Ha sido un año difícil para la población de Guinea, Liberia y Sierra Leona, y para todas las personas que luchan por poner fin a la terrible epidemia de ébola, que se cobró miles de vidas, propagó el miedo y desestabilizó las economías. Aunque la respuesta mundial a esta crisis fue demasiado lenta, al final del año hay señales esperanzadoras de que la movilización internacional está teniendo efecto y de que los países más afectados por la enfermedad convergen en torno al objetivo de «cero casos».
A principios de este mes, tuve la oportunidad —junto con Jim Yong Kim, presidente del Grupo Banco Mundial— de viajar a Guinea, Liberia, Sierra Leona, Senegal y Malí y conversar con dirigentes gubernamentales, trabajadores sanitarios, asociados para el desarrollo, movilizadores comunitarios y residentes que respondían a la crisis.
Aunque los tres países más afectados cuentan ahora con una capacidad de respuesta más desarrollada que hace unos meses, vi las señales de progreso más visibles en Liberia, donde la epidemia se ha ralentizado significativamente desde su punto máximo durante el verano.
La respuesta nacional de Liberia avanza de manera concertada y organizada, con un firme apoyo de los asociados internacionales. La ambiciosa visión de la presidenta Johnson Sirleaf de «llegar a cero» para Navidad, aunque no se alcanzará el objetivo, transmitió el mensaje adecuado a la población de Liberia y al mundo. El Gobierno también está muy avanzado en la planificación de la recuperación económica. Esto es especialmente importante a la luz de un reciente estudio sobre el impacto económico del Grupo Banco Mundial, que prevé un crecimiento económico negativo o contractivo el próximo año en los países más afectados por el ébola.
Pero queda mucho por hacer: el país sigue registrando 10 nuevos casos de ébola cada día; son 10 de más.
En toda la región, también me impresionó el creciente reconocimiento del papel fundamental que desempeña la apropiación comunitaria en la respuesta al ébola. Los Gobiernos colaboran con los miembros de las comunidades y los líderes religiosos como agentes del cambio y educadores, aprovechando el capital social local para transmitir mensajes sanitarios que salvan vidas. Este enfoque funcionó especialmente bien en Senegal, que contuvo su único caso de ébola y evitó una mayor propagación, en parte, canalizando mensajes sanitarios a través de una red de cooperativas rurales de mujeres.
También viajé a Malí, donde el Gobierno involucró a líderes religiosos en el rastreo de contactos y la educación tras el funeral público de un imán que había muerto de ébola, durante el cual miles de personas habían tocado el cadáver. El grupo de casos de ébola de Malí parece estar ahora contenido.
La movilización comunitaria seguirá siendo esencial para intensificar el rastreo de contactos en toda la región durante la siguiente fase de la respuesta, un paso clave para alcanzar el objetivo de cero casos de ébola.
Un año después del inicio de esta epidemia, es importante mirar atrás y entender por qué la comunidad mundial de la salud no estaba preparada. ¿Por qué permitimos que el fuego ardiera sin control? ¿Qué hemos aprendido?
En primer lugar, la crisis ha puesto de relieve la necesidad imperiosa de invertir en la cobertura sanitaria universal y en sistemas de salud sólidos, que deben incluir las funciones esenciales de salud pública de monitoreo, vigilancia y educación. Esta vez, el ébola surgió en la remota región forestal de Guinea, donde los sistemas de salud son débiles y el acceso es extremadamente limitado. Allí donde las personas no tienen acceso a la atención sanitaria, las enfermedades pueden arraigarse y descontrolarse. Allí donde los sistemas de salud son débiles, no hay ningún mecanismo para detectar y notificar los brotes de enfermedades en una fase temprana. Cuando grandes poblaciones quedan sin cobertura, el mundo entero corre peligro.
En segundo lugar, debemos tomarnos mucho más en serio la preparación mundial frente a las pandemias. No solo necesitamos sistemas de salud más sólidos, sino que también debemos garantizar que nuestras instituciones de salud mundial sean adecuadas para su propósito y puedan responder de manera mucho más oportuna y eficaz, con las competencias y capacidades adecuadas. Asegurar los recursos para mantener y movilizar una respuesta mundial no es una opción, sino una necesidad imperiosa.
En este sentido, el Grupo Banco Mundial está elaborando una propuesta para un Mecanismo Mundial de Emergencia para Pandemias que garantice que se pueda movilizar de inmediato la financiación necesaria una vez que se alcance un umbral que active la respuesta ante una pandemia. Esperamos trabajar con las Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional, los bancos regionales de desarrollo y otros donantes mundiales para hacer realidad este mecanismo en 2015.
Las lecciones del ébola en los últimos 12 meses tuvieron un costo humano y económico que ninguna familia, comunidad, nación, continente ni comunidad mundial puede permitirse. En el Año Nuevo, debemos mantenernos firmes en nuestra determinación de llegar a cero casos de ébola —cuanto antes, mejor— y comprometernos a aplicar ahora estas lecciones para prepararnos mejor y responder a futuras amenazas epidémicas.
Este artículo se publica en colaboración con el blog Investing in Health del Banco Mundial. La publicación no implica el respaldo del Foro Económico Mundial a las opiniones expresadas.
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Autor: Timothy G. Evans es director sénior de la Práctica Global de Salud, Nutrición y Población del Grupo Banco Mundial.
Imagen: Un trabajador sanitario se refleja en un espejo mientras prepara el equipo de protección cerca del Hospital Rokupa, en Freetown, el 6 de octubre de 2014. REUTERS/Christopher Black.


