No podemos crear valor compartido sin datos. He aquí por qué

Shared value falls short without data.
Shared value falls short without data.Image: Unsplash/arty
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  • Un artículo de 2011 sobre la «creación de valor compartido» supuso un cambio radical para muchos; ahora se está replanteando para la era de los datos.

  • Sigue existiendo una desconexión entre la búsqueda de beneficios y la materialización de valores compartidos que beneficien a la sociedad en su conjunto.

  • Incorporar los datos al concepto de valor compartido significa que otros también pueden beneficiarse de su poder, y no solo las entidades con fines de lucro.

En 2011, codirigía un curso de Innovación Social Corporativa en la Escuela de Posgrado de Administración de Empresas de Stanford cuando nuestro programa estuvo a punto de desviarse. En Harvard Business Review (HBR) apareció un artículo titulado «Creación de valor compartido», de Michael E. Porter y Mark R. Kramer. El entusiasmo de los estudiantes era palpable: esto podía transformar el capitalismo y permitir que la «mano invisible» de Adam Smith orientara el curso de la historia no solo hacia la eficiencia y los beneficios, sino también hacia el impacto social.

Fue un momento decisivo. Observé las entusiastas ideas de nuestros estudiantes: podían hacer realidad sus sueños de cambiar el mundo para mejor sin renunciar a sus aspiraciones de tener éxito financiero. De repente, «hacerlo bien» y «hacer el bien» rimaban. Y ahora, más de una década después, la Cuarta Revolución Industrial exige que replanteemos el marco del valor compartido para adaptarlo a la actual era de los datos.

La promesa del valor compartido

El impacto inmediato del artículo de Kramer y Porter fue mucho más allá de nuestra clase de Stanford. «Creación de valor compartido» ofrecía a las empresas una hoja de ruta para equilibrar los beneficios y la responsabilidad corporativa. La idea central es que el valor compartido consiste en políticas y prácticas operativas que mejoran la competitividad y, al mismo tiempo, las condiciones económicas y sociales de las comunidades donde opera la empresa. No es caridad ni filantropía; es interés propio ilustrado.

En esencia, sostenían que no todos los beneficios son iguales y que es posible poner en práctica una forma superior de capitalismo. Cuando las empresas persiguen valores compartidos, la sociedad se beneficia y mejora el mundo en el que opera la empresa, lo que a su vez beneficia a la organización. Como señalaron Porter y Kramer en su artículo de HBR: «Si todas las empresas persiguieran individualmente un valor compartido vinculado a sus actividades específicas, se atenderían los intereses generales de la sociedad».

¿Se ha hecho realidad el valor compartido?

La historia demuestra que la promesa del valor compartido no se ha hecho realidad exactamente. En la última década, la mayoría de los indicadores de desigualdad, salud y cambio climático han empeorado, no mejorado. La brecha en la igualdad de la riqueza se ha ampliado: el patrimonio combinado del 1 % más rico de Estados Unidos pasó del 29 % de toda la riqueza en 2011 al 32,3 % en 2021, y el 50 % más pobre aumentó su proporción del 0,4 % al 2,6 % de la riqueza total; todos los grupos intermedios vieron disminuir su proporción. El salario mínimo federal se ha mantenido estancado en 7,25 dólares por hora, mientras que el dólar estadounidense ha registrado un aumento acumulado de los precios del 27,81 %.

La idea central es que el valor compartido consiste en políticas y prácticas operativas que mejoran la competitividad y, al mismo tiempo, las condiciones económicas y sociales de las comunidades donde opera la empresa.

Kriss Deiglmeier, directora de Impacto Social, Splunk

Mientras tanto, las empresas han obtenido beneficios considerables y han visto crecer su valoración de mercado durante ese mismo período. Hace diez años, ninguna empresa estaba valorada en un billón de dólares o más. Hoy hay tres. Está claro que sigue existiendo una desconexión entre la búsqueda de beneficios y los esfuerzos por poner en práctica valores compartidos y adoptar prácticas que beneficien a la sociedad y al mundo en su conjunto.

El papel de los datos en el concepto de valor compartido

Aunque las empresas en general han crecido, parece que las organizaciones tecnológicas basadas en datos han logrado un éxito extraordinario. Entre 2011 y 2022, la capitalización bursátil de Microsoft y Facebook/Meta se disparó aproximadamente un 850 %. La capitalización bursátil de Google ha crecido más de un 300 % solo desde 2014. Este crecimiento se debe en gran medida a la Cuarta Revolución Industrial y al papel de los datos en la transformación digital y la evolución de la economía.

Dicho esto, los datos no son en absoluto el único obstáculo para lograr el valor compartido, ni siquiera el principal, pero su papel es un aspecto clave que debe cambiar. En el concepto de valor compartido, los datos se utilizan principalmente para generar beneficios y no para ofrecer el beneficio social necesario a la velocidad y escala requeridas.

Por desgracia, la transformación tecnológica ha generado una brecha de datos emergente. Aunque las estrategias de datos han beneficiado al sector comercial, el sector público y las organizaciones sin fines de lucro van a la zaga en educación, herramientas, recursos y talento para utilizar los datos en la búsqueda y ampliación de soluciones. El resultado es una disparidad entre el uso cada vez mayor de los datos para crear valor comercial y su uso comparativamente débil para resolver desafíos sociales y ambientales.

El camino a seguir

Los datos forman parte de nuestro futuro y las empresas los utilizan para impulsar su éxito, como corresponde. Incorporar los datos al marco del valor compartido significa garantizar que otras entidades y organizaciones también tengan acceso a ellos y a las herramientas para aprovecharlos en la resolución de desafíos sociales y ambientales.

En el mundo actual, a la sociedad civil y a los gobiernos les resulta mucho más difícil abordar los problemas más críticos —los ciberataques, los problemas de las cadenas de suministro y la fragmentación geopolítica— porque no disponen del mismo nivel de recursos de datos sofisticados que aprovecha el sector privado. Las consecuencias para la sociedad son inmensas.

El concepto de valor compartido de Kramer y Porter tenía potencial, pero no tuvo en cuenta el enorme poder transformador de los datos. Ahora sabemos más que hace una década y sabemos que el poder y el volumen de los datos van a aumentar exponencialmente.

La brecha en la igualdad de la riqueza se ha ampliado y la promesa del valor compartido no se ha hecho realidad exactamente.Image: FRED

Las empresas tienen la oportunidad de ayudar a resolver la brecha de datos mediante un marco de valor compartido, aportando talento, productos y recursos más allá de sus límites corporativos para contribuir a resolver nuestros desafíos sociales y ambientales. Para lograrlo, es esencial replantear el marco del valor compartido y garantizar que los datos ocupen un lugar central para resolver colectivamente estos desafíos en beneficio de todos. Esto exigirá un firme compromiso de colaboración entre empresas, gobiernos y ONG, así como una dedicación inequívoca a aumentar la alfabetización en datos en todos los niveles educativos.

Hasta ahora, la promesa del valor compartido no ha pasado de ser eso: una promesa. Todavía no hemos descifrado cómo movilizar el poder de las empresas para impulsar el impacto social y los beneficios y hacer realidad las aspiraciones que entusiasmaron a mis estudiantes en 2011. Aunque no existe una solución milagrosa, los datos son un ingrediente esencial y su poder ya es evidente. No esperemos otra década para actuar: el momento de cambiar es ahora.

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