La automatización y la malnutrición podrían crear una clase desfavorecida mundial y provocar disturbios comparables a los de la Primavera Árabe.
Esta no es la frase inicial de una novela distópica, sino el sombrío panorama que dibujó el director del Banco Mundial, Jim Yong Kim, en un discurso pronunciado en la Universidad de Stanford sobre el nuevo Índice de Capital Humano del Banco, que mide los conocimientos, las habilidades y la salud de las poblaciones.
El índice es una llamada de atención para los países que no invierten en la salud y la educación de sus poblaciones. Sin embargo, algunos países están haciendo las cosas bien.
Las economías asiáticas avanzadas obtienen las mejores puntuaciones

El Índice de Capital Humano del Banco Mundial busca medir cuánto «capital humano» podría acumular hasta los 18 años un niño nacido hoy.
Para ello, desglosa el capital humano en una serie de indicadores de salud y educación.
Por ejemplo, el índice evalúa la probabilidad de que un niño llegue a los cinco años, cuántos años de escolaridad puede esperar recibir y cuál será la calidad de esa educación, además de si recibe una alimentación completa y equilibrada y de la probabilidad de que viva hasta los 60 años.

El índice asigna a los países una puntuación de entre 0 y 1. En un país con una puntuación de 1, todos los adultos pueden esperar vivir hasta los 60 años, todos los niños pueden esperar recibir 14 años de educación de alta calidad y ningún niño padecería retraso del crecimiento (cuando los niños no crecen ni se desarrollan adecuadamente y son demasiado bajos para su edad debido a una nutrición deficiente).
Las economías asiáticas ocupan cuatro de los cinco primeros puestos; Singapur encabeza la clasificación con una puntuación de 0,88.
La gran mayoría (98 %) de los niños de Singapur puede esperar alcanzar el nivel de referencia internacional de competencia básica en la educación secundaria.

La República de Corea y Japón les siguen con puntuaciones de 0,84. Una niña nacida en 2018 en la República de Corea puede esperar vivir más de 85 años.
La RAE de Hong Kong ocupa el cuarto puesto con 0,82. Finlandia completa los cinco primeros lugares.
«Quedarse atrás»

Sin embargo, demasiados países obtienen una puntuación baja.
Los niños de los países ricos pueden esperar recibir los 14 años completos de escolaridad que el índice establece como referencia. En los países más pobres, en cambio, los niños pueden esperar completar solo la mitad.
Mientras tanto, 115 millones de niños padecen retraso del crecimiento como resultado de la malnutrición, lo que los hace vulnerables a un desarrollo cognitivo deficiente y dificulta su capacidad de aprendizaje.
El Banco Mundial estima que 250.000 niños están escolarizados, pero no aprenden debido a la baja calidad de la educación que reciben.
Estos problemas se hacen patentes al comparar la puntuación de Singapur en el índice con la de Sudáfrica.
Sudáfrica obtiene 0,41 en el índice; solo el 26 % de los niños puede esperar terminar la educación secundaria con el mismo nivel que sus pares de Singapur. En Singapur, un niño nacido hoy puede esperar vivir hasta los 89 años. En Sudáfrica, hasta los 68.
Adaptarse a un futuro automatizado
Esta brecha en el potencial humano se vuelve aún más urgente si tenemos en cuenta la naturaleza cambiante del trabajo. Los avances tecnológicos nos exigirán adaptarnos a que las máquinas y los algoritmos se hagan cargo de tareas que antes realizaban las personas.
Según el informe del Foro Económico Mundial «El futuro del empleo», la Cuarta Revolución Industrial provocará una disrupción laboral significativa.
El cambio en la división del trabajo entre personas, máquinas y algoritmos podría desplazar 75 millones de empleos actuales, pero el informe también concluye que podrían surgir al mismo tiempo 133 millones de nuevos puestos.
El informe del Banco Mundial sostiene que los trabajadores necesitarán «habilidades cognitivas y socioconductuales avanzadas», como «la resolución de problemas, el pensamiento crítico y la adaptación a nuevos métodos». De lo contrario, no podrán adaptarse a los cambios que se avecinan.
El índice deja claro que los estudiantes de secundaria de Singapur están preparados para la educación superior y el mundo laboral, mientras que casi tres cuartas partes de los jóvenes de Sudáfrica no lo están. Estos son los «que se quedan atrás» y que, según teme el Dr. Kim del Banco Mundial, sentirán ira por las oportunidades que se les han negado.
Además, el informe señala que, en una época en que el acceso a internet se expande rápidamente, podemos asomarnos a la vida de otras personas como nunca antes, lo que nos permite hacer comparaciones. Para quienes se quedan atrás, esto supondrá una dolorosa muestra de lo que se han perdido.
Rentabilidad a largo plazo
El Banco Mundial reconoce que puede ser difícil justificar una inversión sostenida en salud y educación, dado que sus beneficios tardan muchos años en hacerse visibles.
«Construir carreteras y puentes puede generar beneficios económicos —y también políticos— rápidamente. Pero invertir en el capital humano de los niños pequeños no dará frutos económicos hasta que crezcan y se incorporen al mercado laboral», señala el informe.
Sin embargo, el informe indica que es posible superar los obstáculos aparentemente insalvables que plantea esa inversión y pone a Singapur como ejemplo.
«Hace apenas una generación, los adultos de Singapur tenían, en promedio, solo dos años de educación formal. Gracias a la atención sostenida al desarrollo humano, Singapur se encuentra ahora entre los países con mejores resultados del mundo en aprendizaje y en el Índice de Capital Humano. Hoy, el país sigue prestando atención a las cuestiones de capital humano ante el rápido avance tecnológico».
Por otro lado, los costes de la inacción podrían ser simplemente demasiado altos.




