Santa Lucía está allanando el camino para desarrollar soluciones locales escalables que permitan recaudar fondos para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Se necesitan metas ambiciosas para impulsar cambios que ayuden a los pequeños Estados insulares en desarrollo y otras economías emergentes a adoptar mecanismos de financiación nuevos e innovadores.
El desarrollo sostenible y la resiliencia a largo plazo exigirán cooperación e integración regionales para multiplicar nuestro impacto colectivo.
Por un lado, el comienzo de 2021 ofrece un rayo de posibilidades y esperanza de cambios positivos en muchos ámbitos de interés mundial. Por otro, se intensifica la sensación de urgencia y crece la necesidad imperiosa de desarrollar y poner en práctica soluciones de desarrollo sostenible en distintos ámbitos temáticos. En Santa Lucía y más allá, persisten las consecuencias de la COVID-19, junto con los informes sobre una nueva y amenazante variante del coronavirus, lo que reitera la importancia de identificar las necesidades para sobrevivir a la pandemia y prepararse para cambios inesperados.
El nuevo año también pone de manifiesto las vulnerabilidades que ya sufrían los pequeños Estados insulares en desarrollo (PEID) antes de la pandemia. No es ningún secreto que muchos PEID dependen del turismo —que representaba más del 40 % del PIB de Santa Lucía antes del brote de COVID-19— como parte importante de su economía y que, ante la rápida disminución de la inversión extranjera directa tras la COVID-19, el tiempo no juega a nuestro favor. Además, el reciente impacto del ciclón Yasa en el Pacífico nos ha recordado la amenaza constante que representan las emergencias climáticas y los desastres naturales para las pequeñas naciones insulares.
Situar a la humanidad en el centro de la financiación para el desarrollo es hoy más crucial que nunca para reconstruir los medios de vida y crear un futuro mejor para las comunidades de todo el mundo. Si bien la financiación del desarrollo a largo plazo para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas (ODS) es fundamental para la inclusión social general y la sostenibilidad ambiental, sabemos que hará falta una planificación concreta y basada en soluciones para lograrlo. Estas son tres formas en que los PEID y otras economías en desarrollo pueden desbloquear financiación innovadora para alcanzar los ODS:
1. Crear un plan de acción adaptado al contexto
Santa Lucía y otros PEID están bien posicionados para aprovechar el potencial de las energías renovables, la financiación innovadora y la economía oceánica a fin de reducir la deuda y crear un entorno de inversión más favorable. Como parte de su colaboración continua con el Foro Económico Mundial en el marco de la Alianza para la Inversión en el Desarrollo Sostenible (SDIP), la Hoja de ruta de financiación nacional de Santa Lucía (CFR) constituye un plan de acción basado en datos y pruebas para financiar el desarrollo a largo plazo.
Crear soluciones empieza por comprender los problemas. La CFR es una plataforma impulsada por el país que, en el caso de Santa Lucía, ha tenido en cuenta las características únicas de una pequeña nación insular. Además de ofrecer una evaluación de referencia respaldada por datos, la CFR trabaja para identificar los principales obstáculos que impiden los flujos financieros destinados a los ODS prioritarios y promover el consenso entre las partes interesadas al respecto. El marco reúne a socios del sector público y privado, nacionales y extranjeros, y amplía el acceso de Santa Lucía a instituciones regionales y mundiales, a la vez que crea valiosas redes de innovación intersectorial.
Impulsar cambios sistémicos empieza por empoderar a comunidades y personas reales. Como resultado de la CFR, Santa Lucía pondrá a prueba el programa Financiación para el retorno al empleo (FORTE): un programa basado en datos que ofrece a las personas formación para reincorporarse al trabajo en sectores con alta demanda, sin costos iniciales para el Gobierno, y que atiende tanto las prioridades inmediatas como las futuras del mercado laboral nacional.
Los costos de ejecución del programa se cubrirán mediante financiación privada, que se reembolsará con un porcentaje de los futuros ingresos fiscales derivados del aumento de la fuerza laboral. Así, el programa podrá autofinanciarse con el tiempo. FORTE es un ejemplo de solución replicable que otros PEID pueden adoptar, en lugares donde el desempleo sigue frenando el progreso y la recuperación.
2. Identificar mecanismos para desbloquear capital
Atrás quedaron los días de identificar problemas sin proponer soluciones concretas. Sabemos que avanzar hacia los ODS exigirá la participación activa de todos los niveles, incluidas las inversiones públicas, privadas, extranjeras y nacionales, complementada por un diálogo proactivo y la creación de consenso sobre las formas más eficaces de agrupar recursos y reducir riesgos.
Para lograrlo no hace falta reinventar la rueda. Hay ejemplos oportunos en los que inspirarse, como el recientemente lanzado fondo de capital con emisiones netas cero, que moviliza inversiones públicas y privadas para la acción climática y las energías renovables. Aunque alcanzar emisiones netas cero para 2050 es un objetivo ambicioso, ha llegado el momento de elevar las aspiraciones y encontrar vías audaces para avanzar. Este tipo de iniciativas también incluye un sólido componente de promoción, respaldado por la rendición de cuentas de la industria, que pone de relieve las necesidades de las comunidades en cada etapa.
Solo al comprender nuestro potencial colectivo podemos medir cuánto hemos avanzado y cuánto nos queda por recorrer. Las estrategias nacionales para recibir asistencia oficial para el desarrollo (AOD) seguirán evolucionando y situarán la autosuficiencia en el centro de los modelos de políticas, financiación y colaboración. Pese a lo que pueda sugerir, esto no significa rechazar la ayuda extranjera, sino reorientarse para fomentar una mayor participación de las industrias, los recursos y el capital humano nacionales en el camino hacia el desarrollo sostenible. Este es un componente central de la estrategia de Santa Lucía y también está presente en la iniciativa Ghana más allá de la ayuda.
3. Adoptar un enfoque colaborativo mediante la integración regional
La integración regional beneficia a todos los Gobiernos, pues permite reducir los costos operativos y aumentar la eficiencia; para ello se necesita el compromiso pleno de todas las partes. Durante la pandemia de COVID, vimos esfuerzos coordinados para comprar conjuntamente suministros médicos en la región del Caribe. Aunque juntos somos más fuertes, parece que no hemos avanzado con suficiente rapidez en otros ámbitos. Actualmente, solo el 20 % de las exportaciones de Santa Lucía se destina a otros países de la CARICOM (Comunidad del Caribe), y apenas tres países exportan más del 40 % dentro de la región. Estas cifras muestran una brecha evidente que, si se cerrara, podría ampliar las oportunidades colectivas de inversión internacional.
Como asunto de interés nacional y regional, los PEID, incluidos los miembros de la Organización de Estados del Caribe Oriental (OECO), se están movilizando en torno a una recuperación azul y verde. Un océano saludable es fundamental para luchar contra el cambio climático y también constituye una pieza innegable del rompecabezas, junto con un turismo replanteado, para construir una economía resiliente. Con promesas de apoyo de la Unión Europea y el Gobierno de Noruega, entre otros, la OECO avanza a buen ritmo en el desarrollo de la capacidad necesaria para facilitar la colaboración regional y compartir buenas prácticas para promover la inversión azul y verde.
Esto refuerza la importancia de mantener y amplificar la voz de las pequeñas islas en la escena mundial. La participación de Santa Lucía en la Agenda de Davos del Foro Económico Mundial incluirá su intervención en una sesión vinculada a Devex que busca acelerar el diálogo sobre el sistema financiero internacional actual, en el que muchos PEID pequeños y muy vulnerables al cambio climático, como Santa Lucía, están clasificados como países de ingreso mediano y, por ello, no pueden acceder a fuentes de financiación concesional que necesitan con urgencia.
La Agenda de Davos también brindará la oportunidad de expresar con más detalle los compromisos nacionales con las medidas y políticas para la resiliencia oceánica, un pilar para establecer un Centro de Recuperación Azul bajo titularidad gubernamental. Impulsado por una colaboración con la OCDE, el Foro Económico Mundial y Friends of Ocean Action, el Centro es una solución viable para movilizar el apoyo de la comunidad internacional dentro de un marco común y responder a la urgencia de contar con estrategias de recuperación nuevas y pertinentes.
La creación de soluciones de financiación innovadoras y prácticas para los ODS no sigue una fórmula universal. Sin embargo, podemos aprovechar ejemplos fiables para generar impacto local, regional y mundial, acompañados de estrategias concretas y viables. El liderazgo mundial y los países en desarrollo deben trabajar juntos para trazar una vía hacia soluciones de financiación del desarrollo y, en última instancia, iniciativas de cambio sistémico determinadas por el contexto particular de cada país y región.
Como parte de su estrategia para 2021, Santa Lucía seguirá colaborando con los PEID y la comunidad mundial en general para aprovechar los conocimientos colectivos y las mejores prácticas, e impulsar los avances hacia el desarrollo sostenible, reavivando así el rayo de esperanza de un nuevo año y un mañana mejor.





