¿Cuál es el papel del gobierno en la era digital?

Ainun Najib, an Indonesian IT consultant based in Singapore, shows a table of voting results that was used in his work on the Indonesian elections as he waits to break fast at a friend's house during Ramadan in Singapore July 26, 2014.
Image: REUTERS/Edgar Su
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Durante la última década, las innovaciones han revolucionado el ámbito gubernamental. Muchas entidades gubernamentales adoptaron marcos probados del sector privado, y se lograron muchos resultados positivos en forma de mejores políticas públicas y servicios gubernamentales. Sin embargo, la mayoría de estas innovaciones se impulsaron desde dentro, y se diseñaron y ejecutaron internamente. Mientras tanto, las formas más interesantes de innovación surgían fuera del gobierno, concretamente en el sector privado, la sociedad civil y entre los ciudadanos. Con acceso a cantidades cada vez mayores de datos, empezaron a pensar de manera verdaderamente innovadora y a proponer diversas «soluciones creativas para el gobierno».

Hoy, las tendencias cambiantes y vertiginosas de las tecnologías digitales están transformando radicalmente las expectativas de los ciudadanos. Estos están cambiando su forma de interactuar y relacionarse con las organizaciones y los servicios gubernamentales. La naturaleza de estas interacciones es horizontal, empoderadora y espontánea. En muchos sentidos, es justo lo contrario de los sistemas jerárquicos, burocráticos y basados en normas que los gobiernos desarrollaron a lo largo de décadas. En el centro de esta nueva forma de interacción están los datos: actualizados, fiables, fáciles de usar y abiertos.

Esta necesidad de datos se está convirtiendo rápidamente en un tema central que afecta a todos los aspectos de nuestra sociedad digital en evolución. Un ejemplo es el campo de la inteligencia artificial, que promete revolucionar la sociedad (incluidos los gobiernos). Empresas como Google, Facebook y Microsoft utilizan técnicas relacionadas con la IA para entrenar ordenadores para que reconozcan objetos en fotografías y comprendan el lenguaje humano. Es posible entrenar ordenadores para que realicen estas difíciles tareas porque disponemos de las enormes cantidades de datos que requieren. Lo mismo se aplica a todas las formas de aprendizaje automático, la fabricación inteligente y cualquier otra tendencia impulsada por la tecnología que esté configurando el futuro. Todas dependen de los datos y su calidad depende de los datos que procesan. En este contexto, se ha descrito a los datos como el «nuevo petróleo».

Gobernar en la era de los datos

El rápido ritmo de la evolución tecnológica de las últimas décadas nos ha dado nuevos modelos de negocio (centrados en el comercio electrónico) y un nivel de conectividad global sin precedentes (acelerado por el fenómeno de los teléfonos inteligentes). Estos avances generaron enormes volúmenes de datos y dieron lugar al rápido auge del «sector de los datos». Lo que antes era competencia de los servicios de inteligencia, los profesionales de investigación de mercado y algunos estadísticos técnicos ahora se está generalizando.

El mundo conectado actual produce datos a un ritmo sin precedentes en la historia de la humanidad. Se estima que hoy más de 3.000 millones de personas están conectadas a internet (frente a solo 2,3 millones de personas en 1990). Estas 3.000 millones de personas generan datos cada segundo de su vida digital. Esto ha impulsado el auge de los macrodatos, que suelen definirse por las cuatro V: volumen, variedad (de fuentes), velocidad (prácticamente las 24 horas del día) y veracidad (dada la abundancia de datos, garantizar su calidad es fundamental).

Si se utilizan eficazmente, los macrodatos pueden ser una herramienta poderosa. Diversos investigadores han encontrado una estrecha relación entre una estrategia eficaz de gestión de datos y el rendimiento financiero de las empresas, ya que les ayuda a llevar al mercado más rápidamente productos y servicios mejor adaptados a las necesidades de los clientes. También tienen el potencial de mejorar el desempeño del sector público mediante mejores políticas, servicios gubernamentales más adaptados y una distribución de recursos más eficaz y eficiente. Además, pueden producir resultados negativos si se utilizan de forma incorrecta, aparte del ampliamente debatido asunto de la privacidad.

Los avances en hardware y software, en particular el crecimiento exponencial de la capacidad de almacenamiento, permiten ahora gestionar eficazmente los macrodatos. Hoy, un disco duro con capacidad de almacenamiento de un terabyte cuesta unos 50 dólares (hace solo cuatro décadas, esa era la capacidad de almacenamiento mundial). Gracias a esta capacidad, muchas entidades siguen la estrategia de «recopilar ahora y ordenar después» cuando se trata de datos. El bajo coste del almacenamiento y los mejores métodos de análisis hacen que, por lo general, no sea necesario tener un propósito específico en mente antes de recopilar datos. Esto significa que los macrodatos seguirán creciendo y que, según el equipo del servicio de procesamiento de datos Watson de IBM, su valor aumentará cada día que avance la IA.

Modelos operativos en la era de los datos

Hoy, la gran mayoría de los datos del mundo está en manos del sector privado (por ejemplo, empresas de informática, telecomunicaciones y comercio minorista). Algunas empresas, como Google y Facebook, lograron monetizar esos datos y convertirlos en el eje de su modelo de negocio. Otras, como Uber y Airbnb, los utilizaron para desarrollar modelos de plataforma que transformaron sus sectores. Hasta ahora, la gente ha ofrecido voluntariamente sus datos de forma gratuita a cambio de acceder a servicios tecnológicos (por ejemplo, el correo electrónico). Pero esto no durará mucho. Se están desarrollando modelos de negocio para encontrar formas de empezar a pagar a las personas por los datos que generan en su vida cotidiana. Está surgiendo un sector prometedor y en gran medida no regulado.

El resto de los datos mundiales está en manos de los gobiernos, en su mayoría almacenado en papel o en sistemas heredados. Para maximizar los beneficios sociales de la era de los datos, surgió un nuevo movimiento que promueve los datos abiertos. Los datos gubernamentales son todos los datos o la información que producen o recopilan las entidades gubernamentales; hacerlos abiertos significa publicarlos y compartirlos para que cualquier persona con acceso a internet pueda consultarlos y reutilizarlos fácil y libremente, sin costes ni barreras tecnológicas.

Los datos se están convirtiendo cada vez más en una fuente de riqueza y creación de valor público. En ese sentido, se podría sostener que son más valiosos que el mero «nuevo petróleo». Son el sustento de la sociedad digital. Una empresa que opera sin datos precisos avanza a ciegas, y esto es aún más cierto en el sector público (sobre todo ante la creciente escasez de fondos públicos).

Sin embargo, en la era de los datos aún quedan grandes preguntas por responder. ¿Quién es propietario de los datos y quién debería serlo (dada su importancia central en nuestra futura sociedad digital)? ¿Debería existir una carta básica de derechos sobre los datos para que los ciudadanos comprendan sus derechos y responsabilidades? ¿Quién es responsable de la calidad y la seguridad de nuestros datos? ¿Cómo gestionamos y garantizamos la privacidad? Y ¿aceptará la gente seguir generando datos sin recibir compensación por compartirlos?

Del gobierno electrónico al gobierno como custodio de datos

Las decisiones comerciales, las innovaciones, las políticas públicas y todas las decisiones basadas en macrodatos o datos abiertos solo son tan buenas como la calidad de los datos que utilizan. Es preciso verificar los datos, mantenerlos actualizados y utilizables, y protegerlos. No siempre es posible hacerlo en el origen debido a la variedad y la veracidad de las fuentes de datos. Las sociedades recurrirán cada vez más a sus gobiernos para que desempeñen ese papel crucial.

Durante décadas, los gobiernos siempre han contado con un área tecnológica. Pasamos del gobierno electrónico de primera generación (web 1.0) a la web 2.0, que nos ofreció servicios web más completos e inmersivos, con aplicaciones en línea. Ahora estamos ante el gobierno 3.0. Pero, en lugar de definirse por una tecnología o un conjunto de herramientas, supone un cambio cultural que concibe al gobierno como una plataforma para posibilitar la creación de valor público. Los datos son el núcleo de esta plataforma.

Los datos son, en efecto, el nuevo petróleo y tienen el mismo potencial de transformación económica y social. Si es posible extraer los datos «crudos», refinarlos y conducirlos hasta los lugares donde puedan influir en las decisiones en tiempo real, su valor se disparará. Si se pueden compartir adecuadamente entre países y sociedades y hacerlos accesibles allí donde el análisis resulte más útil, se convertirán en un verdadero factor de cambio que transformará nuestra forma de vivir y trabajar. Para lograrlo, los gobiernos deben diseñar, perfeccionar y dominar un nuevo conjunto de capacidades y regulaciones, además de dar forma a una nueva cultura. En este caso, se necesita nada menos que un nuevo ecosistema.

La mayor parte de estos datos sigue actualmente bloqueada y es de propiedad exclusiva (propiedad privada de empresas, gobiernos y otras organizaciones). Esto limita gravemente su valor público. Los datos son ahora un nuevo bien social, y los gobiernos tendrán que considerar algún tipo de legislación sobre la responsabilidad en materia de datos que oriente al sector privado y a otros propietarios de datos acerca de sus deberes en esta era: recopilarlos, gestionarlos y compartirlos a tiempo, así como protegerlos. Esta legislación es necesaria además de los propios sistemas gubernamentales de gestión de datos abiertos y macrodatos, y deberá abarcar a todas las partes interesadas en los datos (independientemente de su titularidad o de otras normas aplicables).

Una vez establecido un marco jurídico claro, los gobiernos deben desarrollar y dominar rápidamente una nueva capacidad fundamental: la curación de datos. El desafío actual para los gobiernos es que las competencias y los sistemas fundamentales necesarios en la era de los datos distan mucho de los sistemas y las regulaciones gubernamentales actuales. A pesar de años de atención política y miles de millones invertidos, la mayoría de los gobiernos del mundo todavía tienen dificultades con bases de datos heredadas incompatibles entre sí, que obstaculizan cualquier tipo de intercambio de datos o diseño basado en datos. Las leyes y regulaciones aún están en sus inicios y tienen dificultades para adaptarse al ritmo del cambio. Más importante aún, el servicio público no suele atraer al talento necesario para gestionar esta nueva capacidad, que es muy solicitado en el sector privado.

Las organizaciones gubernamentales deben diseñar procesos avanzados para la gestión de datos. Deben poder recopilar y procesar cantidades abrumadoras de datos, y almacenarlos de una forma que conserve su contexto (los factores contextuales son fundamentales, ya que los macrodatos pueden tener efectos contraproducentes en las decisiones que se tomen como consecuencia). Los gobiernos también necesitan procesos sólidos para garantizar y certificar la calidad de los datos. El valor de los datos para la toma de decisiones puede verse comprometido si no son precisos o no están actualizados a tiempo.

Para posibilitar estos procesos, los gobiernos deben revisar una gran cantidad de leyes y regulaciones: desde armonizar y hacer cumplir las normas de privacidad y proteger contra las filtraciones de datos, hasta establecer reglas que garanticen la neutralidad de la red y los flujos de datos. Los debates actuales sobre el futuro de los macrodatos parten de la premisa de que internet seguirá siendo una serie de redes abiertas por las que los datos circulan con facilidad. Algunos países han comenzado a reforzar sus sistemas de internet, y el concepto de neutralidad de la red es incierto. Si internet se convierte en una red de redes cerradas, quizá no se materialice todo el potencial de los macrodatos.

Los gobiernos también deben mejorar su capacidad para involucrar a los ciudadanos, a fin de interactuar eficaz y activamente tanto con quienes proporcionan los datos como con quienes los utilizan. Esto exige que los gobiernos creen una cultura de datos abiertos, algo que ya están empezando a hacer con distintos grados de éxito. La participación ciudadana no es la función habitual de comunicación gubernamental, sino una plataforma G2C más abierta, horizontal y dinámica.

Por último, y probablemente lo más importante, es necesario atraer y retener el talento que requiere la era de los datos. Hace dos décadas, un estadístico no tenía muchas perspectivas laborales en el mundo. Hoy, ese mismo conjunto de competencias (rebautizado como ciencia de datos) probablemente sea el más solicitado del mercado. Las empresas de informática (desde las emergentes hasta los líderes mundiales), los servicios financieros, los comercios minoristas, las empresas de defensa y los gobiernos compiten por contratar a ese talento. Las organizaciones que sobrevivirán y prosperarán en la era de la Cuarta Revolución Industrial serán aquellas capaces de atraer, retener y desarrollar continuamente esas competencias y capacidades.

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