Las malas hierbas pueden ser nutritivas y sabrosas si sabemos cuáles recoger.
A medida que crece la población mundial, pueden ser una fuente fiable de alimentos.
Su capacidad para capturar carbono puede ayudar a combatir el cambio climático.
Las malas hierbas también pueden ayudar a los agricultores a identificar problemas del suelo y aumentar el rendimiento.
Una «planta cuyas virtudes aún no se han descubierto» fue la forma en que el poeta estadounidense del siglo XIX Ralph Waldo Emerson describió una mala hierba, y puede que tuviera razón.

Encontrar nuevos alimentos de origen vegetal es cada vez más urgente, ya que se prevé que la población mundial crezca en dos mil millones de personas durante los próximos 30 años. Aunque la cría de animales para obtener carne genera el 14.5% del total de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, las malas hierbas capturan carbono de la atmósfera y, por lo tanto, pueden ayudar a controlar el cambio climático.
Por supuesto, no todas las plantas silvestres son seguras para el consumo; algunas son venenosas. Siempre se debe consultar una fuente fiable antes de comerlas. Además, muchos países tienen leyes que prohíben recolectar algunas plantas silvestres, así que lo mejor es informarse antes de recogerlas.
El reciente evento virtual del Foro Económico Mundial, «Bold Actions for Food as a Force for Good», planteó cómo mejorar los sistemas alimentarios para alimentar a más personas, entre otras cosas mediante el análisis de fuentes alternativas de alimentos.
Aquí destacamos cinco razones por las que las malas hierbas podrían ser el futuro de la alimentación.
1. Son fáciles de cultivar

Las malas hierbas prosperan en condiciones difíciles y son más resistentes que las plantas de jardín o los cultivos. Tomemos la kochia, o «caviar de campo», que puede sobrevivir en un amplio rango de temperaturas y prescindir de la humedad, y aun así produce 50,000 semillas por planta que se utilizan para preparar una guarnición en Japón.
2. Pueden ser ricas en nutrientes

Una vez neutralizado su escozor al cocinarlas, las ortigas son una fuente de calcio, hierro, magnesio y vitamina C. La verdolaga es un complemento sabroso para las ensaladas, rica en vitaminas y con un alto contenido de ácidos grasos omega-3.
3. Necesitamos diversificar nuestra alimentación

En la actualidad, solo se cultivan 120 especies de plantas para la alimentación humana, y nueve de ellas representan tres cuartas partes de nuestra ingesta energética de origen vegetal, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Para reducir el impacto ambiental de la agricultura intensiva, los expertos han identificado 50 nuevos alimentos de origen vegetal, entre ellos las algas y los cactus.
4. Saben más que nosotros sobre el suelo

«Las malas hierbas son un indicador de lo que está mal y —a veces— de lo que está bien en el suelo», afirma Charles Walters, autor de Weeds: Control without Poisons.
Por ejemplo, la ambrosía es señal de deficiencia de potasio, mientras que la hierba amarga crece en suelos con mal drenaje. Aunque no podamos comerlas, las malas hierbas pueden ayudarnos a cultivar más alimentos.
5. Tienen un sabor excelente

Las hojas de ajo silvestre aportan un sabor intenso a las ensaladas, al igual que las dulces hojas jóvenes de diente de león, que contienen más betacaroteno que las zanahorias. La acedera, rica en antioxidantes, aporta un toque de limón a las ensaladas, y la pamplina se puede usar como sustituto de las espinacas.




