El crecimiento económico ha agravado el problema de los residuos plásticos, pero también contiene la solución.
La inversión focalizada puede cerrar la brecha de financiación que frena el sector de los residuos en Asia.
La inversión en solo cinco países podría reducir un 45 % el flujo de plásticos hacia el océano.
El crecimiento exponencial de Asia la ha convertido en una poderosa fuerza económica, pero también ha situado a la región en el centro de la crisis de contaminación oceánica. Más de la mitad del plástico que llega al océano procede del sur y el sudeste asiáticos. El vertiginoso aumento del consumo y la mentalidad de usar y tirar que lo acompaña han superado con creces la modernización de los sistemas de reciclaje y gestión de residuos necesarios para hacer frente a sus consecuencias.
La buena noticia es que este crecimiento económico significa que hay capital disponible. Así que, aunque reconocemos que no existe una solución milagrosa para este desafío, vemos la inversión de capital como una solución, aunque con un obstáculo: ¿quién va a pagarla?
Las cifras dejan muy claro el argumento a favor de abordar la brecha de financiación entre el capital privado y los recursos que necesita el sector de los residuos en Asia: 19 países asiáticos representan el 82 % de los residuos plásticos que llegan al océano en todo el mundo. Mientras tanto, el sector público de Asia financia alrededor del 90 % del desarrollo de infraestructuras. Según el Banco Mundial, la gestión de residuos suele ser la partida presupuestaria individual más cuantiosa para muchos gobiernos locales de países de ingresos bajos y, aun así, recibe prácticamente cero apoyo de los organismos internacionales de desarrollo.
Las dificultades para financiar un sector sólido de gestión de residuos se ven agravadas por la falta de un ecosistema formal que respalde la recogida, la clasificación, el reciclaje y la economía circular. Más del 90 % de los residuos de los países del sudeste asiático todavía se vierten o queman al aire libre, por lo que con frecuencia acaban fácilmente en el océano.
Invertir en estos sectores en solo cinco países de Asia —China, Indonesia, Filipinas, Tailandia y Viet Nam— podría tener un enorme impacto y reducir hasta un 45 % la cantidad de plástico que se filtra al océano.
Sin embargo, esto requerirá una inversión anual estimada de 5.000 millones de dólares. Las investigaciones estiman que la brecha neta de financiación para la recogida de residuos plásticos en estos cinco países oscila entre 28 y 40 dólares por tonelada métrica. Cerrar la brecha de financiación permitirá financiar nuevas tecnologías. Fomentará ideas creativas de emprendedores que contribuirán a la tan necesaria transformación del sector de los residuos y el reciclaje, y acelerarán la transición a una economía circular.
En el sur y el sudeste asiáticos, han crecido rápidamente las nuevas soluciones de gestión de residuos y reciclaje, en particular las basadas en nuevas tecnologías. Es un sector listo para transformarse. Estas son algunas de esas nuevas soluciones:
Banyan Nation: Empresa de reciclaje de plástico y tecnología con sede en Hyderabad, India, que proporciona plástico reciclado a grandes marcas a través de una plataforma de software móvil. Este software conecta a los recolectores de residuos con materiales que deben reciclarse, lo que aumenta la capacidad de procesamiento al eliminar intermediarios. Ganó el Premio del Público en los premios Circulars del Foro Económico Mundial de 2018.
Kabadiwalla Connect: También con sede en India, esta empresa impulsa una idea similar: aprovecha la infraestructura informal de residuos que ya existe en una ciudad para recoger y procesar residuos posconsumo. El producto funciona como un Uber para la gestión de residuos: una plataforma de software bidireccional que conecta a los recolectores de residuos con instalaciones de gestión de residuos y reciclaje.
Tridi Oasis: Esta empresa indonesia de reciclaje de plástico, propiedad y gestión mayoritariamente de mujeres, produce plástico reciclado de calidad apta para fabricar láminas y planea ampliar sus actividades al reciclaje de mayor calidad durante el próximo año. También aspira a ampliar su zona de abastecimiento de materia prima. Sus principales canales de suministro incluyen restaurantes y hoteles, urbanizaciones, escuelas y universidades, bancos de residuos, material posindustrial y el «sector informal».
De residuos a dinero
Los mercados de capitales solo actuarán a gran escala si los inversores creen que esta es una oportunidad rentable. Hoy, el conjunto de inversores sigue siendo limitado debido a la falta de historial de resultados, de una cartera sólida de oportunidades o de productos de inversión intermediados.
En cada etapa del crecimiento de una empresa se necesitan distintas formas de capital para el tipo de expansión que puede permitir convertir los residuos en valor. Se necesita capital paciente y dispuesto a asumir riesgos para incubar e invertir en empresas y proyectos que serán el futuro de la gestión de residuos y el reciclaje en toda la región. Los inversores corporativos están en una posición única para satisfacer esta necesidad, porque pueden obtener valor del material reciclado para sus cadenas de suministro, en lugar de esperar una mayor rentabilidad de la inversión.
El mes pasado se creó el primer fondo de inversión del mundo, dotado con 106 millones de dólares y dedicado a abordar la crisis del plástico en Asia. Este fondo ayudará a incubar y financiar empresas emergentes y pymes para que gestionen los residuos de forma más eficaz y eviten que acaben convertidos en plástico oceánico. El objetivo del fondo es movilizar miles de millones de dólares de inversores institucionales públicos y privados y demostrar que invertir en soluciones para el plástico oceánico puede generar, y generará, rentabilidad financiera.
Sin embargo, esta solución no puede funcionar sin un cambio sistémico. Exige transformar todo el ecosistema que genera y remedia el plástico oceánico, y desarrollar una economía circular que convierta el plástico usado en un recurso nuevo y reutilizable para fabricar materiales en el futuro. El proceso requerirá crear una cadena de valor diferente, que prometa convertir el plástico oceánico de un problema en una nueva oportunidad financiera para los mercados emergentes. Ese es un camino hacia un nuevo orden mundial.






