Una zona de cero emisiones es un ejemplo singular de solución climática que aborda los problemas de congestión y contaminación urbana, a la vez que amplía la movilidad.
Las ZCE son un mecanismo impulsor de la electrificación comercial: una zona urbana restringida a los vehículos de gasolina ejerce presión para que los vehículos comerciales y de reparto se electrifiquen.
Las ZCE son políticamente complejas por varias razones, entre ellas la oposición de los defensores del estacionamiento gratuito y la falta de conciencia sobre los posibles beneficios para el aire limpio.
Coches, autobuses, motocicletas y camiones de reparto: el 99 % de todos los tubos de escape contribuyen actualmente al empeoramiento de la calidad del aire, emitiendo carbono a la atmósfera y material particulado al aire que respiramos. En muchas regiones, el centro de la ciudad es donde los distintos modos de transporte se superponen y generan la contaminación más densa. En los últimos 18 meses, la pandemia ha puesto de relieve el derecho humano fundamental a un aire saludable, y el más reciente Día Internacional del Aire Limpio para cielos azules llama la atención sobre este problema mundial.
A nivel local, la pandemia de COVID-19 ha dado lugar a numerosos experimentos de rediseño urbano, desde la conversión de plazas de aparcamiento en parklets hasta el cierre de calles peatonales, y a una mayor adopción de medios de transporte individualizados como las bicicletas, patinetes, incluso monopatines. Hoy es más fácil imaginar un futuro más limpio, pero los datos muestran que la congestión mundial ha aumentado un 20-35 % cada año desde 2010. Las emisiones del transporte mundial están creciendo en paralelo, y las ciudades se enfrentan al gran desafío de aumentar una movilidad segura, eficiente y asequible, al tiempo que reducen las emisiones.
Una zona de cero emisiones (ZCE) es un ejemplo singular de solución climática que aborda los problemas de congestión y contaminación urbana, a la vez que amplía la movilidad.
Una política inteligente para impulsar la electrificación
Aunque el término «zona de cero emisiones» pueda resultar novedoso, muchos habrán experimentado elementos de esta idea. Las ciudades e innovadores de la movilidad de todo el mundo llevan mucho tiempo adoptando medidas acordes con las ambiciones de cero emisiones. Ciudades europeas con una rica historia, como Roma, regulan desde hace décadas el acceso a sus centros históricos con fines de conservación. Para mitigar el tráfico en los distritos empresariales abarrotados, ciudades como Singapur, llevan mucho tiempo experimentando con la tarificación por congestión. Siguiendo esa senda, Londres implantó una Zona de Emisiones Ultrabajas en su núcleo urbano y ya registra los primeros beneficios para la calidad del aire.
El caso de Londres ha demostrado cómo una política inteligente puede impulsar la electrificación del transporte por carretera en todos los sectores, y empresas como Uber se han convertido en defensoras de estos mecanismos políticos. Las ZCE constituyen un mecanismo impulsor ideal para la electrificación comercial: una zona urbana restringida a los vehículos de gasolina ejerce presión sobre los vehículos comerciales y de reparto para que se electrifiquen. No solo se reduce así la contaminación de los tubos de escape, sino que también se aborda una de las mayores fuentes de emisiones de carbono del transporte urbano. De forma similar, las empresas de transporte con conductor deberán ofrecer programas de incentivos a la electrificación a sus conductores para seguir operando en una zona de cero emisiones. Efectivamente, líderes del sector como Lyft, Ola y Bolt se están preparando para pasar a vehículos eléctricos.
«Imagine bajarse del autobús eléctrico y coger un patinete eléctrico para el último tramo de su viaje».
Lina Fedirko, Senior Associate, ClimateWorks Foundation
El transporte público también encaja en las ZCE: cualquier transporte que preste servicio en esa zona, como un autobús, también tendría que ser eléctrico y, lo más probable, se haría en colaboración con otras ciudades. Por último, una zona de cero emisiones incentiva un diseño urbano para trayectos cortos de ida y vuelta por la ciudad, de modo que las personas puedan desarrollar su vida diaria de forma saludable y respetuosa con el clima. Imagine bajarse del autobús eléctrico y coger un patinete eléctrico para el último tramo de su viaje. En una ZCE, la micromovilidad compartida y privada tendría una alta utilización, y operadores como Voi empiezan a estudiar configuraciones óptimas de aparcamiento que favorezcan más desplazamientos.
Además de sustituir el transporte impulsado por combustibles fósiles por una movilidad limpia y eléctrica, las ZCE favorecen la ampliación global de la movilidad. Aquí es donde entran en juego la reasignación del espacio público y herramientas como la gestión del bordillo. La mayor movilidad se fomenta al reconvertir las plazas de aparcamiento en zonas de acceso al bordillo reservadas exclusivamente para el transporte público, el comercio, el transporte con conductor y la micromovilidad. Los Ángeles adoptó recientemente el último ejemplo de esta medida al autorizar el acceso al bordillo exclusivamente para vehículos de reparto de cero emisiones en su centro urbano, un gran núcleo económico del sur de California.
¿Cuál es el obstáculo?
Entre los avances más recientes en esta política, los Países Bajos anunciaron planes para permitir que todas sus ciudades establezcan ZCE de aquí a 2025, como paso previo a una prohibición total de los vehículos de gasolina. Sin embargo, pese a las ventajas cuantificadas en la reducción de las emisiones de carbono, y a un movimiento favorable a esta solución por parte de socios como Global New Mobility Coalition, las nuevas ZCE han resultado extraordinariamente difíciles de implantar.
Entonces, ¿cuál es el obstáculo? Las ZCE son políticamente complejas por diversas razones. En algunos lugares existe una fuerte oposición de los defensores del estacionamiento gratuito, mientras que otras ciudades carecen de competencias para establecer un acceso preferente a determinadas zonas urbanas en función del tipo de combustible. Aunque las ZCE se basan en herramientas normativas y de diseño ya existentes, sigue habiendo una falta general de conciencia sobre sus posibles beneficios para el aire limpio. Los líderes municipales y regionales también deben familiarizarse con los factores que deben tenerse en cuenta al utilizar estas zonas como herramienta para aumentar la equidad racial y económica.
Es difícil imaginar que el panorama del transporte urbano se transforme de la noche a la mañana, pero la urgencia del cambio climático impulsado por los combustibles fósiles significa que no podemos demorarnos. Dado que nueve de cada 10 personas en todo el mundo respiran aire de mala calidad, las ZCE ofrecen un alivio mensurable e inmediato para algunos de los grandes desafíos a los que se enfrentan las ciudades.
La buena noticia es que los expertos en transporte y los defensores de la causa están trabajando con las ciudades y el sector privado para que las ZCE sean una realidad omnipresente. Global New Mobility Coalition ayuda a conectar a la industria con las ciudades, C40 Cities ayuda a las ciudades a compartir conocimientos sobre la electrificación del transporte urbano de mercancías y autobuses, Greenlining ayuda a sus socios a situar la equidad en el centro en cada paso, y CALSTART ayuda a la industria a prepararse para la electrificación de sus flotas de reparto; es solo uno de los socios de la Campaña Drive Electric para descarbonizar todo el transporte por carretera de aquí a 2050.
El progreso sigue siendo lento mientras la ambición crece, por lo que necesitamos que las ciudades aceleren el cierre de esta brecha. Solo tendremos una verdadera oportunidad de mitigar la crisis climática si nuestra acción colectiva avanza más rápido que la velocidad del cambio climático.





