Entre las ventajas económicas de Europa figuran la diversidad cultural, una fuerza laboral cualificada y unos servicios públicos que favorecen un entorno empresarial estable y próspero.
El Mercado Único Digital (MUD) puede ayudar a los sectores industriales tradicionales a aprovechar la revolución digital.
Los responsables políticos pueden dar tres pasos para reforzar la competitividad de Europa, empezando por la armonización normativa.
Este año, Singapur fue proclamado la economía más competitiva del mundo, mientras que Estados Unidos cayó al segundo puesto. Pero Europa ocupó seis de los diez primeros puestos y dominó el cuartil superior, con 20 de las 35 posiciones de cabeza.
En cuanto al dinamismo económico, no es fácil encontrar un equilibrio entre una confianza saludable y una complacencia ruinosa, y nunca debemos dar por sentada la competitividad.
Europa cuenta con muchas ventajas únicas, que constituyen los cimientos sobre los que podemos seguir fortaleciendo nuestra economía y desarrollar nuestro entorno digital.

En primer lugar, la diversidad cultural. Para muchas empresas europeas, esta es un pilar fundamental de fortaleza. A diferencia de la mayoría de las marcas tecnológicas centradas en Estados Unidos, Booking.com se fundó y ha prosperado en Ámsterdam, una ciudad que alberga muchas culturas e idiomas. No tuvimos que adaptar nuestra tecnología para atender nuevos mercados, porque desde el principio nuestra arquitectura y nuestro enfoque empresarial se diseñaron para múltiples idiomas y culturas. Por eso, ahora somos la única plataforma digital con relevancia global que opera desde Europa; sin embargo, hay muchas historias de éxito europeas en distintas industrias que tienen sus raíces —y a las que parte de su éxito se debe— en la singular diversidad cultural del continente.
Europa también tiene la ventaja de contar con acceso a una fuerza laboral cualificada, pero la competencia por los mejores talentos, sobre todo en tecnología, se está volviendo rápidamente global. Europa podría y debería hacer más para cultivar las reservas de talento existentes, por ejemplo, animando a más mujeres a trabajar en tecnología y realizando grandes inversiones en universidades de primer nivel y centros de investigación centrados en desarrollar las competencias del futuro. En lo que respecta específicamente a la paridad de género, un informe reciente de McKinsey indica que, al impulsar la igualdad de las mujeres, podríamos añadir más de 12 billones de dólares al PIB mundial para 2025 : una cifra asombrosa.
Los analistas de mercado suelen criticar a Europa por sus elevados impuestos, pero no se puede negar que los impuestos financian nuestros servicios públicos, que no tienen parangón. Esto, a su vez, sostiene un entorno estable y próspero para hacer negocios. Estamos convencidos de que contribuir con la parte que nos corresponde debe ser una prioridad clave para cualquier empresa que opere en Europa.
Sin embargo, los impuestos específicos sobre los servicios digitales deben gestionarse con mucho cuidado. Para que un impuesto sobre los servicios digitales sea eficaz, los responsables políticos deben garantizar que se trate de una solución global, cuidadosamente estudiada y supervisada bajo el amparo de la OCDE. Los sistemas tributarios nacionales o regionales individuales crearían complejas redes de normas y reglamentos, generarían complicaciones innecesarias para las empresas que operan a escala global y, en última instancia, afectarían al crecimiento económico.
Por último, el Mercado Único Digital (MUD) ha pasado a ocupar un lugar destacado en la agenda política, lo que da fe de la creciente importancia de la economía digital. El mundo cambia más rápido que nunca, y la tecnología transforma todas las industrias y todos los aspectos de la vida. Adoptar este cambio abrirá las puertas para que Europa encauce con éxito los sectores industriales tradicionales a través de la revolución digital.
Sin embargo, si no se adopta un enfoque unificado de la economía digital y de las políticas que la rodean, los responsables políticos corren el riesgo de perjudicar activamente el crecimiento, tanto de las empresas que lideran la digitalización como de empresas de todos los tamaños. El éxito de la economía digital debería beneficiar a todas las personas en todos los niveles de la sociedad, y los responsables políticos deben garantizar que no obstaculicen la innovación futura ni impidan que sus beneficios lleguen a todos.
Los próximos pasos
No existe una fórmula mágica para el desarrollo económico, pero hay algunas áreas normativas concretas en las que las autoridades europeas podrían reforzar la dinámica competitiva, impulsar la innovación y liberar el espíritu emprendedor que abunda en nuestro continente.
1. Mayor armonización. Necesitamos más coherencia en las políticas y su aplicación en toda Europa, así como una mayor armonización con las normativas a escala mundial. Si el MUD sigue siendo una aspiración en lugar de convertirse en una realidad, seguiremos viendo cómo las empresas emergentes europeas no logran expandirse más allá de las fronteras nacionales o deciden trasladarse a Estados Unidos en una fase temprana. El acceso sin trabas a un mercado de más de 500 millones de personas podría convertirse en una ventaja única, mientras que la falta de ese acceso podría frenar la competitividad de Europa en la era digital.
2. Necesitamos un debate más equilibrado sobre las normas de competencia en la economía digital. El marco actual ha servido bien a Europa y es lo bastante flexible para aplicarse hoy. Sin embargo, no resulta útil recurrir a definiciones uniformes ni hacer suposiciones generales según las cuales tener poder de mercado implica que una empresa aprovechará esa posición para restringir la competencia. El foco debe ponerse en abordar las conductas que perjudican la competencia meritocrática y/o a los consumidores. Europa se beneficiará de una comprensión más matizada del entorno competitivo, en lugar de sucumbir al mantra de que «lo grande es malo».
3. Cuestiones de responsabilidad de las plataformas, que probablemente surgirán como parte de la revisión del comercio electrónico o de la Ley de Servicios Digitales. La Directiva sobre comercio electrónico ha sido fundamental para hacer posible el auge de la economía de Internet. Unas obligaciones de diligencia debida más claras a cambio de la exención de responsabilidad son esenciales para que Europa aborde el problema de las plataformas que abusan de esa exención para facilitar actividades ilegales y desprestigiar la economía de Internet. Hay que adaptar cuidadosamente las obligaciones a la gran variedad de actividades ilegales existentes. Sin embargo, deben preservarse principios clave, en particular las exenciones de responsabilidad de los intermediarios en línea y el principio del país de origen. Una revisión integral de los principios fundamentales pondría en peligro la piedra angular misma de la economía de Internet.
Europa no solo puede, sino que debe, fortalecer su competitividad económica partiendo de una posición sólida. Aunque a menudo no lo reconozcamos, las instituciones de la UE y los gobiernos nacionales de todo el continente han demostrado visión de futuro, inventiva y, sobre todo, liderazgo en la regulación de los mercados en la era digital, equilibrando los intereses de las empresas, los consumidores y la amplia variedad de partes interesadas. Es fundamental que sigamos dando prioridad a la sostenibilidad de las políticas a largo plazo para reforzar la competitividad de Europa.


