Por qué la digitalización es nuestra mejor oportunidad para salvar el planeta

Digitalization can help us tackle our most pressing global problems – such as growing enough food.
Digitalization will help us tackle our most pressing global problems – such as growing enough food.Image: Unsplash/James Baltz
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  • Para vencer la crisis climática y mitigar sus efectos, debemos liberar el poder de la digitalización.

  • La tecnología digital podría aportar una quinta parte de las reducciones de emisiones que necesitamos para alcanzar las cero emisiones netas en 2050.

  • Estos son tres principios que deben guiarnos al acelerar la revolución digital.

Afortunadamente, el cambio climático ya es un tema de interés general. Las empresas, los responsables políticos y la ciudadanía ya conocen la necesidad (y el coste) de ecologizar las economías, la importancia de proteger la biodiversidad y el hecho de que la situación actual no es sostenible.

La pregunta es qué hacemos al respecto. Y aunque hay muchas formas de abordar el cambio climático, a menudo se resumen en una palabra: reducir.

Tiene sentido. Debemos reducir las cantidades de combustibles fósiles que quemamos. Debemos reducir la deforestación. Debemos reducir la cantidad de residuos que generamos.

Pero no todas las reducciones son iguales.

El movimiento decrecentista, por ejemplo, sostiene que una acción climática eficaz exige restar prioridad al crecimiento económico. Esto sin duda conduciría a reducciones: del nivel de vida, de la prestación de servicios sanitarios y de la capacidad de las personas para ganarse la vida. El decrecimiento puede tener un atractivo romántico, pero no es práctico ni realista, sobre todo en medio de una crisis mundial del coste de la vida.

En cambio, deberíamos centrarnos más en «más». Deberíamos procurar que las energías renovables fueran más eficientes, la industria más productiva, la formulación de políticas más urgente y las empresas más transparentes.

Esta visión positiva depende de un «más» en particular: más digitalización.

No hay transición ecológica sin digitalización. Es el factor habilitador definitivo. Además de volverse más ecológica por sí misma —por ejemplo, los estudios sugieren que las redes 5G son hasta un 90 % más eficientes desde el punto de vista energético por unidad de tráfico que las antiguas redes 4G—, la digitalización también desbloquea enormes beneficios ambientales en otros sectores.

Estimaciones recientes del Foro Económico Mundial y Accenture sugieren que las tecnologías digitales podrían aportar hasta una quinta parte de todas las reducciones necesarias para alcanzar los objetivos de cero emisiones netas para 2050 en los sectores de la energía, los materiales y la movilidad. Y eso sin mencionar otros sectores, como la logística y la manufactura.

He aquí dos ejemplos.

1. Generación de energía

Los aerogeneradores marinos más grandes de hoy miden más del doble de altura que los instalados hace tan solo cinco años.

Pero cuanto más grande es el aerogenerador, más lejos de la costa debe ubicarse y más complicado es el mantenimiento.

La digitalización puede ofrecer diversas soluciones. Por ejemplo, cubrir incluso los parques eólicos más grandes con una única red inalámbrica privada puede habilitar soluciones como el mantenimiento predictivo, drones para analizar reparaciones y la ingeniería con realidad aumentada. Como resultado, los ingenieros hacen menos viajes al mar y se pueden mantener más aerogeneradores a pleno rendimiento.

La digitalización también está haciendo más eficientes otras formas de generación de energía. Por ejemplo, los avances en inteligencia artificial (IA) hacen que los paneles solares «seguidores», que siguen al sol durante el día, sean hasta un 45 % más productivos que los paneles fijos.

Además de facilitar la conexión de las energías renovables a la red, los sistemas energéticos completamente digitalizados y gestionados por IA pueden identificar quién necesita energía y cuándo, y suministrarla al menor coste posible.

Una digitalización de este tipo permitirá integrar en la red fuentes de energía renovable prácticamente ilimitadas, porque las variaciones en la generación pueden compensarse al instante mediante otras fuentes de energía o ajustando la demanda.

Un ejemplo a pequeña escala es el proyecto de Nokia con Siemens y A1, que creó una microrred de gran eficiencia para el campus corporativo de Siemens en Viena. La microrred ajusta la generación de energía eólica y solar in situ a las necesidades energéticas del campus. Esto reduce la dependencia de la energía generada fuera del recinto y redujo las emisiones de carbono del campus en alrededor de 100 toneladas en 2021, y se prevé que esa cifra se duplique este año.

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2. Agricultura digital

La ONU prevé que las explotaciones agrícolas tendrán que producir un 70 % más de alimentos con un 5 % más de tierras para 2050. La digitalización puede hacerlo posible.

El ejemplo clásico consiste en enterrar sensores en el suelo para garantizar que los cultivos reciban exactamente la cantidad adecuada de agua y fertilizantes.

Esto es valioso, pero no es todo.

Los satélites y los drones pueden usar imágenes sensibles a la biomasa para evaluar la salud de extensas superficies de cultivos. La maquinaria agrícola conectada puede combinar estos datos con información sobre el estado del suelo, las previsiones meteorológicas y la disponibilidad de semillas para que las explotaciones agrícolas funcionen con una eficiencia óptima.

Digitalizar entre el 15 % y el 25 % de la agricultura mundial de esta manera podría aumentar la producción global en 300 millones de toneladas métricas para 2030 y reducir el consumo de agua hasta en 150.000 millones de metros cúbicos cada año.

Un problema, como apunta un estudio reciente de EY, es que los agricultores pueden mostrarse reacios a compartir datos. Es un asunto espinoso. En este momento, casi todos los sectores e instituciones tienen dificultades por un déficit de confianza.

La digitalización no puede resolver este problema por sí sola, pero quienes la impulsan pueden contribuir reconociendo la importancia de la fiabilidad y la seguridad, y trabajando con socios de confianza mientras la implementan.

¿Qué viene ahora en materia de digitalización?

Sabemos que existe la voluntad de acelerar este proceso. Basta con fijarse en la First Movers Coalition: una alianza público-privada en la que participan el Foro Económico Mundial, Nokia y otros colaboradores, que se comprometen a comprar nuevas tecnologías sostenibles.

En los debates sobre digitalización aquí en Davos, conviene tener presentes tres principios:

1. La única vía realista hacia las cero emisiones netas implica movilizar las fuerzas del mercado.

La UE creó el primer sistema de comercio de emisiones. Entre 2005 y 2020, las emisiones cubiertas por el sistema disminuyeron más de un 40 %.

Podemos reproducir ese modelo en otros lugares.

2. El espectro radioeléctrico importa.

Casi todas las telecomunicaciones inalámbricas necesitan una parte del espectro radioeléctrico para funcionar. Sin él, ninguno de los casos de uso mencionados aquí sería posible.

El problema es que se trata de un recurso finito. En última instancia, los gobiernos controlan quién tiene acceso a cada parte del espectro. Deberían liberar nuevo espectro a precios asequibles en las bandas baja, media, alta y ultraalta, y las empresas y otras partes interesadas deberían seguir presionándolos para que lo hagan.

3. Las empresas tienen la responsabilidad de hacer lo correcto.

Cumplan las reglas, actúen con ética y generen confianza.

En otras palabras, conviertan la tecnología y las empresas tecnológicas en una fuerza para el bien.

Sean proactivas. Persigan los objetivos de reducción de residuos y emisiones con la misma actitud innovadora que aplican a cualquier asunto crucial para el negocio.

Y, por último, digitalicen. Avancen rápido. Pónganse a la cabeza. El planeta cuenta con ustedes.

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