África sigue creciendo a un ritmo acelerado, a medida que aumenta el número de nuevas conexiones de banda ancha y el uso de teléfonos móviles continúa en ascenso.
Sin embargo, se estima que la enorme brecha de financiación en infraestructuras del continente asciende a 68-108 mil millones de dólares al año.
Los activos reciclables, incluidas las centrales eléctricas, las autopistas de peaje, los puertos, los aeropuertos, las redes de fibra óptica y los oleoductos, podrían monetizarse para desencadenar un poderoso efecto multiplicador en la economía.
Para África, la pandemia de COVID-19 probablemente supondrá un crecimiento negativo del PIB a tasas sin precedentes. Además, varios países africanos están lidiando con las secuelas de un desplome de los precios de las materias primas – otro factor clave de las tendencias recesivas actuales.
El continente debe ahora afrontar la recuperación económica al tiempo que fortalece su resiliencia ante futuras crisis. Desde el fortalecimiento del sector sanitario hasta el fomento de un crecimiento económico inclusivo, los líderes africanos deben desarrollar nuevas estrategias para resolver los desafíos estructurales. Con los socios externos del continente también afectados por la COVID-19 y centrados en sus propias necesidades internas, y con capital que huye de los mercados emergentes (incluida África) a un ritmo récord, incluso antes de la pandemia, los responsables políticos de África deben mirar hacia dentro.
Una posible solución es un programa de inversión en infraestructuras a gran escala, financiado en parte mediante la movilización de recursos nacionales a través del reciclaje de activos, lo que permite a los gobiernos liberar capital inmovilizado en lo que ya poseen. Al ofrecer estos activos mediante esquemas de concesión a inversores privados solventes, los gobiernos podrían liberar fondos para proyectos nuevos y fundamentales. Estas concesiones prometen flujos de ingresos a largo plazo y nuevas oportunidades de inversión en infraestructuras que deberían atraer más capital de inversión a África. Así, el reciclaje de activos puede ayudar a cerrar la enorme brecha de financiación en infraestructuras, que el Banco Africano de Desarrollo (BAfD) estima en 68-108 mil millones de dólares al año.
Los activos reciclables incluyen centrales eléctricas, autopistas de peaje, puertos, aeropuertos, redes de fibra óptica, oleoductos y mucho más. Los fondos generados por la monetización de estos activos podrían destinarse a nuevos proyectos con poderosos efectos multiplicadores, creando empleo y oportunidades empresariales en toda la economía de un país. Esto es fundamental, teniendo en cuenta las pérdidas masivas de empleo que probablemente afronta el continente y los millones de jóvenes que se incorporan al mercado laboral cada año.
Si bien el reciclaje de activos nunca se ha probado en África, Australia lo ha utilizado con éxito para generar más de A$25 mil millones ($18 mil millones) en tres años reciclando solo 12 activos de propiedad estatal. Los gobiernos africanos podrían repetir este proceso en todo el continente para ayudar a cerrar la brecha anual de financiación en infraestructuras.
Más allá de los beneficios inmediatos, el reciclaje de activos en África podría atraer a una nueva clase de inversores en infraestructuras. En Australia, una combinación de fondos soberanos, fondos de pensiones y varios fondos de inversión privados participó en tales proyectos. Atraer a inversores similares aprovechando los activos existentes pondría fin a la dependencia exclusiva de los gobiernos africanos respecto de los donantes y de las instituciones financieras de desarrollo. Mi organización, Africa50, está debatiendo actualmente la puesta en marcha de proyectos de reciclaje de activos con varios gobiernos del continente.
La inversión en infraestructuras a gran escala se alinea con un enfoque en la digitalización, que puede reducir los costes de los agentes públicos y privados, aumentar su eficiencia, superar obstáculos físicos y mejorar la calidad de los servicios prestados a clientes y ciudadanos. La transformación digital del continente está bien avanzada según cualquier criterio: el número de nuevas conexiones de banda ancha está aumentando notablemente, el uso de teléfonos móviles sigue en aumento, y el continente es un líder mundial en dinero móvil. Y la “nueva normalidad” del trabajo a distancia, y los cambios en el comportamiento de los consumidores desencadenados por la COVID-19, presentan una oportunidad para todo el continente de acelerar este proceso.
Pero, si bien el crecimiento económico y la creación de empleo en África se beneficiarían claramente de una digitalización continua, la penetración de la banda ancha sigue por debajo de la media mundial. Una transformación digital completa no será posible sin una red de infraestructuras fiable. Lograr el acceso universal a la banda ancha con 4G/5G y la ampliación de las redes de cable de fibra óptica requerirá 100 mil millones de dólares adicionales de aquí a 2030, según el Banco Mundial. Obtener los fondos necesarios se está convirtiendo en una prioridad máxima para los gobiernos africanos a medida que buscan adaptarse a un mundo posterior a la COVID-19, y Africa50 ya trabaja en una de estas operaciones en un país accionista, aplicando principios de reciclaje de activos.
Las estrategias de reciclaje de activos ofrecen claramente una vía viable para que los gobiernos africanos contribuyan de forma significativa a autofinanciar las inversiones que sus países necesitan. Y aunque el desarrollo de infraestructuras digitales a gran escala es, con razón, una prioridad para los países africanos, los gobiernos también deben centrarse en apoyar a los emprendedores con ecosistemas que impulsen la innovación digital. Iniciativas como la Ciudad de Innovación de Kigali ofrecerán apoyo “plug-and-play” a empresas tecnológicas y basadas en el conocimiento.
Por último, los gobiernos africanos deben seguir impulsando la integración regional a través del Área de Libre Comercio Continental Africana (AfCFTA, por sus siglas en inglés). Las infraestructuras compartidas son de vital importancia para desarrollar la capacidad manufacturera, pero muchas comunidades económicas africanas están rezagadas en este aspecto. La integración de las infraestructuras energéticas, en particular, estabilizaría el suministro y reduciría los costes, con efectos en toda la economía. La iniciativa Desert to Power del BAfD, por ejemplo, busca desarrollar 310 gigavatios de energía renovable en la región del Sahel para suministrar electricidad a 11 países, entre ellos Nigeria, Mauritania, Malí, Burkina Faso, Níger, Yibuti y Eritrea.
De manera similar, la integración regional de las cadenas de suministro mediante la aplicación plena del AfCFTA impulsaría las economías locales y reforzaría la capacidad de producción nacional. La mayoría de los países africanos dependen del comercio con socios no africanos para alrededor del 30 % de su PIB. Al fomentar el comercio intracontinental, el AfCFTA apoyará el crecimiento del sector manufacturero del continente orientado a los mercados locales. Y aumentar el comercio intracontinental desde su nivel actual (15 % del comercio total) hasta alrededor del 60 % probablemente creará millones de empleos.
Está claro que una recuperación diseñada y financiada en gran medida por africanos está al alcance. Si bien la pandemia golpea duramente al continente, estrategias como el reciclaje de activos, la digitalización continua y una integración regional más sólida pueden ayudar a garantizar que África sea lo bastante fuerte para reaccionar.

