Hambantota, en Sri Lanka, pasó a manos chinas junto con 69 kilómetros cuadrados de terreno, después de que el gobierno incumpliera el pago de su deuda. Pakistán, sumido en una crisis de la balanza de pagos, ha solicitado la reducción y la flexibilización de las condiciones del Corredor Económico China-Pakistán (CPEC).

La BRI se ha convertido en motivo de preocupación por su impacto en los países más vulnerables. Según el Centro para el Desarrollo Global, las dificultades derivadas de un nivel de deuda y de tipos de interés muy insostenible han empeorado en los países que mantienen deuda procedente de proyectos de la BRI.

Por ejemplo, un proyecto ferroviario en Laos implica 6.000 millones de dólares en préstamos chinos, casi un tercio de su PIB anual. La insostenibilidad de estas deudas ha alimentado las sospechas sobre la supuesta intención china de crear una “comunidad con un destino compartido” al financiar estos proyectos. Además, casi el 89 % de los contratistas de la BRI son empresas chinas.

La definición imprecisa de la BRI y la ambigüedad en torno a sus objetivos a largo plazo también han suscitado interrogantes. No existe un mapa claro del programa, lo que ha provocado su expansión más allá de la zona inicial de Oriente Medio y Eurasia hacia las islas del Pacífico, América Latina, África y el Ártico.

El secretismo genera inquietud y alimenta la especulación de que los objetivos de la iniciativa van más allá de la economía y la conectividad. Para muchos de sus críticos más acérrimos, la BRI es un plan maestro de China para convertir a los países euroasiáticos en estados tributarios bajo un único poder.

¿Están sobrevaloradas las preocupaciones?

Algunos de los nuevos gobiernos llegaron al poder en Sri Lanka, Malasia y Maldivas arremetiendo contra regímenes subordinados a China. Pero centrar el análisis de la BRI exclusivamente en el prisma geoestratégico no refleja la realidad del proyecto.

Por ejemplo, no está claro cómo China se beneficiará militarmente del puerto de Hambantota, en Sri Lanka, ya que, como era de esperar, India vetó de facto cualquier presencia naval china en el puerto.

Además, según una estimación del Banco Asiático de Desarrollo, entre 2017 y 2030 Asia necesita al menos 26 billones de dólares de inversión en infraestructuras para sostener su crecimiento económico actual y adaptarse al cambio climático. Ese volumen de dinero no llega de ninguna parte y, para muchos, la BRI es una propuesta bienvenida para cubrir esa brecha.

Dada la exitosa experiencia de China en la construcción de autopistas, líneas ferroviarias de alta velocidad y redes eléctricas, que han convertido al país en una potencia económica mundial, los proyectos de la BRI tienen sentido para una Asia y una África con gran necesidad de infraestructuras.

Desde la perspectiva china, sus reservas excedentarias de divisas necesitan destinos más rentables que los valores del gobierno estadounidense. La BRI ayuda a resolver el problema chino de exceso de capacidad en acero, cemento y otros materiales, al utilizarlos en proyectos de infraestructuras. Centrarse en el desarrollo de las regiones occidentales del interior de China, mediante el establecimiento de conexiones con Eurasia y sus 14 países vecinos, es también una propuesta económica razonable desde el punto de vista de China.

La respuesta de China

Cuando los líderes de todo el mundo se reunieron en Pekín en abril para asistir al segundo Foro de la Franja y la Ruta, la megainiciativa recibió un impulso muy necesario ante las dudas persistentes sobre las intenciones y el impacto a largo plazo del proyecto.

Treinta y seis jefes de Estado participaron en el foro de este año, frente a 28 en 2017. En total, más de 6.000 participantes de 150 países y 92 organizaciones internacionales, entre ellas los responsables del FMI y de la ONU, tomaron parte.

Se firmaron proyectos por un valor total de 64.000 millones de dólares, mientras que las partes de la BRI acordaron 283 proyectos en los ámbitos del transporte, la fiscalidad, el comercio, la auditoría, la tecnología, la cultura y los medios de comunicación.

El presidente chino, Xi Jinping, optó por responder a los críticos de la BRI comprometiéndose a aumentar las importaciones procedentes de países en desarrollo, reducir las barreras comerciales, aplicar iniciativas que favorezcan la inversión extranjera en China y orientar el enfoque hacia un marco de proyectos de la BRI de alta calidad y sostenible.

Desde Europa, solo siete países de la UE enviaron a sus jefes de Estado al foro de este año, siendo Italia el principal participante. Países como Francia, Alemania y el Reino Unido enviaron representantes de mayor nivel que en el primer foro.

La región de la ASEAN estuvo bien representada, con la única ausencia del presidente indonesio, Joko Widodo, debido a las elecciones. Desde Oriente Medio, el primer ministro de los Emiratos Árabes Unidos, el jeque Rashid Al Maktoum, figuró entre los asistentes; mientras que Arabia Saudí e Irán estuvieron representados a nivel ministerial.

¿Un nuevo rumbo para la BRI?

La BRI aún no ha logrado redefinir su imagen como iniciativa responsable. Un buen punto de partida sería hacerla más transparente e incorporar una buena gobernanza y las mejores prácticas empresariales en su ejecución.

La moderación del discurso sobre la expansión mundial ambiciosa por parte del presidente Xi en el segundo Foro de la BRI indica una actitud china más moderada. Implicar a múltiples partes interesadas es otro paso necesario, a medida que China avanza gradualmente hacia una iniciativa más inclusiva. Abrir las puertas a los contratistas locales y a la mano de obra de los países anfitriones para que participen en la ejecución de los proyectos ayudará a eliminar la desconfianza y a disipar parte de las preocupaciones sobre los motivos geopolíticos de China.

La BRI debe demostrar su compromiso con las normas internacionales y las normas técnicas para ganar legitimidad como iniciativa internacional. La declaración conjunta del Foro de este año pidió proyectos y normas de “alta calidad”. Aunque China había desdeñado previamente la OMC al crear un tribunal de arbitraje independiente para resolver las controversias transfronterizas de la BRI, el Foro de la BRI de este año muestra avances positivos, ya que China ha señalado su intención de abrir sus fronteras, permitiendo que los inversores extranjeros operen con participación total.

El Foro de la BRI de este año ha concluido con un renovado optimismo sobre la BRI y sobre China en general. El fiasco de Huawei y la consiguiente pugna geopolítica de los últimos meses han sido una gran fuente de preocupación para China, ya que las inquietudes internacionales sobre las intenciones chinas siguen creciendo.

La mayor presencia internacional en el Foro de la BRI de este año y el renovado optimismo generado por las declaraciones del presidente Xi sobre las dudas en torno a las intenciones chinas son buenos puntos de partida para las reformas necesarias que convertirán la BRI en una plataforma de desarrollo verdaderamente mundial y multilateral. Para China, el mensaje de despedida de sus socios sería: “los hechos hablan más que las palabras”.

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