«Más allá de las diferencias y las fronteras geográficas, existe un interés común», dijo Jean Monnet, la fuerza unificadora que impulsó el nacimiento de la Unión Europea.
Está claro que la cuestión de la unidad de Europa no es nueva, pero 2018 será un año decisivo para el futuro de Europa, a medida que el mundo se vuelve más multipolar y los retos que tenemos por delante, más complejos. La economía europea cobra impulso, con avances más sólidos y de base más amplia, y un aumento sustancial de las previsiones de crecimiento económico en la eurozona. Sin embargo, Europa deberá aprovechar su escala conjunta y su diversidad única actuando unida ante retos comunes como la seguridad, la migración, el crecimiento inclusivo y sostenible, y la Cuarta Revolución Industrial, al tiempo que aborda la fragmentación política, las divergencias y la pérdida de confianza en sus instituciones.
En toda la región se han puesto en marcha numerosos esfuerzos de reforma. Ya están dando algunos resultados positivos. En 2018, deben traducirse en mejoras concretas y significativas en la vida de los ciudadanos de a pie. De hecho, el próximo año ofrece una importante ventana de oportunidad, tanto económica como política, para lograr avances tangibles. Esto reforzará la confianza de la ciudadanía y ofrecerá una visión convincente del futuro de Europa antes de las elecciones al Parlamento Europeo de 2019.
Hay cinco ámbitos en los que Europa debe colaborar para construir un futuro mejor:
(1) desarrollar una economía más centrada en las personas e inclusiva
(2) reconstruir la confianza en los principios democráticos y la gobernanza
(3) desarrollar una estrategia migratoria a largo plazo
(4) garantizar el liderazgo de Europa en defensa y seguridad
(5) avanzar hacia una sociedad más sostenible y eficiente desde el punto de vista energético
Tres prioridades destacan para los líderes europeos:
Orientar el progreso y el bienestar de la ciudadanía en la Cuarta Revolución Industrial
La Cuarta Revolución Industrial ya ha transformado la manera en que la ciudadanía, las empresas y los gobiernos interactúan. No se puede exagerar el impacto que tiene en la economía y la sociedad. La automatización, la robótica avanzada y la inteligencia artificial ofrecen enormes oportunidades para Europa. En un momento en que el envejecimiento de su población frenará el crecimiento económico, Europa necesitará los beneficios de la automatización y la digitalización para aumentar la productividad.
Pero también hay preocupaciones legítimas sobre la seguridad laboral y los salarios. Aunque las investigaciones del McKinsey Global Instituteindican que probablemente habrá suficiente trabajo para compensar la automatización, el periodo de transición será difícil. Por ejemplo, si la adopción de la automatización se acelera, hasta un 32 % de la población activa de Alemania podría tener que cambiar de ocupación para 2030.
Para aprovechar las oportunidades que ofrece la economía digital, Europa necesitará un nuevo enfoque de la formación técnica y la educación. Tendrá que desarrollar una fuerza laboral modernizada y flexible que pueda impulsar su economía digital y evitar que se quede aún más rezagada respecto de Estados Unidos y China. Al mismo tiempo, unos sólidos programas de reciclaje profesional y aprendizaje permanente pueden ayudar a proteger a los trabajadores para que no se queden atrás durante el periodo de transición.
Ideas como un «derecho universal al aprendizaje» podrían ayudar a los trabajadores a prosperar durante la transición, concediendo a todos los adultos europeos créditos anuales para formación. Estos podrían ser financiados por los empleadores y canjearse tanto en programas de formación corporativa internos como en programas independientes.
Garantizar el liderazgo futuro de Europa mediante la colaboración regional y la diplomacia entre ciudades
Europa se enfrenta a crecientes riesgos geopolíticos, así como a atentados terroristas en su propio territorio. Su gasto en defensa combinado, equivalente a cerca de la mitad del de Estados Unidos, podría convertirla en un actor destacado. Sin embargo, las capacidades de defensa de los distintos Estados miembros están fragmentadas y varían ampliamente. Será fundamental que Europa aumente la colaboración y la coordinación en todos los niveles.
Las ciudades europeas son potencias económicas e impulsoras de los flujos internacionales de personas, dinero, productos, recursos, ideas y tecnologías. Al mismo tiempo, las ciudades y sus áreas metropolitanas afrontan amenazas crecientes, como el extremismo, el terrorismo, la delincuencia organizada y la violencia. Muchos de estos centros urbanos, cada vez más importantes, afrontan problemas similares. Sin embargo, no existen mecanismos suficientes para que las ciudades compartan recursos, mejores prácticas o herramientas.
La iniciativa «seCURE Cities» ayudaría a facilitar el intercambio mediante el uso de redes existentes para conectar ciudades que afrontan retos similares. Podría facilitar el intercambio de buenas prácticas, elaborar un índice para medir los avances y crear una herramienta que ayude a los líderes municipales a identificar posibles socios para proyectos de reducción de la violencia urbana.
Desarrollar una política migratoria integral y paneuropea
Europa ha prosperado como una sociedad abierta, conectada y diversa. Sin embargo, la preocupación por las recientes olas de migrantes y solicitantes de asilo ha provocado llamamientos a cerrar las fronteras internas. La reacción contra la inmigración amenaza la cohesión social. Cerca de tres millones de personas solicitaron asilo en Europa entre 2015 y octubre de 2017. Su distribución es desigual, y las olas anteriores han suscitado inquietud sobre la capacidad de Europa para integrarlas con éxito.
Europa necesita una política migratoria integral y paneuropea para mantener su sociedad abierta en un futuro en el que seguirán registrándose altos niveles de migración. Europa debe atender la preocupación de la ciudadanía por los grandes flujos migratorios, incluidas las inquietudes sobre la seguridad fronteriza y el posible impacto en los servicios sociales. Esto significa controlar eficazmente las fronteras e implantar las mejores prácticas para la integración a corto y largo plazo.
Ningún país europeo puede gestionar estos asuntos por sí solo. Ha llegado el momento de que Europa tome la iniciativa. El informe Renew Europe es un catalizador para seguir reflexionando, debatiendo y actuando con miras a desarrollar una Europa más fuerte y moderna, que conserve su papel como actor clave en el escenario mundial y responda a las preocupaciones y necesidades de su ciudadanía, especialmente de la próxima generación.
La Reunión Anual de 2018será un foro importante para este debate. Esperamos inspirar a la ciudadanía, las empresas y los responsables políticos para que ejerzan un liderazgo audaz y aborden los retos de Europa. Puede sumarse al debate con #renewEurope.

