Lista de deseos para la seguridad marítima de África en 2015

Lista de deseos para la seguridad marítima de África en 2015
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2014 fue un año importante para la seguridad marítima africana y para varias mejoras. Para muchos, la seguridad marítima es sinónimo de piratería, y la lucha contra la piratería sigue siendo el ámbito de éxito más notable.

El informe anual de 2014 del Centro de Información sobre Piratería de la Oficina Marítima Internacional (IMB-PRC) muestra que los incidentes denunciados de piratería y robo a mano armada en el mar en aguas africanas han seguido disminuyendo desde 2011. Esto invita a pensar, con esperanza, que la amenaza está remitiendo y que es probable que la mejora continúe.

A la luz incluso de estos avances graduales, ¿qué desearíamos ver en el ámbito marítimo africano en 2015? ¿Y qué posibilidades hay de que se cumplan estos deseos?

Este año, el número y la gravedad de los incidentes de piratería y robo a mano armada deben seguir disminuyendo. El IMB-PRC registró 55 ataques en 2014 —frente a 79 en 2013— en aguas africanas o atribuidos a piratas africanos. De ellos, 41 tuvieron lugar en el oeste, en el golfo de Guinea y la costa del océano Atlántico, y 12 ocurrieron frente al Cuerno de África o a lo largo de la costa del océano Índico occidental.

Los otros dos incidentes —ambos casos de hurto menor en puerto— ocurrieron, respectivamente, en Marruecos y Mozambique. Hace falta una pequeña salvedad: esto es solo lo que se comunica a las autoridades. Algunos estiman que, por ejemplo, solo se denuncia el 50% del total de incidentes en el golfo de Guinea. Los expertos y los investigadores en seguridad marítima se enfrentan ahora a un problema de probabilidades, pues la falta de pruebas sobre la naturaleza de los ataques dificulta identificar contramedidas eficaces.

De las pruebas disponibles —y el IMB-PRC sigue siendo la mejor fuente—, solo 29 incidentes se ajustan a la definición jurídica de piratería (por ocurrir fuera de las aguas territoriales), mientras que 26 incidentes afectaron a una embarcación atracada o fondeada y, por tanto, dentro de las aguas territoriales de distintos Estados. Por ello, la mayoría de lo que suponemos que son ataques piratas son, técnicamente, casos de robo a mano armada, a menudo hurtos menores de provisiones y equipos de barcos atracados en puertos como Pointe-Noire, en el Congo, o fondeados en lugares como Lagos.

Calificar cada incidente de piratería —sin distinguirlo del robo a mano armada en el mar— no solo es erróneo, sino que también podría tener importantes repercusiones en el gasto y las decisiones políticas sobre seguridad marítima en todo el mundo. De este modo, problemas que suelen ser internos se externalizan y pasan a considerarse exclusivamente internacionales.

Esto apunta a la necesidad de reforzar la capacidad de los organismos de seguridad y judiciales dentro de los países, para que los actos delictivos puedan prevenirse y afrontarse tanto en los puertos como en las aguas territoriales. Esto reduciría considerablemente tanto el riesgo como el coste de navegar por aguas africanas, donde en 2014 seguían siendo elevadas las primas de seguros, los pagos por riesgo y las pérdidas de ingresos debidas a las demoras.

Una solución podría ser crear o reforzar guardacostas, así como evaluar cómo aplican los Estados las mejores prácticas y normas estipuladas en el Código internacional para la protección de los buques y de las instalaciones portuarias (Código PBIP). La expansión y el apoyo a centros de intercambio de información marítima, como el Centro Interregional de Coordinación de la Seguridad Marítima con sede en Yaundé, inaugurado el año pasado, ayudarían mucho a las autoridades a vigilar sus aguas y alertar a otros sobre posibles riesgos.

Esto, a su vez, ayudará a las partes interesadas africanas que empiezan a dar prioridad a los intereses de desarrollo marítimo, en lugar de mantener un enfoque de seguridad limitado. La «Operación Phakisa» de Sudáfrica, puesta en marcha en 2014, es uno de los numerosos proyectos de desarrollo cuyo objetivo es que las actividades económicas relacionadas con el ámbito marítimo contribuyan sustancialmente al producto interno bruto. Será importante hacer un seguimiento de estos proyectos para quienes quieran ampliar e invertir en la economía marítima.

Coordinar la política marítima será el mayor desafío para las partes interesadas. Los Estados están cada vez más dispuestos a trabajar juntos, como demuestra la cooperación a escala regional, continental e internacional. Entre estos actores se encuentran comunidades económicas regionales (CER), como la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (CEDEAO), la Unión Africana (UA) y las Naciones Unidas (ONU), así como algunos de sus organismos, como la Organización Marítima Internacional (OMI) y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC).

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CSNU) también reafirmó su compromiso con la protección de las aguas somalíes al aprobar la Resolución 2184 del CSNU en noviembre, renovando así para 2015 las distintas misiones contra la piratería frente a Somalia. Los Estados y las partes interesadas africanas han adoptado una actitud cada vez más proactiva y han elaborado y aplicado numerosas estrategias nacionales, regionales y continentales, como la Estrategia Marítima Integrada de la CEDEAO (EIMS) y la Estrategia Marítima Integrada de África (AIMS 2050).

Sin embargo, sigue preocupando la marcada falta de avances en la elaboración de estrategias marítimas en las CER del norte y del este. Mientras tanto, la Comunidad de Desarrollo de África Austral mantiene la confidencialidad de su estrategia, pese a la transparencia demostrada en otros lugares.

También hay una diferencia notable entre estas iniciativas y los esfuerzos africanos e internacionales anteriores, que fueron criticados con facilidad por centrarse en la piratería, tener problemas de coordinación y carecer de liderazgo africano. Las dos primeras críticas se están subsanando en parte con ejercicios como Obangame Express —el ejercicio naval anual del Mando de Estados Unidos para África, que Nigeria acogió en 2014 con la participación de 11 armadas africanas. Sin embargo, harán falta más ejercicios dirigidos e iniciados por africanos para remediar la tercera crítica.

Esta lista de deseos ya es considerable: una nueva reducción demostrable de la piratería, mejoras observables en la seguridad portuaria y en las aguas territoriales de los países africanos, un mejor desarrollo económico marítimo y una cooperación internacional constante. Podrían añadirse más objetivos sin que la lista se volviera inviable, si tomamos como referencia el tema de la OMI para el Día Marítimo Mundial de 2015 —«educación y formación marítimas».

Esto nos insta a ampliar el sector marítimo mediante nuevas escuelas, institutos, becas y financiación para formar a nuevas generaciones de marinos africanos en centros como la Universidad Marítima Regional de Accra, Ghana, y el Instituto Marítimo Internacional de Sudáfrica en Port Elizabeth, Sudáfrica. Las estrategias nacionales pueden orientar este desarrollo, al igual que las de las CER y AIMS 2050. Esta última prevé la necesidad de contar con un amplio grupo de marinos talentosos para hacer realidad objetivos como ampliar las flotas pesqueras, desarrollar industrias navales prósperas y disponer de buques con bandera africana para transportar mercancías africanas.

Al reflexionar sobre 2014, hay una buena historia que contar, pero no es la única. Para muchísimas personas, la historia de la relación de África con los océanos sigue siendo trágica e incluye la difícil situación de los refugiados y las personas víctimas de trata, que cada vez más lleva a cientos de africanos a ahogarse mientras intentan llegar a Europa en embarcaciones abarrotadas.

Otros problemas a largo plazo que siguen desatendidos incluyen las disputas sobre límites marítimos, los desacuerdos sobre la ubicación y extracción de recursos, y el impacto de la pesca ilegal y del daño ambiental causado por el cambio climático. Ante estas preocupaciones, el optimismo podría desvanecerse con facilidad. Sin embargo, considerando el potencial de éxito marítimo africano que prevén AIMS 2050 y EIMS, 2014 y 2015 ciertamente pueden convertirse en los años en que surgieron perspectivas viables para afianzar la prosperidad y la paz futuras de África.

Este artículo se publica en colaboración con Institute for Security Studies. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: Timothy Walker es investigador de la División de Gestión de Conflictos y Consolidación de la Paz del ISS en Pretoria.

Imagen: Unos kayakistas aprovechan la última luz del día mientras reman junto a un barco fondeado frente a Ciudad del Cabo. REUTERS/Mike Hutchings

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