La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se dirigió hoy a Davos 2022.
Pidió unidad y cooperación internacional frente a la invasión rusa de Ucrania y las conmociones que esta ha provocado en la seguridad energética y alimentaria.
Señoras y señores, cuesta creer que hoy hablemos de guerra en Davos. El espíritu de Davos es la antítesis de la guerra. Se trata de estrechar lazos y encontrar juntos soluciones a los grandes desafíos que afrontamos.
En los últimos años, hemos buscado formas inteligentes y sostenibles de combatir el cambio climático. Y también cómo dar forma a la globalización para que todos puedan beneficiarse. Cómo hacer de la digitalización una fuerza para el bien y mitigar sus riesgos para las democracias.
Davos consiste, ante todo, en construir juntos un futuro mejor. De eso deberíamos estar hablando aquí hoy.
En cambio, debemos abordar los costes y las consecuencias de la guerra que Putin eligió librar.
El manual de la agresión rusa contra Ucrania parece sacado directamente de otro siglo. Se trata a millones de personas no como seres humanos, sino como poblaciones anónimas que hay que desplazar, controlar o colocar como zona de amortiguación entre fuerzas militares. Se intenta aplastar con tanques las aspiraciones de toda una nación.
No se trata únicamente de la supervivencia de Ucrania. Tampoco es solo una cuestión de seguridad europea. Esto pone en tela de juicio todo nuestro orden internacional.
Por eso, contrarrestar la agresión rusa es una tarea de toda la comunidad mundial.
Ucrania debe ganar esta guerra. Y la agresión de Putin debe convertirse en un fracaso estratégico. Haremos todo lo que esté en nuestra mano para ayudar a los ucranianos a imponerse y volver a tomar las riendas de su futuro.
Por primera vez en nuestra historia, la Unión Europea presta ayuda militar a un país bajo ataque. Estamos movilizando todo nuestro poder económico.
Nuestras sanciones y las autosanciones que aplican las propias empresas están agotando la economía rusa y, con ello, la maquinaria bélica del Kremlin. Nuestros Estados miembros atienden a 6 millones de refugiados ucranianos y hay 8 millones de desplazados internos en la propia Ucrania.
Al mismo tiempo, Ucrania necesita ahora apoyo presupuestario directo para mantener la economía en funcionamiento. Se trata de pensiones, de salarios, de servicios básicos que deben prestarse….
Hemos propuesto más de 10.000 millones de euros en ayuda macrofinanciera: el mayor paquete de ayuda macrofinanciera que la Unión Europea haya concebido jamás para un tercer país.
Otros países, empezando por nuestros amigos de Estados Unidos, también están haciendo todo lo posible. Es una operación de alivio económico sin precedentes en la historia reciente.
Eso es lo que hace falta a corto plazo. Pero queda mucho más por hacer.
Con la misma determinación, ayudaremos —codo con codo— a Ucrania a resurgir de sus cenizas. Esa es la idea que sustenta la plataforma de reconstrucción que propuse al presidente Zelensky.
Ayer, en su discurso aquí en Davos, reconoció la unidad sin precedentes del mundo democrático. La convicción de que hay que luchar por la libertad.
La reconstrucción de Ucrania también exige una unidad sin precedentes por nuestra parte. Como dijo el presidente Zelensky: la tarea que tenemos por delante es colosal. Pero juntos podemos y lograremos superar el desafío. Por eso hemos propuesto una plataforma de reconstrucción, dirigida por Ucrania y la Comisión Europea, porque combinaremos reformas con inversión.
La plataforma invita a contribuir a todos los países del mundo que se preocupan por el futuro de Ucrania, así como a las instituciones financieras internacionales y al sector privado. Necesitamos que todos se sumen
Y me alegró oír hablar de la conferencia de Lugano. Borge Brende la calificó de plan Marshall para Ucrania.
Y debemos explorar todas las opciones, incluidos, si es posible, los activos rusos. Pero no se trata solo de reparar los daños causados por la furia destructiva de Putin. También se trata de construir el futuro que los ucranianos eligieron para sí mismos.
Desde hace años, el pueblo ucraniano trabaja por el cambio. Por eso eligió a Volodymyr Zelensky en primer lugar.
La reconstrucción del país debe combinar una inversión masiva con reformas ambiciosas.
- Modernizar la administración de Ucrania.
- Afianzar el Estado de derecho y la independencia del poder judicial.
- Luchar contra la corrupción.
- Construir una economía justa, sostenible, sólida y competitiva.
Y así apoyar firmemente a Ucrania en su camino europeo. Ucrania pertenece a nuestra familia europea. Los ucranianos han mantenido la frente en alto ante una violencia brutal. Han defendido su propia libertad y la humanidad.
Estamos a su lado, y creo que este es un momento decisivo para las democracias del mundo.
Señoras y señores, este conflicto también está enviando ondas de choque por todo el mundo y perturbando aún más unas cadenas de suministro ya tensionadas por la pandemia. Está imponiendo nuevas cargas a las empresas y los hogares, y ha creado una espesa niebla de incertidumbre para los inversores de todo el mundo. Cada vez más países y empresas, ya golpeados por dos años de COVID-19 y por todos los problemas de las cadenas de suministro que se derivaron de ello, deben ahora hacer frente al aumento de los precios de la energía como consecuencia directa de la guerra imperdonable de Putin.
Además, Rusia ha intentado presionarnos, por ejemplo, interrumpiendo el suministro de gas a Polonia, Bulgaria y Finlandia. Pero esta guerra y este comportamiento no han hecho más que reforzar la determinación de Europa de prescindir rápidamente de los combustibles fósiles rusos.
La crisis climática no puede esperar. Pero ahora también son evidentes las razones geopolíticas. Debemos diversificar nuestras fuentes y alejarnos de los combustibles fósiles. Ya hemos trazado el rumbo hacia la neutralidad climática. Ahora debemos acelerar la transición a la energía limpia.
Por suerte, ya contamos con los medios para hacerlo. El Pacto Verde Europeo ya es ambicioso. Pero ahora elevamos aún más nuestras ambiciones.
La semana pasada, la Comisión Europea presentó RePowerEU, un plan de 300.000 millones de euros para eliminar gradualmente los combustibles fósiles rusos y acelerar la transición ecológica.
Hoy, casi una cuarta parte de la energía que consumimos en Europa procede de fuentes renovables. Con RePowerEU, prácticamente duplicaremos esa proporción hasta alcanzar el 45% en 2030.
Esto solo será posible si también llevamos la cooperación transfronteriza a un nuevo nivel. Veamos, por ejemplo, lo que está ocurriendo en el mar del Norte.
La semana pasada, 4 Estados miembros europeos unieron fuerzas para aprovechar la energía eólica marina. Decidieron cuadruplicar su capacidad eólica marina para 2030.
Eso significa que los parques eólicos del mar del Norte cubrirán el consumo anual de energía de más de 50 millones de hogares, aproximadamente una cuarta parte de todos los hogares europeos.
Este es el camino correcto. La energía renovable es nuestro trampolín hacia las emisiones netas cero de CO2. Es buena para el clima y para nuestra independencia y seguridad del suministro energético.
Lo mismo ocurre con la diversificación de nuestro suministro de gas, otro pilar de RePowerEU. Mientras hablamos, Europa está cerrando nuevos acuerdos con proveedores fiables y de confianza de todo el mundo.
En marzo, acordé con el presidente Biden aumentar considerablemente los envíos de GNL de Estados Unidos a Europa. También llegará más GNL y gas por gasoducto de Oriente Medio y el norte de África. Pronto entrarán en funcionamiento nuevas terminales de GNL en Grecia, Chipre y Polonia, así como nuevas interconexiones. La infraestructura de gasoductos que las conectará constituirá el núcleo de nuestros futuros corredores de hidrógeno: el hidrógeno es la nueva frontera de la red energética europea.
Pero también debemos mirar más hacia el futuro. Las economías del futuro ya no dependerán del carbón y el petróleo:
- Dependerán del litio para las baterías.
- Del silicio metálico para los chips.
- De los imanes permanentes de tierras raras para los vehículos eléctricos y los aerogeneradores
Y no cabe duda: las transiciones ecológica y digital aumentarán enormemente nuestra necesidad de estos materiales. Sin embargo, el acceso a ellos no está garantizado.
Para muchos de estos materiales, dependemos de un puñado de productores en el mundo. Por eso, debemos evitar caer en la misma trampa que con el petróleo y el gas. No debemos sustituir las antiguas dependencias por otras nuevas. Por ello, trabajamos para garantizar la resiliencia de nuestras cadenas de suministro. Y, una vez más, las sólidas alianzas internacionales son fundamentales para encontrar la solución.
La Comisión ya ha establecido asociaciones estratégicas sobre materias primas con países como Canadá. Se sumarán otras alianzas fiables. Juntos podemos crear interdependencias más equilibradas y construir cadenas de suministro en las que realmente podamos confiar.
Señoras y señores, somos testigos de cómo Rusia convierte sus suministros energéticos en un arma. Esto tiene repercusiones en todo el mundo. Lamentablemente, estamos viendo surgir el mismo patrón en la seguridad alimentaria.
Ucrania es uno de los países más fértiles del mundo. Incluso su bandera simboliza el paisaje ucraniano más común: un campo amarillo de cereales bajo un cielo azul. Ahora esos campos de cereales han quedado calcinados.
En la Ucrania ocupada por Rusia, el ejército del Kremlin confisca las reservas de cereales y la maquinaria. Para algunos, esto ha evocado recuerdos de un pasado sombrío: las incautaciones de cosechas durante la época soviética y la devastadora hambruna de la década de 1930.
Hoy, la artillería rusa bombardea deliberadamente almacenes de grano por toda Ucrania. Y los buques de guerra rusos bloquean en el mar Negro barcos ucranianos cargados de trigo y semillas de girasol.
Las consecuencias de estos actos vergonzosos están a la vista de todos. Los precios mundiales del trigo se disparan. Y quienes más sufren son los países frágiles y las poblaciones vulnerables. El precio del pan en Líbano ha aumentado un 70%, y los cargamentos de alimentos de Odesa no pudieron llegar a Somalia.
Además, Rusia está acaparando ahora sus propias exportaciones de alimentos como forma de chantaje: retiene suministros para elevar los precios mundiales o intercambia trigo por apoyo político.
Esto es utilizar el hambre y el grano para ejercer el poder. Una vez más, nuestra respuesta debe ser movilizar una mayor colaboración y apoyo a escala europea y mundial.
En primer lugar, Europa trabaja arduamente para llevar cereales a los mercados mundiales. Actualmente hay 20 millones de toneladas de trigo bloqueadas en Ucrania. Lo habitual era exportar 5 millones de toneladas de trigo al mes.
Ahora esa cifra ha caído a entre 200.000 y 1 millón de toneladas. Si logramos sacar el grano, podremos proporcionar a los ucranianos unos ingresos muy necesarios y al Programa Mundial de Alimentos los suministros que tanto necesita.
Para conseguirlo, estamos abriendo corredores solidarios que conectan las fronteras de Ucrania con nuestros puertos. Financiamos distintos medios de transporte para que el grano ucraniano pueda llegar a los países más vulnerables del mundo.
En segundo lugar, estamos aumentando nuestra propia producción para aliviar la presión sobre los mercados mundiales de alimentos. También colaboramos con el Programa Mundial de Alimentos para que las reservas disponibles y los productos adicionales lleguen a los países vulnerables a precios asequibles.
La cooperación mundial es el antídoto contra el chantaje de Rusia.
En tercer lugar, apoyamos a África para que dependa menos de las importaciones de alimentos. Hace apenas 50 años, África producía todos los alimentos que necesitaba. Durante siglos, países como Egipto fueron los graneros del mundo. Después, el cambio climático volvió escasa el agua y el desierto se tragó cientos de kilómetros de tierras fértiles, año tras año.
África depende ahora en gran medida de las importaciones de alimentos, y eso la hace vulnerable.
Por eso, una iniciativa para impulsar la capacidad de producción propia de África será fundamental para reforzar la resiliencia del continente. El desafío consiste en adaptar la agricultura a una época más cálida y seca. Las tecnologías innovadoras pueden ayudarnos a dar un gran salto adelante. Empresas de todo el mundo ya están probando soluciones de alta tecnología para una agricultura climáticamente inteligente.
Por ejemplo, el riego de precisión alimentado con energía renovable. O la agricultura vertical. O la nanotecnología, que puede reducir el uso de combustibles fósiles en la producción de fertilizantes.
Señoras y señores
Las señales de una crisis alimentaria creciente son evidentes. Debemos actuar con urgencia. Pero también hay soluciones, tanto hoy como en el horizonte. Por eso estoy trabajando con el presidente el-Sisi para abordar las repercusiones de la guerra mediante un evento sobre seguridad alimentaria y soluciones en Europa y en la región.
Es hora de poner fin a las dependencias perjudiciales.
Es hora de crear nuevas conexiones.
Es hora de sustituir las viejas cadenas por nuevos vínculos.
Superemos juntos este enorme desafío, con espíritu de cooperación. Con el espíritu de Davos.





