Cómo ayudar a las pequeñas empresas a sobrevivir a la revolución digital

A woman gets her phone's QR code of the digital payment services scanned at a food shop, following the coronavirus disease (COVID-19) outbreak, in Shanghai, China October 10, 2020. REUTERS/Aly Song - RC2MFJ9WRM74
Small businesses – the lifeblood of our economies – are facing new, unexpected challenges from maintaining strong cyber-protections to managing suppliers and customer requests online.Image: REUTERS/Aly Song
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  • Lo digital nos ofrece una herramienta para abrirnos paso hacia un futuro que funcione mejor para todos.

  • Las organizaciones públicas y privadas deben cooperar para incorporar a cientos de millones de personas a la nueva economía digital.

  • Las pequeñas empresas necesitan socios que las ayuden a afrontar desafíos digitales inesperados. No pueden quedar excluidas de las cadenas de suministro globales.

Al crecer en Alemania, el Muro de Berlín era una realidad contundente en mi vida. Hasta que un día de 1989 dejó de serlo. El muro cayó porque la gente se unió para derribarlo. Nadie sabía qué vendría después, pero lo fueron resolviendo paso a paso, juntos.

El mundo atraviesa ahora un momento de cambio similar. Solo que esta vez el muro es distinto. El distanciamiento social y la obligación de trabajar desde casa no solo nos separan, sino que también separan nuestro presente de nuestro potencial. A esto se suman los muros de la preocupación y la exclusión digital, que influirán en la evolución de la sociedad tras las crisis inmediatas: un futuro aún por escribir.

Al mirar el año que viene y lo que vendrá después, veo dos opciones: podemos reaccionar a los cambios de cada día o aprovechar este momento para imaginar de nuevo nuestro futuro por completo. Y podemos intentarlo en solitario o unir esfuerzos y capacidades con socios que compartan nuestros valores.

Para mí, la tecnología puede crear oportunidades, pero solo si se guía por la ética, los valores y hasta la decencia para innovar en favor de la inclusión.

Michael Miebach

La pandemia nos ha brindado la oportunidad de abrirnos paso hacia un mañana nuevo y mejor. Pero eso no significa desechar todo lo anterior y empezar de cero. Tenemos las herramientas, la tecnología y las capacidades para pensar de forma más amplia en lo que es posible y, después, hacerlo realidad.

Lo digital nos ofrece una herramienta para abrirnos paso hacia un futuro que funcione mejor para todos.

La transición a lo digital ya llevaba un tiempo en marcha cuando empezó 2020. Luego, la pandemia la aceleró enormemente. Ahora, estar en el mundo digital no es solo una cuestión de comodidad: tiene que ver con la salud, el trabajo y la capacidad de prosperar.

Nuestro primer paso en este camino debe ser ampliar el mundo digital para la gente común

Pienso en mi madre, que tiene algo más de 70 años y que el pasado mes de marzo pidió alimentos por internet por primera vez porque así se sentía más segura. Desde entonces, ha seguido haciendo sus pedidos en línea y agradece el servicio cada vez que lo utiliza.

Mientras millones de nosotros pudimos disfrutar de las ventajas del teletrabajo y la educación a distancia, los pedidos en línea, la telemedicina y las videollamadas, muchos millones más no pudieron hacerlo. Es probable que el enorme giro hacia lo digital perdure, y corremos el riesgo de ampliar la brecha digital, pero no podemos permitirlo.

Es hora de que todos —tanto las organizaciones públicas como las privadas— demos un paso al frente para incorporar a cientos de millones de personas a la nueva economía digital y empoderarlas con acceso, herramientas y conocimientos prácticos.

A continuación, debemos escuchar a las pequeñas empresas

Para muchas microempresas y pequeñas y medianas empresas, dar el salto a lo digital se convirtió en una oportunidad de hacerlo ahora o nunca. Fue una medida de emergencia pensada para mantenerlas a flote.

Los pequeños restaurantes tuvieron que cambiar su negocio de la noche a la mañana: dejaron de dedicarse al arte de gestionar reservas y tuvieron que destacar en la retención de clientes, ofreciendo pedidos y pagos en línea y recogida en la acera.

Pero eso es solo el comienzo. El restaurante de mi barrio, como tantas otras pequeñas empresas, se enfrenta ahora a dificultades nuevas e inesperadas, como mantener sólidas medidas de ciberseguridad, gestionar a los proveedores y atender las solicitudes de los clientes en línea.

Las pequeñas empresas son el sustento de nuestras economías y comunidades. Lo que necesitan ahora son socios que escuchen los nuevos desafíos que afrontan. Necesitan socios que se sienten a su lado, se arremanguen y trabajen en soluciones que las ayuden a superar esta próxima etapa crucial de adaptación del negocio al mundo digital.

Las pequeñas empresas necesitan socios que ayuden a amplificar su voz colectiva en los debates globales, para que las normas y regulaciones que creamos y perfeccionamos no les impidan inadvertidamente operar como parte de las cadenas de suministro globales.

Es hora de que nosotros, como socios, hagamos las preguntas adecuadas, incluidas las difíciles. Debemos escuchar, comprender y defender sus intereses.

Si lo hacemos bien, crearemos una economía digital que funcione para todos

Incluso antes de la pandemia, existían motivos justificados para preguntarse si la tecnología acabaría afectando la vida de las personas para bien o para mal. Para mí, la tecnología puede crear oportunidades, pero solo si se guía por la ética, los valores y hasta la decencia para innovar en favor de la inclusión.

Nuestro objetivo debe ser derribar muros, no construir otros nuevos.

Aquí es donde las empresas y los gobiernos tienen un papel vital. La digitalización, si se lleva a cabo correctamente, resuelve problemas y promueve la inclusión. Lo hemos visto cuando las ayudas de estímulo o las prestaciones sociales se entregan por vía electrónica: las personas reciben lo que se les prometió, de forma segura y completa, y pueden así mantener mejor a sus familias.

Debemos ayudar hoy a quienes lo necesitan y asegurarnos de que el mundo salga de esta pandemia más fuerte y resiliente. Juntos, podemos aprovechar la tecnología para dar a las personas más control, mejores experiencias y nuevas oportunidades.

Al hacerlo, construimos un futuro en el que resolvemos los desafíos antes de que se conviertan en crisis agudas. También construimos un futuro en el que todos tienen el acceso y las herramientas necesarios para aprovechar las oportunidades que se les presentan.

Ese es un futuro en el que todos podemos prosperar.

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