El día sin coches ha recorrido un largo camino desde sus inicios en 1956, cuando los neerlandeses y los belgas dejaron sus coches en casa todos los domingos para mitigar los efectos de la crisis de Suez.
El 22 de septiembre, el disparo de los precios del petróleo no fue el motivo por el que 2500 ciudades de todo el mundo participaron en la iniciativa «día sin coches», sino los niveles alarmantemente altos de NO2 y CO2 en la atmósfera.
Más de 2 millones de londinenses, entre ellos 400 000 niños, viven en zonas con niveles ilegales de NO2 en el aire. Y la contaminación urbana es responsable de la reducción de la esperanza de vida a nivel mundial. Según la Organización Mundial de la Salud, la contaminación atmosférica ambiental causó por sí sola unos 4,2 millones de muertes en 2016. En Europa, la contaminación urbana reduce la esperanza de vida de una persona en una media de 1,6 años en Francia, 1,9 años en Italia y en una cifra alarmante de 2,4 años en Alemania.
Las autoridades locales intentan hacer frente a estas preocupantes tasas de mortalidad animando a las personas a dejar sus coches en casa. Los vehículos son una fuente significativa de contaminación, y el transporte es la fuente de emisiones de CO2 derivadas de combustibles fósiles que crece más rápidamente, el mayor factor que contribuye al cambio climático. Los resultados de pasar un día sin coche son claros: la primera «journée sans voiture» (jornada sin coche), celebrada en París en 2015, redujo las emisiones de gases de escape en un 40 %. El año pasado, en Londres, desviar el tráfico de la ruta del maratón hizo que los niveles de contaminación atmosférica local descendieran hasta un 89 %.
¿Qué pasa con los otros 364 días del año?
Aunque los días sin coches sensibilizan sobre la contaminación causada por los vehículos, las ciudades y sus ciudadanos deben tener en cuenta las emisiones de los servicios generales de transporte los 364 días restantes del año. La buena noticia es que existen varias soluciones para mitigar el impacto de las emisiones de los automóviles en el cambio climático.
La solución más evidente es mejorar el flujo del tráfico para reducir la congestión. Con base en datos en tiempo real procedentes de los sensores de los coches, los departamentos de transporte de todo el mundo pueden medir y pronosticar los efectos de los cambios meteorológicos, de los planes de obras y del estado de la infraestructura en las condiciones de la carretera, con el fin de mejorar la movilidad y la seguridad.
Aumentar el número de coches eléctricos en las carreteras también ayudará a reducir los niveles de contaminación. Las ciudades deben garantizar que existe la infraestructura adecuada para que las estaciones de carga de vehículos eléctricos sean accesibles y estén ubicadas estratégicamente. Por ejemplo, en HERE Technologies trazamos el mapa de los lugares donde deben situarse las estaciones de carga de vehículos eléctricos, en función de la concentración de vehículos eléctricos que ya circulan por las carreteras.
Los sistemas de transporte público pueden funcionar de forma más eficiente para ofrecer una alternativa viable y fiable al coche en las zonas urbanas. Mediante la combinación y el análisis de datos de movilidad, que incluyen el tráfico, el transporte público, los taxis, el uso compartido de vehículos y las ofertas de micromovilidad, las ciudades pueden planificar y coordinar distintos modos de transporte en una ruta determinada para reducir los tiempos de espera de los pasajeros. Los responsables de planificación del transporte también pueden crear simulaciones del impacto de futuras obras viarias y recomendar las mejores rutas alternativas para los conductores, con el fin de mantener un flujo de tráfico fluido.
Las ciudades también pueden revitalizar sus centros haciendo un uso más eficiente de las plazas de aparcamiento. En las principales ciudades (Nueva York, París, Viena, Boston y Hong Kong), las plazas de aparcamiento ocupan entre el 15 y el 30 % de las zonas urbanas. En Los Ángeles, esa cifra es aún más alta: las plazas de aparcamiento y las calzadas representan el 50 % del uso del suelo urbano. Un análisis prudente de los datos de tráfico puede ayudar a predecir dónde y cuándo habrá plazas de aparcamiento disponibles, lo que reduce el tiempo de conducción asociado a la búsqueda de aparcamiento y la contaminación que genera.
Teniendo en cuenta estas soluciones y tecnologías, los vehículos pueden desempeñar un papel fundamental en un ecosistema de movilidad limpio y eficiente todos los días del año.






